Lety Torres


En esto creo


Escritora y periodista, excolaboradora de Cambio


Elisa Vega Jiménez

 

Para mí, Cambio significó todo. Todo lo que sé, periodísticamente hablando, lo sé gracias a Cambio. Llegué en un buen momento, en el que periodísticamente se iniciaba una nueva etapa: Fernando Crisanto era director de noticias, Alejandro Mondragón el jefe de información; al poco tiempo llegó Mario Alberto Mejía… Tuve como compañeros a excelentes periodistas.

 

Mi proyecto de vida es algún día dejar los medios de comunicación y dedicarme a escribir narrativa. Me gusta escribir teatro, y por ahí va mi tirada. Siempre he pensado que en el ámbito literario, todo parte de las relaciones y, siendo sensatos, decidí ejercer el periodismo con doble intención: porque me gusta y lo disfruto y, porque como periodista tienes un paso adelante para convertirte en escritor de cualquier género.

 

De Fernando Crisanto admiro su entrega: es un adicto al periodismo, siempre tuvo y tiene la facilidad de ser el primero en llegar y el último en irse; de Alejandro Mondragón, la certeza de la información que publica; de Mario Alberto Mejía, su estilo periodístico, que es uno de los mejores, porque maneja bien las letras; de Arturo Rueda, su personalidad sarcástica —se necesita tener hígado para eso; y pocos lo tenemos—, de Rodolfo Ruiz, que es un buen periodista, que no necesita tener amigos para poder ser; de Enrique Núñez —quien es además de mi amigo, mi compañero de trabajo—, la facilidad que ha tenido para meterse en el gremio, pese a no pertenecer a él, de origen.


Si no quieres que se metan contigo, no te metas con la gente. A lo largo de los diez años que he ejercido el periodismo he evitado involucrarme en asuntos que no me competen, y que a la sociedad tampoco. Me refiero a los de índole personal. Claro, si el servidor público transgrede su vida personal con su vida pública, ahí sí, ¡con la pena! Pero debe haber una razón muy bien justificada.


La prensa escrita manifiesta la verdadera personalidad que tenemos los periodistas. He dedicado más tiempo a los medios electrónicos, porque la profesión así me ha planteado las oportunidades pero, no porque tenga un tipo de medio predilecto; los tres llenan huecos del periodista, en diferentes sentidos: la televisión es mucho bluff, mucho glamour, mucha imagen; en radio, todo es un poco de fantasía, la gente no te conoce y se imagina cómo eres, se hace ideas de ti por lo que puedes decir, o incluso por lo que dejas de decir.


Para mí fue muy impactante el hecho de que un pelado me dijera: “o le bajas de huevos o te carga la chingada” —así, textual y de frente— tras lograr ingresar con una cámara de video —para Telecable— al hospital de San Alejandro, uno de los edificios más afectados por el terremoto del 99. Genaro Ramírez, quien era director nacional del IMSS, no sólo intentó sobornarme, sino que tuvieron que mandarme de vacaciones un tiempo, porque me quería desaparecer de la ciudad.


Es difícil que una pareja, que no esté dentro del gremio, entienda el oficio de la periodista.


No he conocido gente más católica, que la poblana. Son personajes complicados —comparados con los norteños—: son muy tradicionales, muy cerrados; en la mayoría de los sectores en los que me he movido —que han sido casi todos— son elitistas, en todos los niveles.


Mario Vargas Llosa tiene un estilo simple: llama a las cosas por su nombre, no tiene recato a la hora de narrar algo… Así soy yo un poco. En poesía mi favorito es Jaime Sabines —me sé de memoria más de cien poemas—. Ellos dos son mis escritores de cabecera.


Puebla me ha dado todo lo que tengo: mi profesión —que es lo que más quiero—, mucho amor, amistades extraordinarias, cobijo, satisfacciones, muchas tristezas —pero, forman parte de la propia vida, donde quiera que estés—. Puebla es mi casa —mis papás son poblanos de origen— y aquí espero terminar mis días.


Que traten de comprarte, de sobornarte o de convencerte de guardar silencio, pasa todo el tiempo, es parte del propio oficio.


Los mexicanos no leemos, no por falta de cultura, sino porque lo cotidiano nos absorbe: estar al pendiente de una familia, de conservar su trabajo, de estar mejor económicamente, moralmente, emocionalmente; esas cosas a veces nos llevan a descuidar los pocos placeres que podemos disfrutar, como la lectura.


En la escritura uno deja un tinte de uno mismo, todos los personajes que tú puedas crear tienen algo tuyo, inevitablemente. Yo no conozco a alguien que no piense de esa forma.


Para poder escribir hay que saber técnicas; no nada más tener el don, cada línea que uno plasma en un papel tiene una razón de ser, el número de palabras que utilizas; eso hace que al final exista armonía en un texto. Los talleres literarios son indispensables para quien se quiera dedicar a esto.


Haber cubierto la fuente de gobierno me dio la oportunidad, como foránea, de conocer, hasta el último rincón del estado; lugares que nadie se imagina que existen.


¿Satisfacciones que me ha dejado Cambio?, muchas, ¿anécdotas?, todas, la más agradable son los amigos que llegué a hacer ahí, y los personajes con los que tuve oportunidad de trabajar y que me enseñaron absolutamente todo lo que sé periodísticamente, como Fernando Crisanto, Alejandro Mondragón y Mario Alberto Mejía.


Lo fundamental para ser periodista es tenerle amor al oficio, de otra manera no se puede, por los tiempos, por cómo te agobia, porque realmente no tienes vida personal al cien, y porque la mayoría de las ocasiones tienes que poner tu profesión ante tu propia familia.


En Cambio ahora hay plumas mucho más agresivas, más arriesgadas, mucho más liberales que las de mi época. Cambio se ha transformado, en el sentido de que ya se tocan más temas personales de personajes públicos; en la etapa que yo viví, difícilmente eso sucedía, por la línea editorial. No lo critico porque que así lo demanda el lector. Finalmente los regímenes son los que van indicando cuáles son las líneas editoriales de todos los medios de comunicación.


Deberíamos ser un poco más serios en lo que informamos, tener el gusto y el amor hacia el oficio, la sensatez para saber cuándo sí y cuándo no. A veces nuestro ego y nuestra vanidad no nos lo permiten. A veces la cotidianidad del oficio no nos permite corroborar mucha información y, a todos nos ha pasado, vernos en la necesidad de retractarnos de algún comentario que escribimos.


Los medios de comunicación en Puebla seguimos siendo muy locales pero, porque la sociedad poblana es muy local: creemos que todo lo que sucede en Puebla es exclusivo del estado, y no es cierto.

 

Veo a los medios con una limitación de libertad de expresión, que ha existido siempre; con personalidades, dentro del periodismo, que nos hemos dejado manipular por lo que la misma sociedad poblana quiere. Porque finalmente el medio de comunicación es un negocio, y lo sabemos. Habemos quienes nos dedicamos al periodismo por amor al arte, y hay quienes se dedican a él por negocio.

 

 

 

 

 

 

 

Copyright 2008 / Todos los derechos reservados para M.N Cambio /


 
 
Todos los Columnistas