Antonio Hernández y Genis


En esto creo


Director general del Conalep (48 años)


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Elisa Vega Jiménez

 

Veo a Puebla por los próximos dos sexenios, quizá tres, gobernada por priistas, entre ellos yo. Aunque parezca absurdo, estoy convencido que un día voy a gobernar este estado, y una de mis convicciones es entender plenamente lo que la gente piensa. La mayoría de las personas de este país leen el Libro Vaquero, entonces es mi obligación estar en sintonía intelectual con quienes algún día voy a gobernar. Por eso leo de todo, desde novelas, filosofía, periódicos. Bueno, hasta el Hola!


Mi papá fue dirigente sindical, seis veces diputado federal y líder nacional de la CROM. Desde que tengo uso de razón, siempre me he visto inmiscuido en mítines, cierres y aperturas de campañas políticas, asambleas sindicales… Para mí es algo natural. No recuerdo que desde mi infancia hubiera visto otra cosa.

 


Estoy a punto de terminar una novela que se llamará Sí, señor gobernador. Mitos y realidades de la clase política poblana, que pretende ser, distancia guardada, claro, del tipo de las novelas de Luis Spota, de ficción política. El personaje central es un gobernador del estado, que todavía no decido cómo llamar. Va a ser un solo personaje, al que le voy a atribuir todas las anécdotas que conozco, desde Maximino Ávila Camacho hasta Mario Marín.


Ejercer el poder es, después de las mujeres, lo más encantador que hay en el mundo.
Si perteneciera al circulo más cercano a Mario Marín ¡ya me verías!… pero te aseguro que formaré parte de la burbuja del próximo gobernador del estado. En este sexenio no, pero el próximo sí. Voy a ser “burbujo”, lo garantizo.


Yo no soy amigo de cualquier pendejo. Decía mi papá “hay que alejarse de los pendejos porque eso se pega” —y yo creo que también lo puto, por eso no me llevo con “La Pantera Rosa”—. Tengo pocos amigos, pero todos chingones. Y una de mis grandes tragedias es que se llevan poco entre ellos, y no puedo reunirlos a todos, porque acabarían partiéndose la madre. Algunos de mis buenos amigos, de esos chingones que digo, son periodistas.


Escribí mi primer libro: La historia de Puebla a través de sus personajes por vanidad intelectual, la neta. Tengo las herramientas, el método, los conocimientos, la investigación: habría que ser un güey para no escribir un libro. Se trata de un florilegio de biografías de poblanos ilustres, y algunos que no fueron ni poblanos y tampoco ilustres pero que dejaron su huella en el devenir histórico del estado.


El PRI poblano tiene un abanico de posibilidades para las próximas elecciones que ningún otro estado en el país. Quién puede negar el peso político de Javier López Zavala, la enorme influencia de Jorge Estefan, el arraigo y la popularidad de Enrique Doger, la fuerza política de Mario Montero o la trascendencia política que en el ámbito de la cámara tiene Alberto Amador Leal.


Conmigo todo mundo sabe a qué atenerse, si me caen bien ya saben que son mis cuadernos, de doble raya, si no, ya saben que soy capaz de cualquier cosa, la que se te pueda ocurrir.


Gran parte del saber ejercer el poder consiste en saber escuchar. Es lo que más hago: me doy un baño de humildad —humildad fingida— y escucho mucho. A mí no se me da la humildad, pero finjo ser humilde. No soy hipócrita, soy cabrón, que no es lo mismo, si acaso, seré cínico: excesivamente cínico.


¡Dios me libre de ser abogado!, yo sí estudié. ¿A poco tengo cara de gente indecente? Estudié Relaciones Internacionales y tengo una maestría en Historia.


Mi ambición es llegar al poder, ¡ojalá estuviera en el poder! Estoy convencido que nací para ejercerlo, ¿cuándo?, no sé.


Enseño a mis hijos que deben ser leales, congruentes consigo mismos, pienso que lo demás viene por añadidura.


Ser americanista o panista debe ser de la chingada. Yo soy un priista congénito, seguramente si hubiera nacido en el seno de una familia panista sería panista —toco madera, ¡imagínate qué desprestigio!—.


Mi mayor debilidad son las mujeres y la política. No me concibo sin ella y sin ellas.


Voy a demostrar que como se ronca, se duerme. Tengo el reto de pacificar el Conalep, de dar resultados y más me vale hacerlo cuanto antes o la opinión pública va a decir “Hernández y Genis es un pendejo” y ¡qué pena!


Antes que otra cosa creo en mí mismo, y con eso me basta. Soy un tipo religioso pero con sus “asegunes”.


Lo más valioso que los seres humanos podemos ofrecer es la lealtad. Decía mi padre que a los hombres se les mide por su lealtad y tenía razón.


Para ser feliz no se necesita mucho: tranquilidad espiritual, salud y estar bien con la gente que tienes cerca, lo demás viene solo.


No practico ningún deporte, soy sedentario a Dios gracias. Soy gente decente, no soy ni abogado ni deportista.


Me preocupo enormemente por llenar mis vacíos culturales, si eso es una virtud, yo la tengo. En su contraparte, soy perfeccionista y eso a veces me somete a una presión de vida insoportable.


La parte desagradable de mi chamba es que dedico poco tiempo a mi familia, pero tiene sus compensaciones. No me concibo sin el servicio público, por eso digo que es mi debilidad.


Tengo un especial gusto por los autores latinoamericanos: Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, principalmente Jaime Sabines. “Uno de sus más bellos poemas dice: hay que buscar mujer joven para la cama, porque la juventud sólo se transmite por contagio”. Y es cierto.

 

 

 

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