Marcia Maritza Bullen


En esto creo


Ombudskvina de la CDH, 53 años


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Elisa Vega Jiménez

 

Yo siempre dije que iba a ser defensora, no defensora de qué, pero yo iba a ser defensora. Eso fue lo que me movió a estudiar derecho. Si volviera a nacer, volvería a estudiar derecho, porque el derecho es mi pasión, mi vida.


No me gusta que me vinculen con Mario Montero, no por la vinculación misma, sino porque es una limitación. Recuerdo haber saludado a Montero en algún evento, pero no tengo ninguna comunicación con él ni con el gobernador. Ellos estudiaron un año después que yo, pero cada quién tenía su grupo y actividades personales. Ellos siempre se inclinaron por la actividad política y yo por el ámbito académico, que son funciones diferentes. No tengo ninguna vinculación y eso me ha permitido desarrollarme como hasta este momento, con libertad y con la autonomía que exige esta institución.


Me tuve que venir a México. Yo tenía interés de irme a estudiar a otro país, pero mi papá dijo “no”, si quieres estudiar, te vas con tu hermano mayor, quien venía becado a México a hacer la especialidad de cirujano pediatra. Así fue el destino. Cosa que me agradó muchísimo porque desde pequeña tuve la inquietud de conocer México: las películas que llegaban a mi país eran mexicanas. Mi madre, a quien le gustaba leer mucho, me refería con un gran orgullo a Benito Juárez; para ella era parte de la historia panameña. Entonces yo tenía mucha referencia de la historia de México.


Soy la primera ombudsman en Puebla, y eso significa un verdadero compromiso, un reto. Tengo que trabajar muy duro, con mucha voluntad, mucha seguridad y compromiso para que esta condición de equidad se siga dando; para que, ojalá, cuando yo concluya este periodo, me suceda una mujer.


Este país me ha dado muchas cosas. Aquí encontré parte de mi felicidad: mi esposo, mi hija —la otra parte es mi familia, en Panamá— me formé profesionalmente. Tengo 34 años de vivir en Puebla, por lo que me siento mexicana. En el 85 me casé y tramité mi ciudadanía mexicana.


Tenía todo planeado para irme a mi tierra, a ver a mi madre, pero no pude porque el 28 de julio asumí el cargo en la CDH. En 34 años no he perdido contacto con mi familia, cada ocho días hablo con mi madre, con mis hermanos… Sin embargo, siento el deseo de abrazarlos. Cuando me dieron este puesto sentí bonito, mucha efervescencia, pero en lo único que pensaba era “¿dónde está mi mamá?, ¿dónde está mi familia? para compartir todo esto”. Sin embargo, lo hermoso de México es que te abre las puertas: tengo grandes amigos y una gran familia aquí.


La curiosidad de mis compañeros (en la escuela de derecho de la BUAP) fue dándome mucha apertura: yo era una persona con rasgos muy diferentes; en el 74 éramos muy pocos extranjeros en la universidad.


Vivimos en una sociedad que siempre considera tener el derecho y no reconoce el derecho del otro: ahí es donde tenemos que ser muy cuidadosos de lo que hacemos, estar muy apegados a lo que dice la normatividad, a lo que dice nuestra sociedad en la exigencia de un reclamo.


Quien quiera ostentar el cargo de ombudsman debe tener sensibilidad, humanismo, entrega y convicción, que realmente crea en lo que está haciendo, y que comprenda que esta labor es de mucha sensibilidad, de mucho cuidado.


El temor es una motivación para prepararme día a día y enfrentar los retos de la vida. Yo tengo un gran temor, y es no responder al reto de la CDH, sin embargo lucho y busco la superación.


Tal vez porque en mi país hay un cerrito al que se le llama volcán, me encanta salir y ver la majestuosidad de los volcanes. En mi tiempo libre, que ahora es poco, trato de estar con mi familia. Disfruto mucho salir a mi pequeño jardín, caminar descalza sobre el pasto y cortar las plantas o sembrar.


Benito Juárez es uno de mis grandes personajes, José María Morelos, Miguel Hidalgo y, hay uno que me encanta: su historia, sus travesuras: el querido Pancho Villa, y me encanta porque… después te digo (risas). Son personajes que a mí me apasionan. México le ha dado mucho a América Latina.


Mi debilidad es comer a toda hora: chiles en nogada y chocolates; a veces cuido mucho la dieta.


Es muy cierto que aplicar la ley no es sinónimo de justicia; muchas veces tenemos que aplicar algo que uno dice, “híjole, como que la otra parte también tiene ese derecho” pero tenemos que evitar caer en situaciones de parcialidad y ser muy objetivos. Es difícil, pero para que no se soslaye el derecho, las leyes son generales, abstractas e impersonales.


La humildad, que no es sinónimo de sumisión, es el valor más grande que puede tener un ser humano, e implica reconocer nuestras capacidades pero también nuestras fallas y poder decir perdón. Yo retomo ese principio como parte de mi vida, porque la humildad representa la grandeza del ser humano.


Me gustan las novelas sentimentales, pasionales, de amor, con finales bonitos. Mi favorita es El amor en tinieblas, novelas muy clásicas; también me gusta mucho El principito: te lleva a la reflexión de lo que es la vida, y los valores, que no necesariamente las cosas materiales tienen una gran relevancia, y libros de historia como El derecho de los aztecas. Mi autor de cabecera es Paulo Coelho, Once minutos es impresionante.


Tengo un trabajo difícil pero no imposible. Y si yo y mi equipo, nos apegamos a la norma y a la sensibilidad que implica este trabajo, saldremos adelante. El camino ya se inició hace quince años y hay que avanzar, hay que hacer reestructuraciones, reforzar y crear programas, tener gente fresca, que inspire.


Amo y soy sensible, pero hablo de una sensibilidad con firmeza. Soy muy abierta, recibo amor y sé darlo.

 

 

 

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