Lucero Saldaña


En esto creo


Presidenta de la Fundación Colosio Puebla


Elisa Vega Jiménez

 

 

El PRI está en el momento de, no solamente recuperar posiciones el Congreso y la propia presidencia sino de, poder ser fuerza y de asumir liderazgos.

 

Veo en la Fundación Colosio un espacio para construir, en la pluralidad, política pública, programas y plataformas. Para mí significa la memoria pero, no sólo para hojear el pasado, sino para saber hacia dónde vamos, en qué nos equivocamos, dónde torcimos o dónde estamos y necesariamente hacer esos cambios. La veo como la parte intelectual del partido. Y significa, lógico, el liderazgo latente de un personaje que fue ejemplo. Entonces yo siento el compromiso de ese legado.

 

A dos años y meses de que dejé de ser senadora no solamente me siguen dando ese título, sino que siento un reconocimiento de un liderazgo auténtico: “Oye, Lucero ¿qué opinas de esto?, ¿cómo voto?, ¿qué me aconsejas?, ¿en quién confío sobre este caso?”. Entonces estoy saboreando cierta cosecha, al sentir el reconocimiento, más que de mis propios compañeros de partido de la sociedad en general.

 

Me siento complacida de haber abierto oportunidades a muchas mujeres que han ocupado y que están ocupando cargos ahora: Blanca Alcalá, que fue mi asistente, América Soto, Claudia Hernández, que estuvo conmigo en el Instituto de la Mujer, Bárbara Ganime… por mencionar algunas.

 

Toda decisión afecta y toca intereses: necesariamente a alguien le va a disgustar algún cambio. Como diputada muchas veces sabes pero, no tienes todavía la autoridad para que tus argumentos pesen —y no solamente el voto de tu partido—, por eso mi fórmula siempre fue preguntarme: “¿cuál es el que ofrece un bien mayor?”, el que no atropella tanto y votar por él.

 

A los políticos nos rebasa a veces pensar: “Bueno, ¿quién me puso?, ¿a qué grupo pertenezco?; y no tener la argumentación suficiente para sostener que a pesar de eso hay algo más importante que el interés personal y de grupo; que es el interés de la nación. Y de eso ya se derivan cosas como compadrazgos, corruptelas, etcétera. Si tú sintieras que de tu desempeño depende que te reelijan y, que es la sociedad y no la estructura o grupo, entonces estarías más pendiente de tu desempeño hacia ésta.

 

Efectivamente levanté la mano para la presidencia; siempre he estado atenta a las oportunidades. Y no pensaban en lanzar a una mujer: “No, Lucero, depende de quién ponga el PAN (…) si pusieran a Anatere, entonces a lo mejor pensaríamos en ti”, y yo resolví “¿cómo no pensar de vanguardia, por qué esperar a lo que ellos pongan para poner algo similar?” Al final sí decidieron por una mujer, pero por otra: Blanquita.

 

No estoy arrepentida de haber actuado como lo hice en el caso Lydia Cacho, al contrario. Advertí, mandé tarjetas al gobernador, señalé: “oigan, esto es un asunto delicado, hay estos vínculos, significa derechos humanos, pederastia, periodistas”. Quise evitar que los errores en tomas de decisiones tuvieran consecuencias mayores: alerté y luego, fui congruente. Lydia es mujer, defensora de Derechos Humanos, va a venir a cualquier declaración, la van a meter a la cárcel. Mi meta era que no llegara a la prisión, que no se quedara, y se dio porque Dios quiso. Muchos cuando tienen la oportunidad de ayudar se vuelven apáticos: “ahí se ven, esto no es mi asunto”. Yo actué de acuerdo a lo que creo, pero los medios, lógico, dijeron: “¡ah! estuvo a favor de Lydia, entonces estuvo en contra del gobernador”, y tampoco era así, en ese momento yo no sabía de las grabaciones, ni nada.

 

Aspiraría a continuar en espacios de oportunidad: siento que es una liga para estar en las campañas, porque si no estás, no te ven, y no te consideran por más que brinques y hagas.

 

Como una política profesional, institucional, respeto la autoridad, la investidura; no califico y no juzgo (porque no me corresponde), simplemente creo en que las cosas deben ser transparentes y que cuando se cometen errores, porque todos los cometemos, hay que solucionarlos. Y siempre mis sugerencias serán: disculpas públicas, algo que restablezca la relación con la sociedad.

 

En el tema de la participación de las mujeres sigue habiendo manipulación. En el último parlamento de mujeres, donde yo propuse un código de civilidad política para buscar coincidencias y sumas, hubo traiciones en el momento del cierre. Me dio tristeza darme cuenta que las mujeres son utilizadas para mantenerse en posiciones de extrema, para confrontarse y no avanzar por esa causa. Porque lejos de buscar una responsabilidad en el momento histórico, actúan como títeres: “yo vengo a esto, yo a esto voy y no me interesa razonar las consecuencias”.

 

Admiro de Dulce María Sauri la cualidad de ser talentosa y humana. Es una mujer congruente, lista, activa, defensora, detallista con sus amistades, y que esté en la posición que esté, sigue siendo Dulce María Sauri; no te cierra las llamadas o la puerta. También la firmeza en convicciones de don Manuel Bartlett —el “don” se lo gana con opositores y propios—, él te habla de frente, te lo sostiene y cumple con lo dicho.

 

Soy constante: lo que empiezo lo acabo. Sigo casada, hago caminatas desde hace 28 años… Cuando digo “esto es bueno”, lo sigo.

 

Me apasiona el poder contribuir en el desarrollo de otras personas, enseñar desde una cátedra hasta con el ejemplo de algo. Sí me dicen: “Oye, ¿das una plática?”, le entro, me compenetro, estudio, leo, veo. También disfruto la música, la lectura, de una buena charla…

 

El feminismo es simplemente reconocer que no ha habido un trato equitativo y que necesitamos construir la igualdad porque la diferencia está dada física y biológicamente. Ha habido una historia, una condición: de que ningún país trata igual a las mujeres, estadísticas en todos los rubros y ramas. Eso es lo que estudio, veo, y lo que vivo también. Entonces, es lograr una igualdad de oportunidades y de derechos.

 

La política es poder: poder de transformar, poder llevar tus ideas al terreno de la práctica. Es una vía para llevar temas, leyes, que hoy están generando política pública. Hoy puedo decir que la línea 075, que creé en el Instituto (Poblano de la Mujer), ha evitado suicidios, abusos… entonces es algo positivo visto en la realidad.

 

Varias veces me han dicho: “Oye, Lucero, has sido muy suertuda; yo estoy segura de que las cosas no nos suceden al azar y de que existe un ser superior al que debemos reconocer. Quizá alguien diga: “nació con estrella”, con ese pre destino pero, no creo que sea suerte.

 

De mi padre aprendí un alto sentido de la responsabilidad: él no faltaba al trabajo, nunca, así estuviera muriendo de gripe, que los padres son seres humanos con defectos y calidades pero que siempre están cerca, y que eso te forma, te da seguridad, confianza. De mi madre recibí todo el apoyo para seguir estudiando, esa motivación, ese motor, esa fe en uno. Tengo mucho que agradecerles.

 

A veces quiero ser perfecta y me exijo mucho, ese podría ser mi principal defecto. Aunque hay quienes dicen que el perfeccionismo no es sino aceptar que fallas y aceptarte con ello.

 

Muchas mujeres en estas posiciones no se ven ellas como prioridad, la prioridad es el trabajo, los hijos, el marido y al último ellas mismas, pero si no están bien, si no ven por sus espacios, su crecimiento, su salud, ¿cómo van a estar bien en los demás ámbitos? Porque sigue habiendo una doble y triple jornada que todavía asumimos las mujeres.

 

Hay momentos en, los que efectivamente, los hijos te reclaman: “mamá, ya no trabajes”, entonces es cuando empiezas a titubear, pero también pasan como etapas en que te reconocen “¿por qué las mamás de mis amigas no trabajan?”, que es otra manera de ver las familias. Entonces tenemos que romper con esquemas, estructuras, mentalidades y a la larga abonarle más a la calidad que la cantidad en tiempo.

 

El poder, en verbo, es ejercer la toma de decisiones. El proceso durante el que vas adquiriendo conocimiento, habilidades, destrezas para auto determinarte y para tener una identidad propia. Nadie te asigna el poder, tú misma lo puedes desarrollar.

 

Hoy no podría concebir mi vida sin la política. Aunque al principio no fue una búsqueda, como muchas priistas a nivel nacional, el haber sido una buena estudiante y trabajar en el gobierno como funcionaria dio pie a que me hicieran una invitación de dirigir la agrupación femenil del PRI, y de repente ya estaba en la política. Se fue dando.

 

Elegí al PRI porque no había más opciones. Empecé en esa época donde la línea de gobierno y partido casi no se veía; y elegí gobierno porque quería terminar pronto mi servicio social, pero al hacer mi servicio social me contrataron. Así se va dando.

 

Me gusta tanto leer ficción como el ensayo. Me atraen mucho los temas de valores, de principios, que te ayuden a razonar, a comprender. Me gusta buscar respuestas, puedo decir que he releído la Biblia más de cinco veces, toda, tratando de descubrir dónde empezó esto de las mujeres, si fue de la divinidad o fueron las civilizaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Copyright 2008 / Todos los derechos reservados para M.N Cambio /


 
 
Todos los Columnistas