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Carlos Veana
En esto creo
Empresario, precandidato a la diputación por el Panal, 36 años
Elisa Vega Jiménez
Soy una persona muy perseverante, trazo mis objetivos muy claros y busco llegar a ellos siempre.
No quisiera arrancar una campaña política con un historial y debiéndole favores a mucha gente. Nueva Alianza es un partido joven que no trae los viejos vicios que traen otros partidos: no tiene tantos compromisos y, aunque es un partido joven, tiene bastante fuerza, muchos agremiados y una base muy fuerte. Haberme ido por el PRI habría sido haberme ido por un partido que está tomado por ciertas personas que traen muchos compromisos políticos.
En política admiro la forma de trabajar de Rafael Moreno Valle: es muy tenaz, muy dedicado, tiene una memoria excepcional y una energía impresionante; a Fernando Manzanilla, de quien aprendí mucho. A Jorge Kahwagi: deportista, persona culta, de negocios y una persona que ha sabido llevar su vida por un buen camino. La memoria de Melquiades Morales: en muchas giras por municipios perdidos en la nada, recuerdo que llamaba a la gente por su nombre y apellido, es increíble.
Si tuviera que temerle a algo, sería al fracaso: a fracasarle a un amigo, con la novia, en mi empleo, a quedarle mal a la gente, a decepcionar a alguien. No le temo a la muerte, la vida es sólo una etapa.
Si no consiguiera la candidatura, o la diputación, continuaría en mi empresa dando consultorías, al Gobierno y a la iniciativa privada. Me gusta la administración pública, y si se diera una oportunidad, yo regresaría. Siempre he dicho que la administración pública es como una droga, una vez que la pruebas difícilmente la puedes dejar. Me gusta mucho ayudar a la gente, y desde un puesto federal o estatal puedes hacerlo.
Soy alguien que ve las necesidades de un ciudadano como otro ciudadano: y al igual que cualquiera, salgo todos los días a la calle y estoy expuesto a que me asalten, a caer en un bache, vengo todos los días a buscarme el pan, todos los días tengo que pagar impuestos, por eso el eslogan de mi campaña es “Alguien como tú”.
Soy bastante necio, en el sentido de que si no me das una razón lógica, o que pueda yo entender, insisto en lo mismo.
Mi papá ayudó a la familia a levantarse —mi familia es comerciante: cristaleros—. En un momento de la vida, mi abuelo tuvo algo de dinero pero por malas inversiones y una mala administración quedó prácticamente en la pobreza, y mi papá, a pesar de que no era el hijo mayor, se hizo cargo, ayudó a pagarle la escuela a mis tíos… por eso lo admiro mucho. Es una persona íntegra, trabajadora y que nunca ha faltado a su casa.
Felicidad es estar bien con quien estés y donde estés, en todo momento que estés viviendo.
He practicado todo tipo de deporte extremo: moto cross, moto de pista, paracaidismo, ala delta, go carts, boxeo… Voy tomando un deporte por temporada, ahorita llevo dos años jugando golf, y estoy apasionadísimo, aunque muchos dicen que es un deporte de viejitos, o que ni es deporte —aunque de entrada son siete kilómetros caminando—.
En la medida que tú puedas abrirte y confiar en la gente, en esa misma medida, vas a tener mejores resultados, con amigos, negocios, en lo que quieras aplicarlo: si sumas gente te va a ir mejor.
Las lecturas que más me atraen son las de superación personal, libros como los de Paulo Coelho, porque además creo que si haces el bien te va a ir bien, y Coelho habla mucho sobre eso. Ramtha propone una metodología de vida muy interesante, que va sobre lo mismo: superación personal. Obviamente leo noticias, porque me gusta enterarme de lo que sucede, me gusta aprender cada vez algo nuevo.
Me considero una persona exitosa desde muchos puntos de vista: tengo una familia unida, unos padres que llevan 38 años de casados, dos sobrinos que adoro; tengo una gran familia, para mí todo eso es un éxito, aunque no sea personal. En cuanto a trabajo, Dios siempre me ha bendecido: se me han presentado las oportunidades fáciles, en cierta forma, porque hacer el bien genera bien. Soy exitoso porque tengo miles de amigos.
Mi mayor cualidad es la bondad, perdono muy fácil y no soy rencoroso. Si alguien me agrede, no respondo con la misma agresión; si cometí un error, ofrezco disculpas y no doy pie a discusiones.
Algunos me dicen que ya me quedé para vestir santos, porque tengo treinta y seis años y soy soltero. Pero que me he dedicado mucho al trabajo; además pienso que el matrimonio debe ser uno, y por eso me he ido despacio en ese tema. Me veo en un futuro con una familia, bien casado, con uno o dos hijos, y como una persona exitosa en el ámbito que me proponga: ya sea en el empresarial o el político.
Me gustan los retos: cuando todo mundo dice no vas a lograrlo, me gusta dar lo mejor de mí y decir sí pude.
De chavo fui muy amiguero, muy relajiento y anduve de un colegio a otro. Nunca me he dejado, no soy de los que les dicen: “Haz esto, y hazlo porque yo quiero”, soy mucho de razones: “bueno explícame ¿por qué?”, entonces tuve muchos problemas con algunos profesores. Un día, llegando a un restaurante de la entrada a nuestra mesa me la pasé saludando gente, y mi papá que venía tras de mí, se atacó de risa “te conoce todo Puebla”, y le respondí: “tu dinero te ha costado; tantos colegios a los que me mandaste”.
El golf se me ha vuelto un reto: es un deporte extremadamente difícil de controlar y requiere mucha concentración. En el golf todo está en la mente. Puedes saber la teoría, el modo de agarrar bastón, cómo pegar, cómo hacer un swing, y puedes haber practicado mil veces —porque el golpe es el mismo con todos los bastones— pero, sucede que llegas al campo, tiras un score y resulta malísimo.
He sido servidor público la mayor parte de mi vida, tengo con esta consultoría —Sena Consultores— alrededor de tres años.
Me considero una persona muy desprendida del dinero; aunque tampoco me llueve, digo, tengo que salir, como toda la gente, a buscarlo diariamente. Desafortunadamente vivimos en un mundo materialista, que se mueve a través de él, y es una forma de alcanzar ciertos bienes y satisfacer ciertas necesidades.
Lo que haces bien en esta vida te va a repercutir. En casa aprendí a siempre llevar la frente en alto, a tener un criterio para definir qué es bueno y qué no es bueno, a ser honesto, a que si alguien se equivoca y me da cambio de más, devolvérselo, por mencionar sólo algunas cosas.
Ser amigo no siempre es complacer a una persona: no siempre se puede, pero yo por un amigo doy todo y sé que mis amigos siempre están cuando los necesito; es un vaivén: das y recibes. La amistad no tiene valor, es incuantificable.
Siempre trato de ayudar a la gente, en la medida de mis posibilidades; quienes me conocen lo saben.
Desde secundaria fui muy crítico del gobierno. Le preguntaba a mi papá: “bueno, y ¿por qué pagas impuestos?”, “No, pues es para que arreglen las calles, para que tengamos alumbrado público…”, y yo le respondía: “Pero el foco de la calle está fundido desde hace seis meses, ¿dónde está tu dinero?, por qué no agarran y arreglan ese foco”. Ya al entrar a la universidad empecé a entender cómo funcionaba una economía, un país, y fue como me empecé a involucrar más con el servicio público, me di cuenta que me gustaba e hice mi servicio social en la Secretaría de Hacienda en México, donde me quedé a trabajar.
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