Arturo Hernández Davy


En esto creo


Director del Sistema DIF Estatal, 36 años


Elisa Vega Jiménez

 

 

Mario Marín es alguien que me ha marcado mucho en el aspecto político: él ha sido quien me ha invitado a participar —desde que estuvo en el Ayuntamiento—, quien me ha enseñado a trabajar en esto, cómo hacer las cosas bien, porque yo vengo de la Iniciativa Privada. Cuando debo tomar una decisión que está lejos de mi alcance, lo primero que hago es consultarle, y no me cuesta admitirlo.

 

Espiritualmente me ha confortado muchísimo trabajar en el DIF. Hay en nuestro estado —que es muy grande— mucha hambre, frío, mucho desaliento, entonces, llevar una silla de ruedas, un aparato ortopédico o un programa del DIF es generar vida; esperanza, ganas de seguir adelante. También he aprendido a conocer mi Estado y me he enamorado de él más cada día.

 

El secreto del éxito es verlo siempre lejos. Cuando crees que ya lo obtuviste, te sientes encumbrado, o crees que te realizaste, en realidad es que estás empezando a fracasar. El éxito siempre está lejos.

 

Es muy fácil actuar, con ética tienes una formación muy bien cimentada, cuando sabes bien qué es lo que quieres, cuando tienes muy clara tu perspectiva de vida, del cariño, de la amistad, de la honestidad, de la rectitud no hay por qué lucrar con los programas, con la gente.

 

Los funcionarios públicos son muy mentirosos, eso criticaría de la generalidad. A mí me gusta hablar con la verdad, decir: “esto puedo hacer por ti, o esto no lo puedo hacer pero, puedes resolverlo en aquella puerta”. No me gusta que nos ubiquen a los funcionarios públicos como unos perfectos mentirosos —ligado a la imagen del político; que es mentiroso por naturaleza— pero tenemos que trabajar para quitar ese mito. Pero si decimos: “te veo mañana a las tres, sin falta”, y nunca llegamos…

 

Sé aceptar la crítica, mientras sea constructiva. Hay gente que disfraza una ofensa con la crítica, y ahí sí, no me dejo, pero si es constructiva, sí permito que me ayuden.

 

Riqueza no significa que te sobren las cosas, sino que no te falta nada; mi abuelo materno decía que una persona llega a ser feliz cuando alcanza la riqueza espiritual. Entonces, cuando llegas a ese punto de equilibrio, entre tus emociones, necesidades y deseos, sí encuentras la felicidad.

 

Yo soy poblano, le voy al Puebla; quiero mucho a mi Estado y mi región.

 

No aspiro políticamente a nada. A mí me gusta ayudar, y eso se puede hacer con un cargo o sin él. Se acerca la sucesión, vienen diferentes calendarios electorales, y no sé qué estaré haciendo pero, sí puedo decir que, seguiré ayudando. Si el próximo gobernador, sea quien sea, me invitara a trabajar, lo valoraría: el estar acá es muy confortante pero, también sacrifico mucho mi familia, mis espacios, mis amigos. Me gustaría crear una fundación, de hecho ya creamos una que se llama “Mano Amiga” —independiente del DIF, es un proyecto personal junto con la familia Ventosa y otros amigos— a través de la cual estamos ayudando a niños de escasos recursos. Ahí me ubicaría. Y tal vez regresaría a mis propios negocios.

 

Uno de los elementos para ser feliz es ser buen amigo, y tener, ya no muchos, sino uno fiel. Cuando me entrego como amigo soy incondicional.

 

Mi reto es alcanzar las metas que el gobernador nos ha impuesto, al igual que la señora Margarita. Hacer llegar todos los programas alimenticios en tiempo y forma, estar alejados de las votaciones; no podemos permitir que se lucre políticamente a favor de un actor de un partido —del que sea— con las despensas, con los programas del DIF, ese es un reto. Abrir más estancias de día para los abuelitos, más Unidades Básicas de Rehabilitación, que las madres solteras que se capacitan en el Cecam obtengan un empleo. En concreto, que crezca más el DIF.

 

Soy honesto: leo poco. Me gusta leer revistas de coches, deportivas, y enterarme de lo que sucede.

 

Yo les enseño a mis hijos que deben ser compartidos, a ser muy unidos. No me gustaría que cuando yo tenga, como todos, que seguir el paso natural de la vida, mis hijos estén separados o peleados, le enseño que deben hablar con la verdad, y defenderla, también que deben ser desprendidos: que lo que haya que dar lo den, porque para obtener las cosas materiales Dios ayuda, y tu inteligencia también.

 

Soy muy enojón, muy temperamental y también muy intenso, no hay algo que no disfrute con intensidad; comer un hot dog, salir con alguien, ir al fútbol o al cine con mi esposa.

 

No solamente en la función pública hay amigos falsos, también los hay afuera, en la vida normal hay amigos por interés.

 

Fue tal el impacto que me causó ver de cerca a Juan Pablo II, que me oriné. Cuando vino a Puebla, mi papá nos llevó —yo estaba muy chavito— y me tocó verlo muy cerca, él volteó, lo vi a los ojos, y de ahí a la fecha seguí su vida, estuve muy pendiente de sus giras. Fue alguien que en mí dejó una profunda huella, por eso lo admiro.

 

Los coches que más me gustan son los Maserati, son un sueño guajiro, tengo uno a escala en la cabecera de mi recámara.

 

Vengo de una familia de comerciantes. Mi papá es médico, mi hermano es médico, tenemos un hospital particular, laboratorios de análisis clínicos, rayos x, ultrasonido, una fábrica textil en Santa Ana Chiautempan, y en algún tiempo mi papá se dedicó a los negocios inmobiliarios, y yo siempre trabajé con él, desde chavito. Mis papás se divorciaron, y mis cuatro hermanos nos quedamos con mi papá, él fue quien nos acabó de criar.

 

Estoy casado, tengo dos hijos; una niña de nueve años, un varón de seis. Ellos son para mí lo máximo.

 

Recolectaba ropa, con unos amigos de la prepa, y me iba los sábados o los domingos muy temprano a los cinturones de miseria, como las zonas de Los Ángeles, Barranca Honda, El Capulín, Loma Bonita Caleras, para entregársela a los niños, a los abuelitos.

 

Juego fútbol los sábados y los domingos, corro y nado.

 

Yo nací en el barrio de Santa María y recuerdo que mis papás, antes de separarse compraban fruta, verdura, y mucha gente humilde se acercaba y nosotros les dábamos esos apoyos.

 

Temo a no ser comprendido, y a que no me crean.

 

En el mundo se han dejado a un lado los principios, los valores y todo se ha centrado en lo económico; en lo material. Y es momento para trabajar más en temas espirituales, de la mente, del corazón. Sí hay crisis, y no de apenas, la ha habido siempre pero, no debemos permitir que esa crisis nos llegue al corazón, ni a la mente; la crisis está en el dinero, en lo material. Cuando vemos las cosas así, caminamos, salimos adelante.

 

Para mí Mario Marín es una persona muy seria, muy respetable y que me ha dado la oportunidad de ser su amigo, y también de trabajar junto a él. Cuando decidió buscar la alcaldía de Puebla, mis amigos: Pepe Hanan, Julián Ventosa, Rafa Cañedo, lo ayudamos con eventos, con apoyos, con playeras, y nos hicimos grandes amigos.

 

 

 

 

 

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