Marcela Jiménez


En esto creo


Titular de Sonríe Puebla


Elisa Vega Jiménez

 

 

La verdad es que el PRI no ha cambiado. Han cambiado muchos de sus priistas pero no la institución política. Estamos entre ese PRI viejo, resistente al cambio, el PRI que sabe que debemos cambiar, y quiere hacerlo, y el PRI que exige un cambio. Pero todavía no ha logrado brincar de lo que era y a lo que muchos esperamos que sea.

 

Aún cuando no sea legisladora voy a seguir impulsando la unificación de las leyes en materia de protección a infantes —porque lo que en un estado es un delito, en otros no lo es—. El cargo no me impedirá luchar para se hagan ciertas cosas que me parecen importantes y que ayudarían al desarrollo de este país.

 

La política es una herramienta que te permite trabajar por el desarrollo de tu estado, tu municipio, tu país, tener el poder te ayuda a alcanzar esas metas.

 

No toda la culpa es de los políticos. La gente se imagina que salen de algún lugar remoto y que ya traen lo corrupto, la verdad es que los políticos son como cualquiera: hijos y padres de familia, que tienen abuelitos que les inculcaron valores. Entonces, nuestra sociedad es corrupta y nuestros políticos también porque provienen de ella. De igual forma hay políticos sumamente honestos pero, los que más escándalo hacen son los primeros.

 

Los partidos políticos hoy día están más preocupados por desacreditarse entre ellos que por hacer propuestas sensibles que beneficien a la gente.

 

Admiro a Manlio Fabio Beltrones, Manuel Bartett, Cuauhtémoc Cárdenas, y a muchos políticos que tuvieron, y tienen aún, una auténtica visión de Estado, que saben cómo gobernar, que priorizan el sentido de hacer acuerdos, que ponen al país por encima de intereses personales. Ese es el tipo de político al que yo admiro y al que esperaría algún día ver en todos los cargos de gobierno del país.

 

Veo al PRI viejo reflejado en otros partidos, que aparentemente tenían más valores y eran más democráticos pero que van hacia atrás y están aplicando las mismas viejas prácticas del dedazo, la antidemocracia, la corrupción, la falta de transparencia… Como sea, en el PRI vamos hacia adelante, porque hay una exigencia de cambio.

 

Hoy día la política se ha banalizado demasiado; cada vez llegan al poder menos políticos y más burócratas, más gente abusiva del cargo que tiene. Si como mexicanos luchamos para que los candidatos que se nos presenten, de todos los partidos, y cubran ciertos perfiles le va a ir mejor a México.

 

Siempre dije que yo quería ser maestra, de hecho estudié la preparatoria pedagógica con ese objetivo. Sin embargo, cuando empecé a darle clases de español y matemáticas a niñitos de la calle, con los Misioneros Laicos de la Educación, me di cuenta que no ayudas tanto como quisieras y que debía buscar la manera para ayudar más en grande, por eso decidí estudiar Relaciones Internacionales. Y la propia vida me llevó por este camino de la política.

 

Mientras no haya ejemplaridad en la vida privada y pública del político, éste no pasará de ser mentiroso e hipócrita. Por falta de ejemplaridad la gente ha perdido confianza en la política, en los políticos y en las instituciones, que al final son garantes de la democracia en el país.

 

Hoy veo a Sonríe Puebla como una herramienta para trabajar por la gente. Pero finalmente ocupe el cargo que se te ocurra, ese es mi compromiso, y vamos a seguir trabajando por ello.

 

Como familias hemos priorizado lo material por sobre los valores, en el ánimo de darle a nuestros hijos todo lo que no tuvimos y de compensar el poco tiempo que les dedicamos, sin embargo, los estamos haciendo más vulnerables. Los chicos de hoy día son incapaces de decir no a nada, viven el hoy. El mañana no les importa. Eso es grave, porque qué futuro de país nos depara con una juventud o una niñez mal preparada, mal nutrida, sin valores.

 

La sociedad debiera meterse más, ser mucho más exigente, más participativa. Ahora vamos a ver en esta elección 2009 qué tanto abstencionismo hay de nuestra apática sociedad.

 

Soy cuasi madre soltera —nunca he vivido con mi marido, él es funcionario de Naciones Unidas y se la pasa de país en país—: me hago cargo de casa, niño, todo. Y mi actividad es sumamente demandante, entonces trato de darle a mi hijo tiempo de calidad, porque tiempo tiempo, es difícil, pero dialogo mucho con él cada vez que puedo —tiene cinco años—.

 

De mis padres aprendí que la familia son tus raíces, tu principal reducto de fortaleza, a donde acudes cuando estás bien y cuando estás mal también, el valor de la amistad, la honestidad, el trabajar por el otro, porque si al otro le va mal, a ti, tarde que temprano, también te va a ir mal por eso desde siempre he hecho labor de tipo social.

 

Le temo al fracaso, a no lograr cumplir mis metas y mis ambiciones y desde que tengo un hijo, a no lograr impulsarlo, formarlo adecuadamente para que sea un triunfador en todos los sentidos —en lo que él decida ser—.

 

Mi principal cualidad es la honestidad. ¿Mi defecto?, soy muy explosiva, muy temperamental, conmigo no hay medias tintas.

 

En Puebla están mis raíces; es mi casa, el oasis al que siempre regreso. Aquí nací, aquí me formé, y aquí me di cuenta de quién quería ser.

 

La novela histórica y las biografías noveladas son el tipo de lecturas que me atraen, soy una loca de la lectura. También me encanta la música, el cine, el teatro, el ballet, la ópera. Claro que, ahora con un hijo pequeño, sólo sé de películas y obras de teatro infantiles.

 

Como gobiernos no hemos hecho nuestras chambas. Percibo mucha más agresividad en los jóvenes, mayor vulnerabilidad, mucha menos perspectiva de futuro; su formación académica en nada se compara con la que nosotros recibimos. Yo estudié en una primaria pública y hablando con los chiquillos me doy cuenta que no tienen una formación que verdaderamente les permita en un futuro ser competitivos, laboralmente hablando.

 

Es increíble ver candidatos y diputados, en todo el país, prometiendo que van a poner alumbrado, pavimento y escuelas, cuando esa no es la labor de un legislador. No sólo le están mintiendo a la gente, sino que además no tienen la menor idea de cuáles son las funciones que les corresponden. Para cualquier cargo, por principio de cuentas, el candidato debe saber a qué va.

 

Nada es casual, la vida te va llevando por el camino que debes seguir. A mí me llevó a estudiar Relaciones Internacionales en una universidad que estaba junto a Presidencia, cuyos maestros eran asesores de la presidencia, y por tanto entré a la política.

 

No sólo te dejan enseñanzas los políticos que brillan, hay muchos que de pronto están en la silla, en cargos no tan importantes pero que te enseñan muchísimo más que los grandes y aparentes líderes.

 

Como sociedad no estamos preparados para enfrentar el problema de las adicciones. No hay consciencia acerca de la gravedad del tema, la población lo ve muy lejos de sus casas y no toma medidas preventivas. En las propias escuelas no se preocupan, los maestros no saben distinguir los cambios de personalidad provocados por una adicción y los cambios de personalidad propios de la adolescencia.

 

Me interesa inculcarle a mi hijo que debe asumir la responsabilidad de su vida, de su destino. Vengo de una familia muy tradicionalista y con mi hijo trato de equilibrar entre esa educación que recibí con una más liberal que lo deje ser. No quiero que sea un niño dependiente de papá o de mamá.

 

Soy como la oveja negra de la familia: vengo de una familia de artistas y todos están perfectamente enterados de los temas políticos pero, no hay políticos en la familia. Y efectivamente son muy críticos pero, por otro lado, les hace feliz saber que este es el camino que me permite desarrollarme plenamente y sobre todo por el sentido que le doy.

 

Si el trabajo social no lo haces con sentido estratégico, no funciona y si lo estratégico no tiene un sentido social tampoco tiene ninguna razón de ser, entonces ambas posiciones se complementan y las dos me gustan.

 

 

 

 

 

 

 

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