José María Arturo Huerta


En esto creo


Empresario automotriz, ganadero y concesionario de la plaza de toros El Relicario


Elisa Vega Jiménez

 

 

Mi familia tiene una tradición desde mi padre, don Reyes Huerta, quien fundó la primera ganadería hace 70 años, y las agencias de coches, hace sesenta y tantos años. Fue empresario en 1946 de la antigua plaza de toros de Puebla. Yo he hecho empresa en Tlaxcala, Huamantla y aquí en Puebla, incursioné como empresario de toros hace como 15 años, y ahora estamos en la plaza.


En México tenemos nuestra propia fiesta y no le tenemos que copiar a nadie. La fiesta española y la mexicana son muy diferentes, los toros aquí van de menos a más, embisten muy despacito; en cambio, el toro español tiene más brío al principio, sin embargo se le acaba más rápido. En España una faena es de 20 a 25 muletazos, aquí en México a los 25 muletazos apenas está empezando. Aquí hay tirar del toro, llevarlo muy despacito, a veces parece que se va a parar y no se para —eso para los toreros españoles es muy difícil porque ellos están acostumbrados a otro tipo de embestida—. Acá las series son más grandes: ocho muletazos, mientras que en España tres. Muchas figuras españolas como Paco Camino, El Capea y El Juli, tomaron su temple acá.


Ser amigo es no dar problemas a los amigos, apoyarlos cuando se necesite y sin ningún interés de por medio. A los amigos nunca se les debe de cargar la mano. Muchas veces decimos “Mi amigo es fulano de tal”, los presumimos e inclusive a veces hasta los ponemos en entredicho y eso no es ser amigo; la amistad es algo grandísimo: es respeto, es cariño…


Un buen toro debe tener tres características: bravura, fijeza y buen estilo. Con fijeza me refiero a que el toro no esté distrayéndose porque eso para el torero es incertidumbre: no sabe a qué hora se le va a arrancar. En cambio un toro que siempre está fijo en el engaño, es una garantía; generalmente son toros muy obedientes, que al toque van a donde está uno.


Éxito es la satisfacción que uno siente cuando hace las cosas bien y cuando logra las metas que se ha fijado. Si tiene uno éxito en eso, tiene éxito en todo.


Al día siguiente de que se prohibiera la fiesta taurina a nivel mundial, moriría una cantidad impresionante de toros de lidia porque su crianza cuesta mucho dinero. No es un ganado para carnicería —aunque dé una excelente carne—, es un ganado que tarda alrededor de seis años en estar listo, que requiere mucho cuidado: vacunas, un control. Nosotros tenemos un historial de la ganadería, desde que llegaron los toros de España a Saltillo en 1908, hasta la fecha: la tarjeta del animal con la fotografía, cuándo nació, el nombre de la familia, los padres, a quién pertenece, la calificación que tuvo, la sanidad, su descendencia… es un trabajo impresionante.


Yo toreé en festivales y todo eso, afortunadamente mi papá me hizo poner los pies en la tierra. Todo mundo llegaba y decía que yo toreaba muy bonito. Un día le pregunté a mi papá: “¿Cómo toreo?” — siempre toreaba las bonitas—, y me dijo: “Yo te digo a qué hora te bajas”. Cuando salió una vaca seria: “Ahora sí, bájate”. Sentí un miedo terrible, pasó la vaca, le di el primer muletazo y corrí. Eso me centró mucho, no es lo mismo torear profesionalmente que hacerlo en casa y escogiendo el toro que uno torea.


Aquí le damos la oportunidad a quien la merece —y lo repetimos mientras esté triunfando—, atrás hay mucha gente esperando oportunidades y no hay que desperdiciarlas. A Manolo Juárez “El Poeta” se le dio oportunidad, triunfó y estuvo en el ánimo del público, pero de repente se mareó y creyó que todo era muy fácil, llegó a la Plaza México y estuvo fatal. Después haber salido en hombros acá, regresó y estuvo pésimo. Me pidió otra oportunidad y pasaron siete meses para que lo volviera a tomar en cuenta. Ahora, junto con Alfonso Mateos, abrirá el serial de novilladas de la plaza de Guadalajara —acompañados de una torera que hay que seguir muy de cerca: Melina Parra—, entonces, no estamos mal.


Muchas de las figuras del toreo que tenemos ya van de salida. Tenemos que crear nuevos valores y nuevas figuras en México.


Pertenezcamos al partido que pertenezcamos debemos llevar primero la camiseta de ser poblanos y buscar para Puebla una mayor proyección, que beneficie a toda la gente. Tenemos muy buenos gobiernos, tanto municipal como estatal, pero es importante que todos los gobiernos que vengan, sean del partido que sean, le den continuidad a los proyectos de desarrollo que tiene el estado, y no decir: “como este partido hizo esto, hay que empezar otra cosa”. Eso es terrible, porque realmente nunca se llega a ningún lado.


Soy persistente: siempre trato de lograr lo que quiero. Mi defecto es la perfección.


De mi padre aprendí el gran cariño por los animales, por la fiesta, por el trabajo; la dedicación y la disciplina.


Si hubiera visto las cualidades que se necesitan para ser un buen torero en uno de mis hijos, sí lo habría apoyado pero es una carrera muy difícil, de muchos sinsabores y de mucho sacrificio. José Arturo, mi hijo, torea extraordinariamente, inclusive han ido toreros y le han dicho: “qué bueno que no eres profesional” porque les pone unos baños tremendos y tiene una facilidad de estar en la cara del toro. Mis hijos Fernanda y Javier también torean.


Con mucho orgullo digo que soy poblano. Puebla es una ciudad a la que le tengo un cariño importantísimo: es la ciudad donde nacieron mis padres, mis abuelos y mis hijos.


A la muerte no le tengo miedo, aunque siempre hay que buscar mantener una buena calidad de vida: cuidarse muchísimo, hacer ejercicio, comer sano, tener paz interior, y hacer lo que a uno le gusta verdaderamente. De esa forma, y mientras uno dependa de uno mismo, será bueno vivir lo que le toque a uno vivir.


Mi padre decía que hay que saber con quién se casa uno porque de eso dependerá nuestra felicidad toda la vida, la de nuestros hijos, y la tranquilidad para poder dedicarse a los negocios. Mi esposa ha sido de gran apoyo, ella es quien pasa la mayor parte del tiempo con mis hijos. Realmente el éxito de tener una familia de gente de bien, se debe a ella. La verdadera felicidad no es tener más o menos dinero, sino tener una unión familiar bonita, de mucho cariño, una vida sana, y estar rodeado de tus amigos.


El secreto para lograr una plaza llena es hacer las cosas bien: darle al público los toreros que quiere ver. Siempre lo he dicho: “el mayor juez de la fiesta brava es el público”, pero cuando éste se siente defraudado nos da la espalda. Sin embargo cuando llega atiborra las plazas y ve lo que le gusta, hace los llenos. En Puebla hemos tenido grandes entradas, hasta nos han puesto de ejemplo a nivel nacional, como a Aguascalientes, que tiene una feria con mucha más tradición en corridas.


Le tengo miedo a la soledad. Aunque me gusta mucho tener mi independencia y mi privacidad, siempre es bonito saber que uno está acompañado por gente que lo quiere.


Mi madre me enseñó a amar y a respetar a mi padre, a ser una persona honesta, a estudiar, a ser deportista, y es lo mismo que yo he enseñado a mis hijos.


Un profesional del toreo debe estar 100 por ciento dedicado a su carrera, adoptar una disciplina férrea, tener una gran condición física, cuidarse de no desvelarse, debe conocer muy bien todos los terrenos del toro. Además para ser torero, primero hay que parecerlo. Cuando Eloy Cavazos iba al rancho a prepararse para torear en México, salía a correr a las seis de la mañana cuatro kilómetros, luego toreaba de salón, luego tentaba, después se iba a caminar al cerro, y en la noche: “Oye, cena algo más”, y me decía “Compadre si me das algo más no me va a quedar el traje” y yo veía que cenaba alguna quesadilla, un té y una fruta.


Corro a las seis y media de la mañana tres kilómetros­­ —llegué a correr 20 kilómetros diarios todas las mañanas—, y a veces hago bicicleta. Eso es algo que también he inculcado a mis hijos. Ellos corren los maratones de 41 kilómetros —acaban de correr el de Nueva York los dos—, y eso me da mucho gusto porque para eso hay que tener disciplina.


Ha habido cambios en la afición, ahora la veo más conocedora, más exigente, y más joven. Pienso que eso depende mucho de nosotros como empresarios, de los jueces, de premiar bien, y de ofrecer un espectáculo de calidad porque la gente ya no acepta el clásico rodillazo, el trapazo y el torear al público como se hacía antes.


Hay muchos toreros extraordinarios, tenemos al matador Eloy Cavazos, que es gran amigo y compadre mío, a Manolo Martínez, a Paco Camino, al Cordovés, a Rafael Ortega, al Zotoluco. Y tenemos ahora a jóvenes toreros muy importantes como Arturo Macías “El Cejas”. Me faltan muchísimos nombres. Tenemos muy buenos toreros aquí en México.

 

 

 

 

 

 

 

 

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