Maestra Dalia Monroy
En esto creo
Artista pintora de Huauchinango, Puebla
Lulú Horán
Soy una provinciana, soy serrana, que llega de Huauchinango al DF en 1978 para continuar sus estudios. Ya traía la inquietud del arte, como todos los niños, tenemos la inquietud en el arte con un potencial creativo importante.
Tengo unos grabados y unos libros de mi padre en la etapa esquemática de cuatro o cinco años. Los conservo porque yo no respetaba nada, no respetaba silla, mesa, ropero, nada, todo lo tallaba con gis y quedaba pintado. Ya se me daba.
Siempre seguí con esa inquietud, dibujaba, después resultó difícil escoger entre monjas o un colegio muy general como es el arte. Pasé de una educación formal a una escuela de locos, maravillosa.
Me dejó muy marcada en mi vida porque me enseñó otros valores, valores por la naturaleza, la sencillez, ser más humana. La etapa más preciosa que he podido tener ha sido ésa, mi transformación.
A partir de ahí es muy difícil formarse también en un mar de competencia en el DF; sin embargo, siempre fui inquieta en ese sentido, me llamaba la atención organizar conferencias con el grupo, hacer una gaceta, pues me encanta el periodismo.
Tengo el enorme orgullo de ser madre, tengo dos hijos. Y el enorme placer de haber conocido el amor y el desamor. He conocido la felicidad más enorme y el dolor más grande de perder a seres queridos.
Es muy difícil triunfar en el arte, es decir, hay que luchar mucho, tocar puertas y exponer en un lado y otro, y conseguir un logro. De repente se logra algo.
De mi gestión en la anterior administración municipal hubo respeto, voluntad política, confianza y visión de parte del doctor Enrique Doger y el licenciado Ignacio Mier, todo ello para generar un cambio que se logró en la cultura municipal.
Llegué a Puebla hace cinco años. He vivido en el DF la mayor parte, al que quiero muchísimo. Estuve también en Morelos y de ahí llegué acá.
Propuse la creación del Instituto Municipal de Arte y Cultura y me uní con tres compañeros más —promotores culturales— a consolidar un proyecto que fuera distinto, y que le diera una formalidad a la cultura municipal que Puebla ya merecía por ser una ciudad tan importante.
Me costó alejarme al 100 por ciento de lo mío. Me alejé de galerías, de mi producción y, lamentablemente por mi salud, tuve que dejar el cargo, pero ya cumplido un 95 por ciento del Plan de Desarrollo Municipal.
Mi cargo nació porque soy terca. Vine y protesté cuando salió una exposición itinerante del Instituto Nacional de Bellas Artes, yo quería cerrar en Puebla y resultó que les cobraban a los artistas.
No fue fácil romper con esquemas y vicios establecidos, y espero se dé continuidad. Esto habla de autoridades que no buscaban el aplauso, sino la acción y dar un lineamiento profesional al arte y la cultura.
El tener puestos de elección popular no va conmigo, para nada, lo que menos me interesa es ese tipo de cosas.
Considero que todo artista debe proponer, no puede estar únicamente en su castillo formado y lleno de egocentrismo. Somos parte de una sociedad y hay que tener una visión social, de hacer algo por el entorno, por la localidad en donde se vive.
En ese mar de competencias, como todos empezamos con las primeras exposiciones, la José María Velasco que es la primera galería, la más antigua del Instituto Nacional de Bellas Artes, allí empecé con las exposiciones y muchas otras colectivas.
Tuve la fortuna de pasar todos los filtros para poder conseguir una beca, que no era fácil, la que me llevé del Consejo Británico. Fue una felicidad enorme el decir que me llevaba la primera beca de arte del Consejo Británico. Ya había viajado y ansiaba tener una experiencia en el exterior.
La mayor satisfacción fue que llegué con un mejor nivel mucho mejor que varios compañeros de varios países. Fue la experiencia de estar joven en otro país y todo esto enriquece muchísimo.
A partir de ahí seguí exponiendo lo cotidiano, fui logrando otro paso más. Me tocó en el 1985 en el Centro Cultural José Guadalupe Posada del INBA, que por cierto, se derrumbó con el temblor y ahí estaban mis obras.
Ya había tocado muchas puertas, y un día de tantos me dijeron que por mi trayectoria ya tenía todo el derecho de poder entrar al máximo recinto que es Bellas Artes.
Esporádicamente he compartido también mi conocimiento. No me gusta estar encadenada a una institución educativa, en el sentido de que no me sentiría con esa libertad.
Me encanta dar un curso, un taller, un mes o máximo dos y se acabó. Vi muchos maestros con un enorme talento que se quedaron atrás como artistas. La docencia los absorbió y no hicieron nada.
Yo soy muy distinta al poblano capitalino, pienso y hago las cosas de diferente manera, no me gusta el protagonismo, apenas si me gusta hablar.
Gozo más haciendo y dirigiendo. Soy partidaria de los proyectos que sean de mayor beneficio a una comunidad.
Somos felices en la bohemia, platicando y escuchando un poema, diría que creativos. Los que estamos en esto somos tercos. Ni ricos ni nada, simplemente somos especiales.
Afuera me dicen ‘la sigues regando porque tú te dedicas mucho a los demás y te estás cuartando’, pero yo moriré más tranquila si comparto la visión social y el quehacer artístico.
El aplauso se acaba. Hay que tener esa mentalidad de estar sembrando y generando un cambio que vaya a corto, mediano y largo plazo.
La industria cultural es estupenda, se puede aprovechar un todo teniendo tanto de lo que tenemos en México. Como dice un chiste: “Dios nos dio todo, pero nos puso a los mexicanos…”
Me identifico con todas mis obras, todas significan algo para mí, en cada etapa o cada tema que he trabajado, sobre todo hay una que le dediqué a mi madre recientemente fallecida.
La obra de caballete para mí es importante, de ahí parte para todo lo novedoso que se pudiera hacer.
Me gusta viajar y a veces los artistas somos privilegiados, algunas ocasiones vamos por nuestra cuenta y en otras vamos invitados.
Me impresionó París, Londres, aunque en diferentes comportamientos, los museos; de ahí me fui a Francia, logré ver a Carlos Fuentes, fue tan rico que me recibiera.
He conocido lugares hermosos, pero estando lejos me hizo valorar mucho más lo nuestro, mi México.
Yo tendía antes a una escuela con mucha textura, la escuela catalana. Antony Tapies para mí es un gran señorón de las artes plásticas en España. Yo siendo tan colorista, pero valga la modestia, crecí entre las flores de Huauchinango.
Me gusta caminar en París, gozar cada uno de sus elementos; también gozar de una exposición de Botero en New York.
Pero lo que realmente disfruto es de los pueblos pequeños, las llanuras, los árboles, los caminos empedrados, casitas con su teja, los mercados, gozo plenamente de eso.
Puedo darme tiempo para cuidar de algunos animales y darlos en adopción, esta labor la hago en complicidad con mi hija. Sentimos que hay mucha injusticia con esos seres vivos.
Estos animalitos son los más fieles amigos, dan mucho amor, jamás te van a traicionar y se desviven por cuidarte. Es necesario legislar y/o reformar las leyes de protección para los animales, además de que se deben fortalecer las campañas de adopción y esterilización.
He recibido algunos reconocimientos, que he dado algunos saltos de gusto, por ejemplo, cuando logré una beca, cuando me escribió una presentación Carlos Fuentes, y otra gran satisfacción fue exponer en el museo del Palacio de Bellas Artes.
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