Xitlalic Ceja


En esto creo


Candidata de la alianza Puebla Avanza a diputada local por el distrito II


Gloría Mejía

 

 

Cuando la gente comenta que gracias al compadrazgo con López Zavala tengo mi candidatura me da tristeza, porque desconocen cuánto he trabajo para lograrlo y no puedo andar contándoles a todos. La crítica es natural y más en política, es aceptable en el sentido de que hay cosas buenas que parecen malas. Antes se nombraba a una u otra persona, la acepto con respeto, siempre y cuando no interfiera en el ámbito personal.

 

La relación con Zavala se da por mi papá. Aunque yo era muy pequeña lo veía llegar a comer al restaurante La Palapa, propiedad de mis padres, también iban a comer ahí Melquiades Morales, Mario Marín y Pericles Olivares, también iba Mario Montero. Mi papá leía mucho el periódico, entonces cuando llegaba algún político le cuestionaba mucho y siempre tenía grandes charlas con ellos. Era un hombre crítico siempre, hasta la fecha.

 

Zavala iba siempre a comer a La Palapa, le gustaban mucho los mixiotes y la barbacoa. Jamás pensamos que algún día pudiera llegar a ser gobernador. Mis hermanas y yo los atendíamos, me la pasaba observándolos siempre. Me llamaba la atención, y como que de ahí me inspiré para ingresar en la política.

 

Mi esposo Lázaro Aquino es un hombre cero machista, es un hombre abierto en todo sentido. Me enamoré de su capacidad de acción y de entrega, me gusta su forma de ser porque es como mi frenito de mano. Él dice que le gustó de mí el carácter que tengo: muy alegre. Lázaro es muy reservado y yo, todo lo contrario, le he aprendido mucho. Me atrajo de él lo inteligente y aguerrido. En las fiestas yo soy la más aventada si se trata de cantar y él, muy serio, pero así me gusta que sea. Recibo muchos consejos de su parte y todo su apoyo, tiene una visión de mucha madurez. Lo conozco sin carro y muy sencillo. Es muy perseverante y me fue conquistando con detalles muy significativos para la edad que tenía yo. La conexión se da después de la coordinación de Madrazo. De la primera persona de la que me enamoré fue él.

 

El que diga que por influencias iba yo a tener un buen puesto está mal, porque trabajé en la Secretaría del Trabajo, ya casada. Era una simple asesora del empleo, de las que están en su sillita, y recibía a la gente desempleada. Me vio Paco Ramos y me invitó a trabajar a la Casa de la Juventud porque yo hacía las ferias del empleo. Fui la que implementó esas ferias juveniles. Me metí al PRI y él me apoyó, y coordiné el tema de universitarios con Blanca Alcalá.

 

No creo que haya personas que hoy busquen una amistad sabiendo que van a ser algo en el futuro. Me identifico con Leticia Villa Fuerte porque es una mujer que considera que el altruismo no es un tema de voluntad. Cuando me casé, y ya embarazada, ella me aconsejaba mucho. Para mí las amistades son contadas, las cuento con los dedos y meto las manos al fuego por ellas.

 

 Yo soy priista gracias a mi mamá, siempre en su familia eran priistas y era como pecado no serlo. Me decía que no le hiciera caso a mi papá que siempre se oponía; jamás ha tenido un partido que siga, él sigue a las personas, por ahí se va. Hasta la fecha dice que el voto es secreto y no estamos seguros por quién va a votar.

 

A los 17 años mi hermana me invita a una reunión juvenil del PRI, en la época de Bartlett. En una segunda junta me nombraron coordinadora del deporte municipal, jamás imaginé que me fueran a elegir a mí, ni me gustaba el fútbol. De ahí surge mi primer evento con 150 jóvenes, a parte de los que jugaban. Esa fue mi primera experiencia ya coordinando una campaña.

 

Alberto Julián y Nácer me invitó a entrar a su campaña, les pidió permiso a mis papás. Perdió, pero de las derrotas el ser humano refuerza todo. Entre más aprendes menos sabes, como diría el filósofo. No es qué tanto sepas, sino qué tanto lo vas hacer y qué tanto lo forjaste; en esa campaña aprendí muchísimas cosas. El hijo de don Alberto Julián y Nácer era muy técnico y estricto. En alguna ocasión hicimos como una rifa para escoger al candidato a diputado suplente y a regidores suplentes, yo quedé como candidata a regidora. Yo no era del círculo de sus cuates, por eso se escogió de manera democrática. Fue en el trienio de Paredes.

 

Horas antes del día de la derrota del PRI a la presidencia municipal, yo llegué al Comité Municipal del partido gritando: “¡Vamos a ganar, no se rindan, falta otro conteo!”, no podía creer que tan rápido se rindieran. Llegó un momento en que quedé solita gritando y emocionada, y todos me volearon a ver y comenzaron a llorar. Me puse a llorar también porque todos decían que no podía ser tanta mi inocencia, pero la verdad es que no podía creer que se vencieran.

 

El que ha vivido la derrota valora con gran dignidad, honor y respeto las victorias. Se aprende más de un escenario negativo. Fui candidata a diputada federal plurinominal, presidenta al Frente Juvenil en la capital, consejera política estatal municipal, delegada a la Asamblea Nacional del PRI, hice propuestas para las reformas del partido, coordiné en el tema operativo en la campaña de Roberto Madrazo en Puebla. Siempre he trabajado el trabajo previo al día de la elección, como motivar a los ciudadanos y decirles qué casillas les toca. Tiempo después ganamos con Blanca Alcalá.

 

Admiro a Luis Donaldo Colosio por sus pantalones, él rompe el esquema del político tradicional trajeado. Cuando murió me impactó y me empapó de sus discursos. Es muy similar a Carlos Madrazo, al papá de Roberto, lo admiro porque su nieto nos explicaba sobre su abuelo. Admiro a mujeres como Beatriz Paredes y a Ivonne Ortega, mujeres trabajadoras y luchadoras.

 

He sido una mujer privilegiada desde el momento en que nací; llegué con una familia que viene de la cultura del esfuerzo. Mi papá, que es de Michoacán, salió adelante solito, araba el campo, hizo todos los oficios habidos y por haber. A los 11 años quedó huérfano y cuidaba de un hermanito más pequeño que él. Es un hombre admirable, muy honesto y trabajador. Mi mamá tuvo la fortuna de estudiar, es de Huajupan de León, Oaxaca. Ella hacía tortillas a mano, tuvo una preparación muy especial.

 

Soy madre de Lazarito, un niño muy noble, muy tierno, que entiende perfectamente todo lo que está viviendo. Para él fue difícil entender que su mamá era candidata. Cuando ve los pendones o una revista, me dice que sus compañeros le dicen que soy la de la foto. Entiende que estoy en una competencia. Desde chico está acostumbrado a que ayudamos a la gente, porque mis papás son rotarios y siempre ha estado acostumbrado porque lo llevamos a la entrega de juguetes o de cosas para los que necesiten.

 

Desde que tengo ocho años mis papás me llevaban a los eventos de los rotarios y me llevaban al Cereso, al tutelar de menores y al de las mujeres. Siempre llevábamos cosas a los municipios y de ahí me nació la idea de lo que quería ser.

 

“Lo que vale la pena, cuesta trabajo”, eso lo aprendí de mi mamá, siempre motivaba a todas las personas que trabajaban con ellos.

 

Me cala la injusticia, el que se deje de hacer algo por falta de conciencia, prudencia o inconsciencia. La apatía y el ser indiferentes me molesta. Y pido a Dios que a mí no me sea indiferente nunca la gente. Me molesta el tema del rechazo en todo sentido. Entre más camino mi distrito, más pequeñita me siento.

 

Hay mucha aceptación por la gente y sangre nueva. Los hombres dicen que confían en nosotros porque somos buenas administradoras, actuamos con transparencia y tenemos la sensibilidad de empezar por el que más te necesita, y así se aplica a la política.

 

De pequeña quería ser artista; me encanta cantar y soy muy cursi. También escribo la relatoría del día. A los 14 años escribo en un diario lo más importante del día. Sigo escribiendo y ahora más, porque el político tiende mucho a olvidar.

 

Considero que este es mi momento, siempre lo anhelé. Le doy gracias a Alejandro Armenta que, como joven, haya pensado en los jóvenes. Le agradezco a Zavala que sean congruentes. Sí hay espacios con las mujeres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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