Jueves, 24 de Julio de 2014

De afanadora y cajera a aspirante a alcalde

Viernes, 10 Mayo 2013 00:00
Tehuacán, Puebla. Hace cerca de 12 años una tímida joven entró a trabajar a un gran supermercado. Con su figura delgada y piel blanca de inmediato llamó la atención del dueño de aquel centro comercial.
  • Javier Arellano Ramírez



Aquella joven con dificultades pudo terminar el quinto año de educación básica.



Ernestina Fernández Méndez entró como una de las encargadas de limpieza. A las cinco de la mañana debía entrar al súper para trapear pisos y limpiar anaqueles. Meses más tarde fue ascendida a cajera.



Poco antes de cumplir un año de trabajo se convirtió en la concubina del dueño del supermercado: Álvaro Alatriste Hidalgo.



No hay registros claros de un matrimonio formal.



También por esas fechas, en el año 2001 Alatriste decidió incursionar en la política bajo la protección de su amigo el gobernador Melquiades Morales, quien lo presentó con su secretario de Finanzas, Rafael Moreno Valle Rosas.



Desde ese momento, Alatriste fue cobijado como un hijo.



Se le envió a un grupo encabezado por Antonio Peniche García y Marcelo García Almaguer junto con una maleta llena de billetes.



Con toda la fuerza del aparato gubernamental, Álvaro fue hecho presidente municipal, pero sabedores de su impericia administrativa, también enviaron a Erick Zhiel Loera para hacer las veces de “asesor financiero”.



Fue también la época en que Ernestina Fernández de Alatriste, aquella joven afanadora de un supermercado se convirtió en la autoritaria y déspota presidenta del DIF municipal. Era el gran momento de su revancha social.



Luego de tres años de desatinos, anomalías, excesos y corruptelas, la aventura de “El Mostro” terminó con una sanción de 12 años de inhabilitación y una multa de 30 millones de pesos.



El Congreso del estado realizaba el proceso administrativo de rigor.



Pero en 2006 Álvaro todavía gozaba de la generosa protección de Rafael Moreno Valle, entonces presidente de la Gran Comisión del Congreso del estado.



Y la inhabilitación se modificó de 12 años a tan sólo seis y medio.



Alatriste juró lealtad y gratitud eternas a su protector.



Cuando Rafael Moreno Valle buscaba la gubernatura envió a sus emisarios Néstor Gordillo y Laura Escobar a hablar con aquel viejo aliado.



—Álvaro, el doctor Moreno Valle siempre ha sido tu amigo… Hoy pide tu apoyo y tu lealtad…



—Claro que sí “Netor”, ve, tú dile al dotor Moreno Valle que yo ser su amigo… claro que sí y yo apoyarlo en lo que poder…



Pero en los hechos Álvaro nunca se reunió con su viejo protector.



En varias ocasiones se le hicieron llamadas telefónicas para que se reuniera en privado con Moreno Valle. En todas dijo que sí. Pero nunca asistió.



“El Mostro” Alatriste mordía la mano que siempre lo protegió.



Y ese es el pecado que está pagando. Hoy “El Mostro” Alatriste está enfrentando a su viejo amigo.



La inhabilitación en su contra es un acto jurídico formal; aunque los “juristas” Fernando Moreno Peña y Pablo Fernández del Campo piensan que van a anular al Instituto Estatal Electoral en una sala del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).



Pero fue al “Mostro” a quien se le ocurrió que en su propia alcoba tenía el “plan B”.



Y de ahí salió la idea: “pos miren para que no tengamos más enredos yo les propongo que mejor sea mi mujer la candidata”. La dirigencia estatal de inmediato aceptó.



La tarde del miércoles 8 de mayo en una reunión atropellada, Fernando Moreno Peña y Fernández del Campo presentaron a Ernestina Fernández Méndez, esposa de “El Mostro”, como “candidata provisional” a la presidencia municipal.



El ambiente era de tensión.



A la reunión tuvieron que llevar dos docenas de golpeadores, previendo cualquier manifestación de protesta dentro de las filas priistas.



Pero sobre todo cabe destacar la violencia verbal de Moreno Peña en contra del gobernador Moreno Valle, a quien le imputó una persecución política en contra de Alatriste.



El tenor del delegado del CEN del PRI fue de extrema beligerancia en contra del Ejecutivo poblano.



Las posibilidades de Alatriste de obtener una victoria jurídica en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación son mínimas.



Es prácticamente un hecho que el nombre de Ernestina Fernández Méndez aparecerá en las boletas electorales.



La señora de “El Mostro” enfrentará en las urnas a René Lezama Aradillas, el candidato del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas y de la alianza “Puebla Unida”.



Y las posibilidades de una victoria son amplias, muy amplias.



Para ver el escenario político completo debe verse los “dos Tehuacanes” que existen.



Hay un Tehuacán que es la ciudad provinciana tradicional, la de las familias de la clase media en la que todos se conocen desde hace generaciones, familias de comerciantes y empresarios de ascendencia nacional, española o libanesa.



El Tehuacán tradicional.



En ese no cabe Álvaro Alatriste. Simplemente no es aceptado. Y siempre será visto como “El Mostro”.



Pero hay otro Tehuacán, el de las colonias marginadas, el de las calles polvorientas, el de los cinturones de miseria.



Ese Tehuacán en donde se registra una brutal inseguridad, en donde entran a una modesta casita y apuñalan a una persona para robar un tanque de gas o una bicicleta de trabajo.



Es el Tehuacán más golpeado. Sus habitantes con dificultades llegan a terminar la primaria.



Es el ámbito de la pobreza atroz, de la marginación terrible, de las carencias absolutas en servicios y seguridad.



Los habitantes de ese Tehuacán marginado se identifican con el discurso populista de Alatriste. Ahí tiene su bastión de votos.



En ese Tehuacán no saben nada del Congreso, de la inhabilitación, de las sanciones, ni de tribunales electorales.



Ahí impera el populismo que sólo necesita una chispa para convertirse en fanatismo.



Ahí no importa si va Álvaro o va su esposa Ernestina, el efecto es exactamente el mismo. 



De hecho Álvaro logró su objetivo: es el candidato “de facto”.



Él hará campaña, él recorrerá colonias y juntas auxiliares, caminará por calles polvorientas, abrazará a mujeres y hombres, cargará a los bebés, encabezará reuniones para pedir el voto.



Y sólo usará el nombre de su esposa Ernestina Fernández Méndez de Alatriste para que vaya en las boletas electorales.



Es sin duda la última tentación de “El Mostro”.

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