Sunday, 22 de April de 2018

Jueves, 24 Noviembre 2016 03:04

Banck: el desafío de detener a la mafia urbana




Written by  Javier Arellano Ramírez

Para entrar en el tema del centro de la Angelópolis se hace obligado, forzoso presentar el debido contexto. Desde siempre la ciudad de México ha sido el termómetro de la vida nacional; cualquier urbe del país puede verse reflejada en la historia y circunstancias de la metrópoli.


El hoy exiliado Marcelo Ebrard hizo de la urbe uno de los lugares más seguros de toda la república. Desde un inicio el exjefe de gobierno expresó su clara intención de hacer de esa ciudad una zona segura. Para ese fin recurrió a la asesoría de Rudolph Giuliani, el polémico exalcalde de Nueva York, quien con mano de hierro aplicó aquella máxima de “tolerancia cero”; si hoy permites un pequeño delito, un simple acto de vandalismo, mañana tendrás graves ilícitos muy difíciles de controlar.

 

Ebrard recurrió a los grandes financieros de la Ciudad de México para cubrir los servicios de asesoría de Giuliani. No debe irse muy lejos; el financiamiento partió del hombre más acaudalado de México, quien también contribuyó a la creación de una de las mayores redes de videovigilancia de todo el orbe. El sistema de cámaras que tiene la CDMX solo es comparable a la de Nueva York o Londres y supera, rebasa a otras capitales del primer mundo. Esto no hubiera sido posible sin el financiamiento convocado por el magnate mexicano de la telefonía.

 

Eran los primeros años del gobierno de Felipe Calderón quien convocaba a una “guerra” contra la delincuencia organizada; ciudades como Acapulco, Monterrey, Ciudad Juárez, Ciudad Victoria, Morelia se convirtieron en verdaderos campos de batalla.

 

Mientras tanto el mandatario se aferraba a su discurso belicista. No importaba que el avión Lear Jet de su Secretario de Gobernación cayera derribado a unos kilómetros de la residencia oficial de Los Pinos o que el helicóptero de otro de sus titulares de gobernación terminara destruido dejando pedazos de metal en una franja de más de un kilómetro. Nada de eso le importó; el enfebrecido comandante de las Fuerzas Armadas seguía incitando a la confrontación en cualquier punto de la nación.

 

Los resultados están a la vista.

 

Pero mientras todo eso pasaba, la Ciudad de México gobernada por Ebrard era un especial remanso, una isla en la que se podía caminar a cualquier hora de la noche; las cámaras vigilaban celosamente cada calle del Centro Histórico y las colonias Polanco, Condesa, Roma, Nápoles, amén de los bellos callejones de Coyoacán.

 

Pero todo eso se acabó al entrar el fatídico gobierno de Miguel Ángel Mancera. Ahora hay un grave vacío de autoridad en la policía capitalina; una desbordada corrupción impera en sus filas; aquel sistema de videocámaras empieza a fenecer, los aparatos llegaron al límite de su vida útil; pero sobre todo el Jefe de Gobierno es un político terriblemente insensible, frívolo y banal.

 

La ciudad de México se incendia; cada día aumentan los crímenes, asesinatos, ejecuciones que no reportan los noticieros de televisión. Solo el diario “Reforma” documenta el crecimiento exponencial, incontrolable, desbordado de “La Unión”, el cártel chilango, una organización criminal que se extiende precisamente gracias al negocio del ambulantaje.

 

Todo este recuento y narración del escenario nacional y capitalino viene a cuentas porque en horas recientes en el Cabildo de Puebla se ha advertido del alto riesgo y peligro que representa el nuevo ambulantaje.

 

Hoy los vendedores ambulantes ya no son como hace 20 años, no son artesanos, ni vendedores de chucherías. En este momento existen evidencias de que algunas redes de venta de narcóticos y enervantes se valen precisamente de los ambulantes para extenderse. Incluso se asegura que algunas organizaciones dedicadas a la trata de personas también están en el negocio del comercio informal.

 

Puebla está enfrentando a la mafia urbana. Las medidas que el alcalde Luis Banck Serrato ha implementado en las últimas semanas están claramente dirigidas a detener el crecimiento de lo que puede ser la amenaza más grave para la seguridad de los poblanos.

 

El desafío de Banck no es poca cosa: está enfrentando a la mafia urbana, la misma que se apoderó de la Ciudad de México y otras capitales como Cuernavaca o Toluca.

 

El reto no es un problema menor. Debe seguirse y observarse rigurosamente.

 

Como siempre quedo a sus órdenes en [email protected], sin mx.

 

 

 

       

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