Sunday, 22 de April de 2018

Martes, 29 Noviembre 2016 02:50

Con los Calderón comenzaron los pactos de impunidad




Written by  Javier Arellano Ramírez

Corrían los meses previos a la elección del año 2006. El país vivía su momento de mayor efervescencia política.


Andrés Manuel López Obrador parecía imbatible, incontenible, imparable. Mientras tanto en el PAN Felipe Calderón utilizaba todas las zancadillas posibles en contra de Santiago Creel Miranda. En el PRI Roberto Madrazo Pintado se ungía a sí mismo como virtual abanderado, pero al mismo tiempo se quedaba solo; era un candidato sin partido.

 

La batalla real era entre el entonces perredista AMLO y el panista Calderón. Para crear una verdadera batalla fue traído desde España el asesor, el consultor político Antonio Solá Llansas, un experto en estrategias de lodo. Fue el catalán quien urdió la frase “López Obrador: un peligro para México”, entre otras estrategias como la de compararlo con Hugo Chávez, anticipando una catarata de reelecciones.

 

Pero la propaganda política solo fue la décima parte de la verdadera maniobra que logró embestir al candidato de la izquierda. Los gobernadores priistas veían con pesadumbre y resignación la caída de su abanderado; pero al mismo tiempo, estupefactos observaban de reojo el crecimiento de AMLO.

 

Fue en ese preciso momento cuando se gestó, se concibió la idea de realizar pactos mayúsculos, del más alto calado para poder llevar la maquinaria tricolor a la campaña del panista Calderón.

 

En reuniones privadas, en cónclaves secretos se fueron tejiendo las alianzas para que los mandatarios priistas, uno por uno fueran pactando lo necesario, lo indispensable: su seguridad.

 

Así, en reservadas citas dialogaron con el aspirante albiazul José Reyes Baeza de Chihuahua; Eugenio Hernández de Tamaulipas; Ulises Ruiz de Oaxaca, Fidel Herrera Beltrán de Veracruz, Mario Marín de Puebla, entre otros, que optaron por la elemental lógica de salvarse ellos mismos.

 

Ahí en esa campaña presidencial de 2006 comenzaron los pactos de impunidad que convirtieron a los gobernadores en virreyes, tan potentados como intocables.

 

Pero ni aún con toda la cargada tricolor pudieron sacar adelante la candidatura de Felipe. Tuvo que intervenir directamente Vicente Fox Quesada para que el presidente del Instituto Federal Electoral permitiera un maquillaje gigantesco, un enorme fraude electoral que finalmente ungiera al panista michoacano.

 

Fue en el sexenio de Calderón cuando comenzó esta mal llamada “Guerra contra el Narcotráfico” que solo se ha convertido en el mayor genocidio visto por el pueblo mexicano. No son pocos los gobernadores que ante el vacío de poder optaron decididamente por cohabitar en franco maridaje con la delincuencia organizada.

 

No es posible concebir el brutal crecimiento de los cárteles sin el claro, inocultable contubernio del gobierno federal y de los gobernadores. Solo así las organizaciones criminales crecieron de manera exponencial.

 

En medio de un profundo rechazo y repudio social terminó el sexenio de Felipe Calderón. El electorado pensó que tal vez el regreso del viejo PRI trajera un poco de aquella estabilidad tan laureada durante 70 años.

 

Pero no, no regresó el PRI de Lázaro Cárdenas del Río, de Alemán Valdés o López Mateos. No, en su lugar regresó la versión remasterizada del neoliberalismo salvaje, descarnado y entreguista de Carlos Salinas de Gortari.

 

Y entonces los pactos de impunidad llegaron a excesos y niveles nunca antes vistos en este país. El saqueo y la rapiña descomunal; la complicidad criminal exacerbada. Todo esto generó gobiernos caóticos como el Javier Duarte de Ochoa, Guillermo Padrés, César Duarte, Beto Borge, Rubén Moreira Valdez, Gabino Cué o Eruviel Ávila.

 

Ante esto el presidente de la República recurre a su genética mediática y arma una telenovela de “justicia” y “persecución” cuyos primeros actores son Padrés y Duarte. Pero el melodrama tiene escaso raiting, una mínima audiencia.  El televidente ya no le cree a un guionista que ha mostrado una terrible indolencia y mayor incompetencia.

 

Un político reducido y menguado no tiene la capacidad para hacer una verdadera purga; no tiene la capacidad, ni la visión.

 

Hoy estamos ante la mayor crisis de impunidad que haya visto este país. Y es un momento adecuado y preciso para recordar que esta ingobernabilidad comenzó con Felipe Calderón quien hoy busca una reelección de facto a través de su esposa.

 

Solo hay que ver la cuenta de twitter del exmandatario para saber quién es el verdadero comandante de esa precampaña. La señora solo aporta su sonrisa banal y frívola, como ya lo hizo durante los seis años que estuvo al frente de la presidencia nacional del DIF.

 

Como siempre quedo a sus órdenes en [email protected], sin mx. 

       

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