Sunday, 25 de June de 2017

Indicador Político

Indicador Político

Al aceptar su derrota en las elecciones primarias del Partido Demócrata, el senador Bernie Sanders dijo que le endosaba a Hillary Clinton sus trece millones de votantes demócratas y que el camino era el socialismo democrático. Hillary, sin embargo, se consolidó como la candidata de Wall Street.

En las peores crisis políticas del sistema/régimen/Estado, siempre quedaba la posibilidad de que una institución jugara el papel estabilizador: la presidencia de la República. Hoy la presidencia como estructura de poder forma parte de la crisis política, no de su solución.

Luego que Vicente Fernández le cantó un corrido, la candidata demócrata Hillary Clinton le dio las gracias… a través de un vocero. Y, claro, dijo que estaba conmovida. Sin embargo, como la política es poder, Hillary ya anunció que la reforma migratoria no será posible mientras el congreso sea republicano, pero de todos modos pidió el voto hispano.

A pesar de contar con un sistema político con espacios inexistentes en el pasado y con representación de todas las fuerzas, los grupos de ultraizquierda hoy están copiando las técnicas de la desestabilización de la ultraderecha. En 1976 los empresarios ultras se reunieron en Chipinque y pusieron en marcha una estrategia de rumores; hoy la ultraizquierda pasa del chiste al meme y busca el derrocamiento del presidente por el camino del hashtag.

El espíritu de Donald Trump ha fijado en el centro del interés a la primera generación teleciana de mexicanos-norteamericanos nacidos en México, que ya piensan en inglés por el tratado libre de comercio de Carlos Salinas. Su participación política a propósito de la visita del republicano no se dio en el interés nacionalista, sino que se exhibió en la lógica estadunidense: contra Trump y a favor de Hillary Clinton.

Atrapado entre zona de paso de Centro y Sudamérica de personas expulsadas por la crisis en situación de miseria y las deportaciones masivas de hispanos del gobierno de Barack Obama, la política migratoria de México se ha convertido en un espacio de despresurización social que ha evitado explosiones de violencia.

El perfil político de Donald Trump sólo va a reproducir, treinta y cinco años después, la ofensiva imperial de Ronald Reagan de 1981-1986; al final del día, la intención imperial del próximo presidente de los EU nada tiene que ver con migración sino que se prepara una reorganización de la política exterior de seguridad nacional de la Casa Blanca.

La figura de Antonio López de Santa Anna puede ilustrar la metáfora de la historia nacional: once veces presidente de la república, responsable de la pérdida de la mitad del territorio en 1848 y en 1853 y a pesar de ello indispensable para una república federal que nunca fue ni república ni federal. Su derrocamiento en 1855 inició la Reforma juarista.

Los EEUU han derrotado el nacionalismo mexicano desde el siglo XIX. Hay tres ejemplos históricos:

En preparación al tratado comercial norteamericano 1991-1993, en 1987 el presidente de la Madrid y su virtual sucesor Carlos Salinas de Gortari crearon la Comisión sobre el Futuro de la Relaciones México-Estados Unidos con carácter bilateral. Esta comisión emitió sus conclusiones en 1988, año de elecciones en México. La tarea fue formular recomendaciones para cambiar las percepciones mutuas: pasar del conflicto histórico 1836-1914 a la interdependencia comercial, y así se tituló el reporte final: “El desafío de la interdependencia: México y Estados Unidos”.

Si la política a la mexicana es un juego de espejos, la facilidad con la que se desplazó a Luis Videgaray no de la Secretaría de Hacienda sino de la terna de precandidatos peñistas a la presidencia dejó en claro que las preferencias estarían en otro lado. El efecto Trump en el gabinete adelantó el movimiento de piezas presidenciales para el 2018.

La negativa de la candidata demócrata Hillary Clinton a la invitación del presidente Peña Nieto fue una muestra de la arrogancia imperial que adelantó lo que vendría para México con la presidencia clintoniana y de paso metió a los EU en el proceso de sucesión presidencial mexicana del 2018.

Arrinconado como ningún otro presidente, las decisiones de Enrique Peña Nieto no tuvieron sólo motivaciones por el affaire Trump sino que obedecieron al reposicionamiento de fichas para la designación del candidato presidencial priista del 2016: Luis Videgaray queda a disposición para el Estado de México en 2017 y Luis Enrique Miranda sube presidenciable vía la Secretaría de Desarrollo Social.

Lo ideal hubiera sido que los mexicanos que criticaron desde los EEUU la invitación del presidente Peña Nieto al candidato republicano Donald Trump anunciaran la creación de una brigada especial para repetir la hazaña de Francisco Villa en Columbus en marzo de 1916 o seguir cuando menos el anuncio de Armando Fuentes Aguirre Catón de no visitar territorio estadunidense durante la gestión del republicano.

Si la política de ideas es propia de la filosofía, la realpolitik se decide en la oscuridad del poder. De ahí que las verdaderas agendas mexicanas de Donald Trump y Hillary Clinton deben analizarse con el trasfondo.

Para expertos lectores de columnas políticas hay datos significativos: la uniformidad en la versión de que la canciller Claudia Ruiz Massieu se había opuesto a la visita de Donald Trump, que después del encuentro había presentado en protesta su enérgica renuncia y que el responsable de la llegada del republicano fue Luis Videgaray.