Wednesday, 22 de November de 2017

Viernes, 06 Enero 2017 02:41

La crisis ya está aquí




Written by  Guillermo Barba

Estamos ante una crisis que apenas empieza con saqueos y disturbios. Urge dar un golpe de timón ante los retos históricos que tenemos enfrente. Tenemos que evitar la barbarie a toda costa


México ya está en crisis. No se trata (todavía) de una severa crisis económica con una pronunciada recesión, inflación y desempleo disparándose o con un déficit de cuenta corriente en niveles críticos como en el pasado. Aun así, negar que la coyuntura es grave, sería irresponsable. La distancia que hay entre la gobernabilidad –la paz y el orden-, y el caos generalizado es muy corta.

 

Los gobiernos de todos los niveles tienen la obligación fundamental y compartida de garantizar la seguridad de las personas y las empresas. Si no la cumplen, tendrían que dejar sus cargos.

 

Ayer la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) informó que los saqueos que se están presentando han afectado hasta el momento a 250 tiendas del centro y sureste del país. Esto tiene que parar.

 

Nada tienen que ver el descontento popular y las protestas contra el ‘gasolinazo’ con que la gente entre a robar en masa a ningún establecimiento.

 

En redes sociales se intenta desestimar estos conflictos sugiriendo que se trata de disturbios organizados, pagados o alentados desde el gobierno para desviar la atención o para justificar una supuesta represión que no se ha dado, contra las manifestaciones por el aumento a las gasolinas. Claro que puede ser, al menos en parte.

 

Otros más minimizan el asunto y justifican el huerto dado que dicen ‘los gobernantes también lo hacen’. ¡Cuidado! Nada justifica que alguien se comporte de mala manera porque alguien más lo hace o porque le paguen.

 

Nuestra exigencia por lo tanto debe centrarse en la garantía de seguridad y en que se castigue, que no haya impunidad para ninguno que cometa un delito tan serio como el robo, sin importar si se trata de corruptos funcionarios del gobierno, miembros de organizaciones políticas o ciudadanos comunes.

 

Aprender a comportarse y respetar la libertad y la propiedad privada de los demás, es el signo más destacado de civilización. Sólo se desarrollan y progresan las sociedades que practican dicho respecto. Enseñemos en casa estos valores y demandemos a las autoridades que cumplan con su deber.

 

El caos, la violencia y el robo, nos llevan hacia la barbarie y la tenemos que evitar a toda costa.

 

Desde luego, el gobierno tiene que ser el primero en respetar la libertad y propiedad de sus ciudadanos. Por eso debe quitarnos lo menos posible en impuestos, ya que éstos son también una confiscación de la propiedad privada.

 

Ahora bien. No podremos tener aquí un gobierno que cobre bajos impuestos mientras no minimice también su gasto. El dispendio, el crónico déficit fiscal que hemos padecido es una causa central de la debilidad de las finanzas públicas y del peso.

 

El problema del gobierno no es de ingresos, sino de su enorme gasto deficitario.

 

En un entorno tan adverso para México con Trump en la presidencia de Estados Unidos es más urgente que nunca que exista Estado de derecho pleno y auténtica solidez macroeconómica para salir de la crisis.

 

Trump ya logró que Ford cancelara una multimillonaria inversión en San Luis Potosí y ayer amenazó a Toyota con imponerle aranceles fronterizos si pretende instalarse en territorio mexicano para vender autos en la Unión Americana.

 

Es previsible que haya una cascada de cancelación de inversiones extranjeras, por lo que tenemos que atraer capital desde otras latitudes, sobre todo, desde Asia, donde están los principales acreedores del mundo.

 

En suma, a la indispensable seguridad y estabilidad macroeconómica del país, tenemos que sumarle apertura total a inversiones y mercancías del exterior, debido a que sólo el ambiente más competitivo posible puede traer los mejores precios para nosotros, los consumidores. Con grandes presiones inflacionarias encima, esto ayudaría mucho.

 

 

Estamos ante una crisis que apenas empieza y hay que dar un golpe de timón ante los retos históricos que tenemos enfrente. ¡Bienvenido 2017!

 

 

 

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