Thursday, 19 de July de 2018

Viernes, 13 Enero 2017 03:20

¿Es Moreno Valle el mejor gobernador en la historia de Puebla?




Written by  Arturo Rueda

Por eficiencia administrativa e impacto de su obra pública, Moreno Valle alcanzó en el número uno de ese ranking a Manuel Bartlett Díaz, aunque entre ambos hay una diferencia fundamental: mientras el proyecto de desarrollo económico del ex titular de Gobernación fue frenado por el impacto de la crisis económica de 1995-1996, el del mandatario en funciones fue beneficiado por el ciclo expansivo de la economía.


 

Recién confirmado su triunfo, cuando brindaba con el equipo interno en el war room del Hotel Presidente Intercontinental e incluso se deshacían las últimas triquiñuelas del ‘góber precioso’ para reventar la elección de 2010, Rafael Moreno Valle confesó ante su familia y equipo de colaboradores que su objetivo no era ser mejor gobernador que Mario Marín, sino que su objetivo era ser el mejor gobernador en la Historia de Puebla. Dicha idea la trasladó a su V Informe de Gobierno, cuando se otorgó tal título por sus logros en materia de salud, infraestructura y educación, demostrando una elemental falta de humildad.

 

Dado que alabanza en boca ajena es vituperio, muy cerca del cierre sexenal y a unas horas de presentar su último informe de gobierno, ¿puede decirse que logró hacer realidad su anhelo de convertirse en el mejor gobernador de la historia?

 

Por supuesto, que tal título grandilocuente y casi megalómano, el “mejor gobernador” de la historia, implica un rango limitado de comparación, por lo menos con los mandatarios estatales del siglo XX y la primera década del XXI. Analicemos algunos nombres.

 

Por la eficacia de su operación política, Moreno Valle sin duda alcanzó en el número uno del ranking a Maximino Ávila Camacho, quien fue capaz de imponer un dominio político de por lo menos treinta años a través de la sucesiva imposición de gobernadores, hasta que ese dominio se tradujo en un odio indisimulado entre los poblanos que culminó en su muerte por envenenamiento, misma que nunca fue investigada por lo que la historia lo clasificó con una muerte “extraña”.

 

Por la cercanía con los poblanos, Moreno Valle queda claramente mal parado ante dos ejemplos de sensibilidad política: Alfredo Toxqui Fernández de Lara y Melquiades Morales, a quienes en justicia se les pude nombrar como los gobernadores más queridos de Puebla. Ambos, con carreras políticas engendradas en el México posrevolucionario, privilegiaron el cariño y la estabilidad social a la eficacia administrativa.

 

En sus sexenios no hubo avances relevantes en la lucha contra la pobreza o el crecimiento económico, pero Toxqui y Melquiades pasaron a la historia por su cercanía con el pueblo, el número de compadrazgos que firmaron e incluso por la habilidad de saberse nombres y árboles genealógicos enteros.

 

El lado tecnocrático de Moreno Valle le impidió convertirse en un gobernador cercano a los poblanos, pues solamente en tiempos electorales era amante de los baños de pueblo. En su sexenio careció de compadres y amigos, su presencia en eventos sociales fue escasa y en prácticamente todas las encuestas desde el inicio de su gobierno se le adjudicó el adjetivo de “mamón”. El último año, más por estrategia mediática que por convicción, comenzó una nueva etapa de acercamiento con la gente para poder fotografiar correctamente.

 

Por lo menos en el 2014, el panista fue notoriamente impopular por la imposición de medidas lesivas al bolsillo de los poblanos como las fotomultas y la privatización del agua, además del conflicto con las juntas auxiliares y los hechos sangrientos de Chalchihuapan que le merecieron una condena de la CNDH.

 

Ahora sí, por eficiencia administrativa e impacto de su obra pública, Moreno Valle alcanzó en el número uno de ese ranking a Manuel Bartlett Díaz, aunque entre ambos hay una diferencia fundamental: mientras el proyecto de desarrollo económico del ex titular de Gobernación fue frenado por el impacto de la crisis económica de 1995-1996, el del mandatario en funciones fue beneficiado por el ciclo expansivo de la economía e ingentes transferencias federales que lo hicieron recibir en seis años más de 400 mil millones de pesos.

 

Desde esa perspectiva, Moreno Valle es el gobernador que más recursos ha ejercido a lo largo del siglo XX y XXI, lo que le permitió un gran programa de obra pública no siempre bien gastada o útil. Sin embargo, el gran contraste con las dos administraciones previas —Melquiades y Marín— así como el alejamiento generacional de los jóvenes que no vivieron el sexenio de Bartlett, le permite a Moreno Valle ocupar el sitio del mejor gobernador de la historia de Puebla entre los millenials.

 

Y aunque el título puede ser debatible, se trata del mejor gobernador de Puebla en el siglo XXI. Teniendo como compañero únicamente a Mario Marín, sale ampliamente ganador.

 

Cualquiera de ambos títulos, sin embargo, no es completo, dado que Moreno Valle jamás podrá competir en la querencia social que generaron Toxqui y Melquiades. Rafael aplicó la máxima de Maquiavelo: es bueno ser temido, pero es mejor ser querido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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