Lunes, 23 de Octubre del 2017
Viernes, 21 Abril 2017 02:00

Viaje a las entrañas de la ruta del Huachicol en el Triángulo Rojo

Viaje a las entrañas de la ruta del Huachicol en el Triángulo Rojo Escrito Por :   Arturo Rueda

La Encrucijada, la comunidad de Palmar, no deja de arrojar secretos ni bidones enterrados desde el 12 de marzo, cuando la ejecución de tres ministeriales aceleró el operativo para atrapar al capo ‘El Bukanas’ y su célula delictiva afiliada a Los Zetas.


La comunidad La Encrucijada, además de base primaria de operaciones de ‘El Bukanas’ y su grupo delictivo, es el pueblo de las cisternas del huachicol.

 

Por aquí y por allá, como si fueran fosas clandestinas, los cuerpos de seguridad estatales desentierran bidones, tanques y tinacos rotoplas que supuestamente el capo utilizó para esconder millones de litros de gasolina robados del ducto Minatitlán que corre paralelo a la Autopista Veracruz-Puebla.

 

Supuestamente, digo, porque hay otra teoría: que los pobladores de La Encrucijada guardaban ahí el combustible con que ‘El Bukanas’ les pagaba para atravesar sus tierras de cultivo, escarbar la tierra y perforar el ducto para instalar tomas ilegales que podían permanecer operando semanas, meses, sin que nadie se enterara.

 

Especialmente, sin que ningún cuerpo policial interfiriera con sus acciones.

 

A diferencia de lo ocurrido en meses previos, en la anterior administración, ahora hay una presencia policial permanente que genera tensión entre los pobladores que durante años fueron cómplices de la actividad ilegal.

 

Efectivos de la Policía Militar acantonados en la zona y Policías Estatales de la Secretaría de Seguridad Pública se reparten tares de patrullaje y aseguramiento de unidades que cargan el producto del hurto.

 

Para el secretario Jesús Morales Rodríguez y su subsecretario de Operaciones, José Tlachi, es motivo de orgullo que hasta el momento no han tenido ninguna baja. Ningún policía o militar muerto, a excepción de los tres ministeriales que detonaron el operativo Encrucijada que arrojó 87 detenidos, entre ellos el alcalde de Atzitzintla.

 

Un helicóptero surca permanentemente los cielos de la zona. A veces, es el del gobierno estatal y en otros momentos es de Seguridad Física de Pemex. Es la primera vez que la paraestatal se involucra tan activamente en la guerra del huachicol.

 

Porque nadie debe engañarse.

 

En la zona se vive una guerra civil donde la población está a favor de los huachicoleros y ayudan a éstos bajo la premisa de que robar combustible es correcto.

 

Así es la Ruta del Huachicol

 

Si en Jalisco existe la ruta del Tequila o la ruta del vino en Ensenada, en Puebla hay la ruta del Huachicol.

 

Una franja de 120 kilómetros que incluye a los seis municipios del denominado Triángulo Dorado.

 

Acudo al Arco de Seguridad de Palmar de Bravo invitado por Jesús Morales Rodríguez, secretario de Seguridad Pública, para atestiguar la mecánica de los operativos que les han permitido recuperar casi 2 millones de litros de combustible en los meses y días que lleva la administración de Antonio Gali Fayad.

 

Ese Arco de Seguridad, en el que no se observa ninguna maravilla tecnológica para combatir la delincuencia, en realidad es la base de operaciones de la Policía Estatal y donde se trazan estrategias con los comandantes de la Policía Militar traídos a Puebla para reforzar la batalla.

 

La zona de batalla no es en las calles de los principales municipios del Triángulo Rojo, sino en los intricados caminos rurales por donde los chupaductos mueven el combustible robado. Son rutas bandidas, intrincadas entre los sembradíos.

 

Por ser comunidades rurales, dedicadas a las siembras, los pobladores utilizan camionetas para transportar tanto los insumos de la tierra como sus productos.

 

En la guerra del huachicol, cada camioneta es sospechosa, cada vehículo y hasta cada niño apostado entre los sembradíos.

 

Son los niños ‘halconcitos’ de quienes habló a principio de año el gobernador Gali que ganan alrededor de 12 mil pesos mensuales para dar el pitazo.

 

Los convoyes de la policía avanzan lento bajo la mirada vigilante de los pobladores.

 

En la zona de Palmar, cada día, son retenidas alrededor de veinte a treinta camionetas, la mayoría de ellas con reporte de robo.

 

Para las 8 de la mañana de ayer, más de quince vehículos habían sido estacionados en el Arco de Palmar y recuperados poco más de 10 mil litros. Para el mediodía, ya eran más de 22 vehículos y más de 14 mil litros estimados, porque las mediciones oficiales las hace la PGR. El día terminó con 18 mil litros recuperados.

 

Cada vehículo retenido va cargado por bidones con capacidad de 10 a 12 mil litros. Los conductores, en muchos casos, logran escapar gracias al pitazo que los niños huachicoleros dan a los pobladores para ir a armar la escandalera.

 

Pagaban a los pobladores con combustible

 

La Encrucijada, la comunidad de Palmar, no deja de arrojar secretos ni bidones enterrados desde el 12 de marzo, cuando la ejecución de tres ministeriales aceleró el operativo para atrapar al capo ‘El Bukanas’ y su célula delictiva afiliada a Los Zetas.

 

En los alrededores, a lo largo de la semana, el SAT y la Subprocuraduría en materia de Delincuencia Organizada de la PGR intervino siete expendios gasolineros, cuatro de éstos propiedad del alcalde Pablo Morales.

 

Trato de entrevistar a los pobladores, pero ninguno acepta salir a cámara. Dicen que ellos son inocentes, que eran amenazados por las mafias de chupaductos para no denunciar las tomas ilegales. Ellos, afirman, vieron ocupados sus terrenos donde ocultaron las cisternas.

 

“Somos inocentes”, claman.

 

Pero en La Encrucijada muchas viviendas se encuentran todavía bajo resguardo policial. Acompañado por el subsecretario Tlachi, ingresamos a una de ellas, donde el 12 de marzo estaba estacionado un Corvette amarillo de súper lujo.

 

Ahí, suponen, vivía ‘El Bukanas’ que logró escapar por los pelos.

 

Militares privilegian labores de inteligencia

 

Cinco horas después de recorrer los caminos comunales de La Encrucijada y Cuacnopalan, después de revisar varios vehículos sospechosos, volvemos al Arco de Palmar de Bravo donde una nueva fila de camionetitas y camionetotas se encuentran retenidas.

 

Los policías estatales llevan la parte más ruda, porque los militares son más selectivos en sus objetivos y cero accesibles a la prensa. No quieren aparecer en medios ni dar entrevistas. Es parte de su entrenamiento porque privilegian las labores de inteligencia.

 

La tensión en la zona del Triángulo Rojo se corta con cuchillo.

  

Y eso que apenas comenzó la guerra.

Loading...
comments powered by Disqus
Loading...