Domingo, 24 de Junio del 2018
Martes, 13 Marzo 2018 02:46

“Periodista”

“Periodista” Escrito Por :   Silvino Vergara

“Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales”. Rodolfo Walsh


Recientemente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación definió qué se entiende por ‘periodista, atendiendo a los riesgos con que se presentan y la inseguridad que se ha suscitado en los últimos tiempos en el país. Cita la Primera Sala: «Cualquier definición que se dé del término ‘periodista’ debe partir del contexto de inseguridad que enfrentan los comunicadores en el ejercicio de su actividad y tener como propósito el permitir el acceso a los mecanismos de protección que ofrecen los distintos ordenamientos jurídicos a aquellos que ejercen su derecho a la libertad de expresión a través del periodismo» (Primera Sala, Suprema corte de Justicia de la Nación. PERIODISTA. LA DEFINICIÓN DEL TÉRMINO DEBE ORIENTARSE A SUS FUNCIONES. Semanario Judicial de la Federación. Publicación: viernes 01 de diciembre de 2017 10:13 h). Con esta determinación, la Corte está reconociendo la problemática que viven los periodistas por el simple cumplimiento de su oficio.

 

La Propia Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en esa misma tesis sostuvo que: “la definición de los sujetos beneficiarios de mecanismos de protección de periodistas debe incorporar a todos aquellos que, de alguna manera, cumplan con la función de informar a la sociedad de eventos de interés público”. Con esta definición judicial se puede considerar que se incluye a todo aquel que por medios masivos informa de los sucesos diarios para que sean del conocimiento de la sociedad.

 

En los últimos tiempos se observan eventos totalmente polarizados, pues, por un lado, muchos periodistas cumpliendo con su labor han perdido la vida, ocasiones de las cuales algunas se convierten en casos, desafortunadamente, emblemáticos, como fue el periodista argentino Rodolfo Walsh, célebre periodista de izquierda que publicó una carta enviada a la junta militar que gobernó Argentina a finales de la década de los 80 del siglo XX, cita en esas líneas: “En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”. Periodista éste que fuera perseguido y finalmente murió por la oposición que asumió ante el gobierno de esos tiempos. Otros periodistas, no obstante, que cumplen con su deber son olvidados con el tiempo: sus muertes o desapariciones, así como los culpables de las mismas.

 

Pero otro problema que se presenta actualmente con las noticias y la labor de los periodistas es la capacidad que se ha desarrollado en todos los lectores de un diario, en los que pretendemos enterarnos de las últimas noticias, sea por radio, TV o, bien, por las propagadas de redes sociales, de sentir una lejanía hacia las noticias más crudas y, por ello, de volverse inmune a ellas. Pasan desapercibidas o, en el mejor de los casos, son intrascendentes las muertes que causa el crimen organizado, por ejemplo, o bien, los eventos de la propia naturaleza: terremotos, inundaciones, devastaciones ambientales en general. Acontecimientos, tragedias de mujeres y hombres que se muestran por las noticias, pero hechos por los que el lector u observador no tiene la menor preocupación. Lo que ha sucedido es que la frivolidad ha invadido a la población -en palabras del sociólogo Z. Bauman (Bauman, Zygmunt. Babel ‘Conversaciones con Ezio Mauro’. Madrid: Editorial Trotta, 2017)-, frivolidad que consiste en la capacidad que cada ciudadano tiene de darle vuelta a la página de un periódico, con la que de una noticia de una inundación de miles de afectados, se pude cambiar a los espectáculos, a los deportes, a otras secciones que en menos de minutos hacen olvidar esas catástrofes que están suscitando diariamente.

 

De acuerdo con las investigaciones de Hanna Arendt (Arendt, Hanna. ‘Eichmann en Jerusalén’. Barcelona: Lumen, 2003), la técnica de la lejanía entre el genocidio y las personas (el que se haya hecho uso de campos de concentración en los tiempos del nazismo) y dado que las muertes en masa no fueron recriminadas por la propia sociedad alemana, esa organización de la muerte, es decir, la burocratización de los homicidios es lo que -a ojos suyos- pudiera volver a causar otro genocidio en este siglo. Y lo cierto es que así ha sucedido después del nazismo, por lo menos aquí en América latina, lastimosamente, donde se ha provocado, de acuerdo con el juez de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos Eugenio Zaffaroni, un genocidio ‘por goteo’ (Zaffaroni, Eugenio Raúl. ‘El Derecho Latinoamericano En La Fase Superior Del Colonialismo’. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo, 2015), pues aparecen cuerpos y hay homicidios por todos lados. Ante esta realidad que vivimos: ¡vaya papel de los periodistas! Un oficio tan complejo y, por ello, de mucha responsabilidad.

 

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