El hecho de que haya sido una mujer, Josefina Vázquez Mota, la ganadora de la jornada interna del PAN para contender en la carrera por la presidencia de la República, a las mujeres nos lleva del júbilo a la satisfacción, al reto y al compromiso.
Y es que está demostrado que, independientemente de las repudiables “cuotas de género”, las mujeres hoy dan muestra de su preparación, de un intenso trabajo que las forma, las mete en el escenario y de acuerdo a las enseñanzas, deciden su rol.
Con este caso se comprueba que las cuotas, dádivas, recomendaciones y otras historias quedaron en el pasado. Hoy las mujeres están en el nivel para el que se preparan de acuerdo a su proyecto personal.
La competencia para llegar a esta posición no fue fácil. Como tampoco fácil será el camino para continuar hacia adelante y enfrentarse a dos figuras como el perseverante Andrés Manuel López Obrador o a la estrella del canal que las fabrica.
Cúantas ocasiones no habrá escuchado de Vázquez Mota el consejo de “¡déjalos que se hagan bolas!”, pero aquí lo importante fue la actitud quijotesca de: “me doblo pero no me quiebro”.
¡Bien!
¡Bien por ella!
Y desde luego, bien por la democracia y por darle un voto de confianza a la madurez política que hoy puede presumir México ante cualquier nación.
Si bien en el pasado nos llenaron de vergüenza y coraje las famosas “Juanitas”, hoy llegamos a un punto en la historia de México del que no hay retorno y, por el contrario, las mujeres tenemos que rebasar el puntaje de Josefina Vázquez Mota que sin necesidad de recurrir a juegos sucios y denigrantes logra la posición histórica de figurar en las boletas para elegir presidente de México el próximo 1 de julio.
Y todo producto del trabajo, esfuerzo y dedicación, de incursionar en nuevos terrenos del aprendizaje de la vida política con las experiencias del día a día.
Y por si fuera poco, sin faltar a sus tareas primarias de ser madre de tres hijas y esposa de un hombre que también ha jugado un papel importante con su comprensión, apoyo y discreción.
Si no todas las mujeres en este país tenemos aspiraciones de llegar a ser candidatas a la Presidencia de la República, tampoco debemos de mantenernos en la pasividad, la contemplación y a la sombra.
La historia nos da la oportunidad de intercalarnos en el terreno que mejor nos satisfaga, pero siempre con el compromiso de no fallarnos a nosotras mismas, ni a las de nuestro género y mucho menos a la sociedad en la que estamos inmersas, y a México.
¿Por dónde comenzar?
Por cumplir con nuestro papel histórico, desde la posición más modesta, recordando que si hubo un pastorcito que llegó a ser Presidente de la República, la incursión de las mujeres apenas comienza a asentarse en las páginas de la historia.
¿A qué estamos dispuestas?
A ser.
A hacernos respetar, sin poner en barata nuestra condición de género.
Por lo que hoy sólo tenemos que sumar y sobre todo aprender a sumar y multiplicar sin temores ni dudas, como suelen multiplicarse al final del día en la vida de muchas mujeres.
¡Ya no más de lo mismo!
Es nuestra hora y nunca es tarde.
Nuestro momento comenzó desde Sor Juana Inés de la Cruz, desde Carmen Serdán, pero nunca es tarde, Josefina Vázquez Mota dio el campanazo sin llegar a los excesos de otra luchadora de respeto —pero con excesos por momentos— como la hidalguense Xóchitl Gálvez, que un día se reveló y dejó de recorrer largos caminos para ir por el agua y aguantar la brutalidad del alcoholismo de los suyos.