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La Manzana
Irma Sánchez
A los 80 años de Enrique Montero
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| Enrique Montero Ponce festejó sus 80 años de vida en una fiesta donde la crema y nata de la política acudió a la celebración. En la gráfica, Montero Ponce, Mario Montero y Enrique Agüera Cambio Foto/ Archivo/ Tere Murillo |
Parafraseando en todo momento al uruguayo Eduardo Galeano y rodeado de los amigos que ha sumado a lo largo de su multifacética vida, el maestro Enrique Montero Ponce llegó feliz, pleno, vigoroso, lúcido y fuerte a sus 80 años de vida y 60 de periodista.
Rodeado de amigos convocados en el Club de Empresarios de Puebla por su hijo Mario Alberto Montero Serrano —hoy convertido en Secretario de Gobernación del gobierno marinista— antes de levantar su copa para brindar, refrendo la esencia de su filosofía: “La vida hay que vivirla sin miedo”.
Y en su caso particular habría que añadir que con jornadas de trabajo periodístico que comienzan ante el micrófono a las 5 de la mañana con 45 minutos, llueve, truene o relampaguee.
Orgulloso, recordó en su fiesta que “lo importante no es llegar a los 80, sino cómo llegar”.
Erguido, enfundado en sobrio traje azul marino emocionado y orgulloso recordó que “hay quienes llegan a los 80 dando lástima, pero… hay quienes llegan provocando envidia”.
Acompañado en su mesa por su amigo Mario Marín Torres hoy convertido en gobernador de Puebla; su hijo Mario Alberto Montero Serrano; su nieto Mario Alberto Montero Rosano; su socio Jaime García Calderón; la presidenta municipal de Puebla, Blanca Alcalá Ruiz; sus amigos: el empresario Jaime Pérez Avellá hijo, Pedro Ángel Palou Pérez, Emilio Maurer, Guillermo Jiménez Morales, Guillermo Pacheco Pulido, Rafael Moreno Valle Sánchez y Guillermo Deloya, hoy secretario particular del gobernador.
El cumpleañero hizo un sucinto recuento de su vida profesional a lo largo de la cual ha sabido mantener muy buena relación con los gobernadores a partir de Fausto M. Ortega, Antonio Nava Castillo, Aarón Merino Fernández, Rafael Moreno Valle, Gonzalo Bautista, Guillermo Morales Blumenkron (con el que pudo entablar una comunicación especial por ser hombre de radio); Alfredo Toxqui Fernández de Lara (que había sido su maestro de biología en la secundaria) y Guillermo Jiménez Morales —aquí se brincó a Mariano Piña Olaya con quien la relación resultó ríspida—.
Y el recuento lo continuó con Manuel Bartlet Díaz (con quien estableció una muy buena relación que hasta el momento perdura); Melquíades Morales (con quien no fallaba los sábados a desayunar en casa Puebla); y hoy con Mario Marín (a quien lo unen lazos afectuosos con tintes hasta paternales desde sus años de estudiante de la carrera de Derecho).
En su recuento no podía faltar la anécdota que siempre platica en torno al impacto que le provocó su despertar a la vida política: la escena que le tocó presenciar a los 12 años en las elecciones almazanistas, cuando pistola en mano y en medio de una lluvia de disparos presenció el robo de urnas.
Atentos a su interesante narrativa sus amigos de siempre Nacho Cazo Menéndez, Alberto Pellico Agüeros, Carlos Álvarez García, Julio Barberán, Pepe Cazo Menéndez, Álvaro Porta López, los hermanos Bianchini, Memo y Joaquín, con quienes, por cierto, caminando una madrugada de hace casi cuatro décadas por las calles de Brodwey, surgió en su creativa imaginación la inquietud y hasta necesidad de llegar a Puebla y hacer un programa de radio, surgiendo así Esquina Radiofónica, años mas tarde Tribuna Radiofónica.
Y mientras el festejado insistía en su aventura de “vivir la vida”, recordaban hazañas y muchas anécdotas vividas y compartidas sus amigos Luis Enrique Fernández, Paco Bada, Fernando Rodríguez, los doctores Gerardo González —otro hijo hoy convertido en prestigiado oncólogo— y Alberto Gómez —hoy cirujano plástico de moda hijo de su amigo de mil batallas el doctor Alberto Gómez García—.
Su “viejo equipo” Pilar Bravo Martínez, Hilda Luisa Valdemar, Isaac Wolfson, Socorro Garate, Silvia de Julián, quien esto escribe y su súper secretario Carlos Figueroa.
Celia María de Olarte y su esposo Felipe, Eduardo Merlo Juárez,
Javier Gutiérrez Téllez.
La nueva generación encabezada por Gabriela Cruz, Isaac Mendoza, Verónica Aburto, Ilia Zambrano, Liliana Tecpanécatl, Rocío Moreno, entre otros muchos talentos que vienen con muchas inquietudes y no menos talento.
A la hora de apagar los números 8 y 0 se sumaron al coro para entonar las mañanitas amigos como Manuel Villa Issa, Valmiky López Mena, el padre Eugenio Lira Rugarcía, América Soto, Luis Cubillas, el empresario taurino Pepe Huerta, su hermano Gabriel Huerta Ortega, hoy presidente del Consejo Coordinador Empresarial.
Equipo especial y de primera el del Club de Empresarios que con su presidente Toño Yitani no descuido detalle para ofrecer el mejor marco para la fiesta que fue amenizada por los valores musicales que promueve Don Enrique a través de su programa de aficionados, quienes juntos lograron un gran show interpretando los éxitos de las últimas décadas.
Con muchos proyectos en la cabeza no faltaron “el rey del pañal” Gilberto Marín Quintero; el diputado federal Paco Fraile; los diputados locales José Othón Balleres; Pablo Fernández del Campo; Eduardo Rivera Pérez; Javier López Zavala; Enrique Agüera Ibáñez.
Amigos como Pepe Hanan Budib, Enrique Núñez, el líder del raiting Javier López Díaz, Carlos Martín Huerta, Felipe Flores Núñez, Marco Antonio Ponce de León e Iván Mercado.
Amigas como Coral Castillo, viuda de Cañedo, Lucero Lemini viuda de Alatriste, el inolvidable Fernando García Limón, Víctor Manuel Carreto Pacheco, Joaquín Villar y Javier Lugo.
Y entregados en la gran fiesta en otras mesas Arturo González, Alberto Jiménez Merino, Darío Carmona, José Joaquín Fernández, Erika Rivero y el especialista de las encuestas Elías Aguilar.
Entre otros que han disfrutado de la amistad del homenajeado Enrique Montero Ponce, de su amena charla y sus ricas y variadas anécdotas como Rodrigo López Sáinz, Enrique Núñez, Ismael Bermejo, Alejandra Fonseca, Fernando Turrent, entre otros de los 120 invitados.
La comida de los 80 de “Don Henry”, hay que destacar, que se prolongó hasta la media noche, a toda pasión como ha vivido y anunció que seguirá viviendo el periodista.
Ya en corto, con una docena de amigos Don Enrique que no sabe vivir sin un micrófono en la mano, en su fiesta lo utilizó para cantar, luego de que su hijo Mario le cantó una de sus favoritas: “A mi manera”.
Y así es como “a su manera” comenzó a transitar por sus 80 años y más, decidido a disfrutar cada uno de los días que le resten de vida, a lo que recordó la longevidad de su progenitora Anita quien partió de este mundo a los cien años.
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