Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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11/01/2013


Pepe Chedraui ya dijo adiós, quedan los Enriques


La dupla de César Camacho e Ivonne Ortega en el CEN tricolor tiene prisa. Su futuro sexenal depende de los resultados que obtengan en las 14 elecciones de 2013. Peña Nieto premiará o castigará el rendimiento electoral que le den. Triunfos apretados o derrotas marginales en las plazas más importantes —la gubernatura de Baja California y las alcaldías de Veracruz, Puebla y Oaxaca— impedirán su acceso al gabinete presidencial. Victorias arrolladoras les harán merecedores de medallas. Se trata de dos exgobernadores: no tiene premios de consolación. Su grito es patria o muerte. Viene por todo: mejor hacerse a la idea desde ahora.


El amigo del presidente —como se ufanaron en inflarlo durante varias semanas los periodistas morenovallefóbicos— recibió la pinche señal en los días decembrinos, pero no era la que esperaba. José Chedraui Budib, quien por algunos días tuvo el delirio de convertirse en alcalde de Puebla capital, será candidato a diputado local según le indicaron desde el Comité Ejecutivo Nacional del PRI. Peña Nieto no juega con improvisados ni con inventos. La amistad no gana elecciones, escribió acertadamente el quintacolumnista: Pepe Chedraui no será un caso de éxito. Por lo menos en 2013.


El candidato a la alcaldía será uno de los Enriques: Agüera o Doger. Pero a César Camacho le urge poner orden en el tablero ante la explosión de aspirantes a diputados, presidentes municipales o regidores. Hasta 10 se cuentan en los municipios más importantes como San Andrés Cholula, Tehuacán, Huauchinango, Atlixco y Teziutlán. El retorno al viejo sistema político nos hace retroceder al antiguo mecanismo de los premios de consolación: no hay candidatura, pero hay apoyos, posiciones dentro del partido, chamba en el gobierno federal. El clásico chantaje que operó por décadas exitosamente. El retorno de las viejas formas.


Para ordenar la carrera César Camacho Quiroz va a enviar dos delegados: uno específicamente para arbitrar la batalla de los Enriques por la candidatura y para repartir los premios de consolación. El otro delegado se encargará del resto de las candidaturas. ¿Puebla no es prioridad? ¿Dos delegados? ¿Alguien se quiere seguir engañando?


El PRI, sin embargo, lo que no tiene es prisa para escoger a alguno de sus Enriques. ¿Por qué? Porque son los dos mejor posicionados, y sus niveles de conocimiento y potencial de voto son muy superiores a los aspirantes del morenovallismo. César Camacho se va a sentar a esperar a ver cómo resuelve Moreno Valle el entuerto de la nueva megacoalicón, el reparto de posiciones y cómo hará para librar el veto que el Yunque tiene sobre Antonio Gali, que no es otra cosa más que una presión extra para obtener otras prebendas.


Pero la dupla del CEN tricolor tiene ojos para todo, y sorpresivamente asestó un golpe al morenovallismo al bloquear a Elías Abaid Kuri en su llegada a la dirigencia estatal del Partido Verde, un hecho que ya se daba por consumado. El diputado, claro, tiene un conflicto de interés porque su suegro se perfila para convertirse en el candidato panista a la alcaldía. Para evitar tentaciones, César Camacho pidió suspender el relevo, quizá a petición del mismo Juan Carlos Natale que aprovechará para mantener a la franquicia en su poder.


El Revolucionario Institucional, pues, no está para juegos. La última pieza se encuentra en el viejo engranaje con el gobierno a través de la designación de los delegados federales. La selección de los perfiles precisamente se ha retrasado con el objetivo de incrustar a los cuadros que puedan apoyar la operación electoral del PRI a través de los programas y apoyos de la administración peñanietista.


Mientras tanto, el presidente continúa su distancia con Puebla y el morenovallismo: en el horizonte la única presencia confirmada, de momento, será hasta la inauguración del Tianguis Turístico en marzo, cuando ya se haya terminado su periodo de los cien primeros días de gobierno. ¿Así o más claro?

 

La eficacia gubernamental se ancla en la eficacia electoral: el PRI de Peña Nieto gana elecciones para mantenerse en el poder y recuperar los espacios perdidos en 12 años de panismo. La primera batalla está a punto de comenzar.

 

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