Se reencuentra Marín con Aquiles Córdova

 

Testifica Antorcha “luna de miel” entre edil capitalino y gobernador

 

Héctor Hugo Cruz Salazar

 

La “luna de miel” entre el gobernador Mario Marín y el alcalde Enrique Doger se dejó sentir, ver y escuchar en el sur de la ciudad.
El marco fue la entrega de obras en la colonia Balcones del Sur, que también sirvió como escenario para el reencuentro del mandatario con Antorcha Campesina.
¿Testigos? Más de cinco mil antorchistas, encabezados por su líder nacional, Aquiles Córdova Morán, y el estatal, Juan Celis Aguirre, quienes literalmente echaron la casa por la ventana y rindieron tributo a las autoridades estatal y municipal.
Los antorchistas hicieron lo propio y se desvivieron en elogios.
A Doger lo presentaron como el alcalde en cuyo trienio “se ha hecho mucho más por las colonias del sur que en cualquier otro… Claro, a excepción de cuando fue presidente municipal el actual gobernador”.
A Marín lo presentaron como el “amigo de los antorchistas, hombre sensible y trabajador, que viene como nosotros de las zonas más marginadas y pobres y que ha trabajado mucho por el progreso del estado y de la capital”.
Cuando habló Doger, no dejó de mencionar al gobernador y hasta pidió aplausos para éste por el trabajo que ha hecho a favor de la capital.
Marín, por su parte, dio su espaldarazo al alcalde de Puebla y en más de tres ocasiones, durante su discurso, reconoció su trabajo y hasta dijo que ambos trabajan de la mano “para el desarrollo de Puebla”.
Marín y Doger sólo se separaron cuando cada uno tomó la palabra.
Desde su llegada, a bordo de la camioneta del mandatario, no se separaron. Caminaron juntos, sonrieron, posaron para la foto, recibieron peticiones, volvieron a sonreír, platicaron, caminaron, se sentaron, platicaron, se rieron, se despidieron y se fueron juntos otra vez.
La “luna de miel” no ha terminado.


Antorcha demostró nuevamente su poder de movilización.
Por lo menos cinco mil miembros de su gremio llegaron a abarrotaron un campo de béisbol de la colonia Balcones del Sur.
Como siempre, los antorchistas se comportaron como verdaderos “soldados”.
Siempre esperando las órdenes de sus jefes para gritar, echar porras, aplaudir y vitorear a sus líderes y a las autoridades.
Bastaba con que uno de los líderes locales levantara la mano y soltara un grito para enseguida ser secundado por las voces de miles de antorchistas casi al unísono.
Las porras fueron, primero para la organización, después para su líder nacional, más tarde para el gobernador y al final para el alcalde. Los antorchistas demostraron “su cariño” por el líder nacional a quien durante los más de 40 minutos que habló sobre la pobreza, la marginación y criticando a los gobiernos federales, no dejaron de aplaudirle, lanzarle vivas y porras.
Atentos, los antorchistas esperaban el momento idóneo para vitorear a su líder: “¡Maestro Aquiles, tú eres nuestro líder!”, gritaban una y otra vez.
Don Aquiles Córdova se dejaba querer.
Ante la multitud congregada y para evitar cualquier desaguisado, los antorchistas prepararon un exagerado operativo de seguridad que incluyó a no menos de 20 de ellos para hacer una valla humana frente a la mesa principal donde se sentaron las autoridades estatales y municipales, además de sus líderes.
Los antorchistas no se pararon ni un sólo segundo de sus asientos. Nadie estaba en los pasillos que hubo entre el sillerío durante el evento.
Al finalizar el evento, tras la orden de uno de sus líderes locales, los antorchistas se levantaron y casi al mismo tiempo cerraron sus sillas metálicas, formaron filas y comenzaron a entregarlas a otro grupo que las acomodaba para subirlas a su camión.
En filas salieron ordenados rumbos a los cientos de autobuses que alquilaron para llegar al evento y regresar a sus casas, sin hacer otra cosa, que seguir las órdenes.


Aquiles Córdova no paró de hablar por más de 40 minutos.
Desde el estrado, el líder nacional de Antorcha se lanzó con todo en contra de “los ricos”, los políticos, los gobiernos y los candidatos que todo prometen y nada cumplen.
Ni Marín ni Doger se sintieron aludidos o al menos así se mostraron.
Aquiles Córdova criticó la mala repartición de la riqueza y dijo que los mexicanos estaban “más jodidos que hace 100 años cuando no existía la democracia entre comillas”.
Por ello llamó a todos los pobres a unirse, a educarse y organizarse para exigir, no pedir, a las autoridades que les dieran lo que merecían y lo que por derecho les correspondía.
El final de su discurso fue con un “chiste para la reflexión”.
“Un día llegó un hombre muy débil a ver al doctor. Cuando llegó a su consultorio le dijo: ‘Doctor, no puedo trabajar, no puedo pensar, no puedo hacer nada porque estoy muy débil’. El doctor lo miró y le recetó que comiera diez huevos en la mañana, diez huevos al medio día y diez huevos por la noche. El hombre entonces le preguntó al doctor: ‘¿oiga, que no son muchos huevos?” ‘Sí, porque eso es lo que te falta’, le dijo el doctor”.
Luego del chiste, Aquiles les dijo a los antorchistas que incluyeran en su dieta los diez huevos tres veces al día “porque también eso es lo que nos falta para exigir lo que debemos tener”.

 

 


 
 
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