'Ojos que sí ven...'15:09



Guadalupe Loaeza

 

En esta Navidad, no nada más hay que pensar en los juguetes que les regalaremos a nuestros hijos, hijas, nietos y nietas; también hay que acordarse de los menos afortunados, no nada más en términos económicos, sino en los y las niñas que han sido víctimas de la explotación infantil, un problema que está allí, pero que desgraciadamente nuestras autoridades se niegan a enfrentarlo a cabalidad.

 

Ellas son dueñas de unos ojos que no ven..., que no quieren ver, que se niegan a abrirlos, por más que existan miles de denuncias, testimonios, estadísticas y libros tan importantes como los de Lydia Cacho, Los demonios del Edén y Memorias de una infamia. En el primero denuncia a la mafia de la pederastia en México, involucrando a personajes de triste memoria como Kamel Nacif y Jean Succar Kuri (líder de una organización de pederastas) y en el segundo, describe la historia de su secuestro (orquestado entre Nacif y el "góber precioso"), la tortura, las amenazas y los abusos policiales de los que Lydia fue objeto.



Pero afortunadamente ni Lydia ni todas las víctimas de las redes de pederastia están solas. Allí está la valiente renuncia, del viernes pasado, de la ex fiscal para delitos contra las mujeres de México, Alicia Elena Pérez Duarte, como repudio al fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, precisamente en el caso de Lydia Cacho: "Yo, como la mayoría de los mexicanos, recibí con consternación lo que sucedió en la Corte en relación a Lydia Cacho. Cuando oí la votación me avergoncé profundamente de formar parte del sistema jurídico y de justicia de nuestro país", dijo Pérez Duarte, cuando se enteró que la mayoría en la Corte había declarado que "no hubo violaciones graves" (EFE).

¿A qué se deberá que las que han denunciado o han manifestado su repudio públicamente respecto a esta cruda realidad de la explotación infantil sean mujeres? Lo digo porque apenas a principios de noviembre se publicó otro libro que aborda el tema, cuyo título lo dice todo: Ojos que sí ven... La explotación infantil (editorial Miguel Ángel Porrúa y Cadenas Humanas). En este caso específico, los ojos que sí quisieron ver fueron los de Cristina Alcayaga, gracias a un trabajo colectivo en el que se documenta la participación de universidades, organizaciones sociales y hoteles, así como el Consejo Coordinador Empresarial, agrupaciones que enfocaron sus energías, sensibilidades, recursos e inteligencias hacia el combate y la prevención de la explotación infantil y la pornografía, y que, para tales efectos, logró poner en marcha la adopción de un código de conducta y logró la transformación del Código Penal en materia de niñez de Quintana Roo, antes de que se aprobara la reforma constitucional.

Es cierto que para este tipo de problemas tan graves y complejos como es la explotación infantil, resulta mucho más fácil cerrar los ojos, tal como hicieron las ministras doña Olguita y doña Margarita, además de los otros cuatro ministros varones que votaron a favor de Marín. ¡Cuánta hipocresía, porque los discursos políticos hablan de la gran preocupación por las generaciones futuras! Para muestra un botón: veamos el trato presupuestario que los gobiernos del mundo dedican a la salvaguarda de los derechos de la niñez. De acuerdo con la UNICEF, el negocio de la explotación sexual y la pornografía infantil moviliza al año aproximadamente 20 mil millones de dólares, mientras que los recursos que esta organización recibe para financiar sus proyectos y programas en beneficio de la niñez alcanzan los mil millones.

Respecto a la obra Ojos que sí ven... curiosamente su autora los tiene enormes, unos ojos que durante dos años investigaron a fondo el problema de la explotación infantil en Quintana Roo y quien, además, contara con un apoyo decidido como fue el de Narcedalia Martín de González, Amalia Renovales, Margarita Martínez y Martha Taracena. Hace unos días le hice a Cristina Alcayaga una pequeña entrevista a propósito de su libro.

-¿Por qué escribir sobre este tema?

-Porque es un tema que no es visible, aunque está en nuestra realidad mexicana, las autoridades no quieren enfrentarlo. El libro se trata de un trabajo singular, entre otras razones, porque proyecta el relato del andar de las múltiples organizaciones, no siempre fácil, desde el punto de vista del actor-participante, lo que le añade un toque vivencial y de cercanía. Exhibe un claro énfasis analítico, que se pone de manifiesto en la aplicación del lenguaje sociológico y en el tratamiento sistemático de los hechos como contingencias, nunca como fatalidades.

-¿Por qué el título tan sugerente?

-Porque el título del ensayo echa luz sobre sus propósitos: interpelar a los ojos que no ven, provocarles una disonancia y mostrarles que, detrás de los obstáculos que separan al mundo ideal del mundo realmente existente, existen oportunidades de mejora, si se actúa colectivamente, con inteligencia y con convicción.

-¿Qué objetivo persigues con tu libro?

-Cada uno de los capítulos que lo integran constituye un aporte particular al objetivo general: promover las condiciones para extender el frente de lucha a favor de la dignidad de la niñez. En tal sentido, los primeros capítulos intentan documentar la amplitud e intensidad de las prácticas de la explotación infantil, dilucidar la naturaleza y perspectiva de ellas en tanto desafío global y local, y conocer las respuestas de política que la comunidad internacional ha venido impulsando.

-¿Qué te ha dejado esta experiencia?

-El ratificar que si la sociedad se organiza pude transformar la realidad por más dura que ésta sea. Mi libro tiene muchos datos, todos comprobables, por eso me tardé tanto tiempo en hacer la investigación porque documenta el fenómeno como un problema global que se aterriza en una comunidad y que las redes de Internet que tampoco están legisladas permiten a través de ellas, que los delincuentes atrapen a los niños con fines pornográficos.

Por último hay que decir que faltan 23 estados de la República que no han modificado sus códigos en materia de infancia. Hay que decir también que no es delito penal la explotación infantil y que quien la cometa en esos estados puede hacerlo impunemente. Por lo tanto no se generan tampoco políticas públicas a favor de los niños.

¿Qué le puede decir México a los niños y niñas que se agravian diariamente en esta época de Navidad y en otras?

 

 

 

 

 


 
 
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