'Adoptan' obra oaxaqueños


Ninguna de las esculturas de Javier Marín expuestas en el MACO sufrió daños por el conflicto


Julieta Riveroll / Agencia Reforma

En los cuerpos rotos y los rostros dolidos que dan forma a la escultura sin título de seis metros de altura de Javier Marín (Uruapan, 1962), los oaxaqueños vieron una metáfora del conflicto que vivían.


La pieza, que comenzó a exhibirse en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) el mismo día en que la Policía Federal Preventiva entró a la ciudad, fue bautizada por algunos visitantes como Oaxaca, por considerarla un reflejo de su realidad.


"Algunos visitantes pudieron pensar que la pieza se había hecho para la exposición, porque los cuerpos fracturados eran como una metáfora del tejido social en Oaxaca. La verdad es que la seleccionamos hace más de un año y coincidió", explicó Femaría Abad, directora del MACO.


La columna de resina, expuesta en uno de los patios del recinto, sorteó los canicazos y los gases lacrimógenos lanzados por la PFP el 25 de noviembre en su enfrentamiento con la APPO sin sufrir daño alguno, al igual que el resto de las obras que integran la exposición Javier Marín, que permanecerá abierta hasta fines de enero.


"Resistieron estoicas el combate", dijo la coordinadora de exposiciones Cecilia Mingüer, para quien la escultura ha sido el imán que ha atraído a gran parte de los 6 mil 332 visitantes que el museo tuvo en diciembre.


Marín asumió los riesgos de trasladar la decena de esculturas monumentales en cuatro tráilers que se abrieron paso en el Centro Histórico cuando las calles estaban tomadas y también de exhibir sus obras en los patios.


El hecho de que la exposición itinerante, que después de dos años tiene a Oaxaca como último destino, se abriera en el momento más crítico del conflicto dio al artista la posibilidad de solidarizarse con quienes deseaban mantener abiertos los espacios culturales como una forma de resistencia.


"Estar ahí fue lo más importante que me ocurrió en el año. Había un ánimo raro y la gente tenía sentimientos encontrados, pero estaba agradecida porque no deserté", señaló Marín.


El MACO sólo cerró dos días durante el conflicto y se salvó de los graffitis pese a estar ubicado en Alcalá 202, en una de las esquinas de mayor conflicto, a dos cuadras del Zócalo y del Centro Cultural Santo Domingo.


"Oaxaca se vació, todo esto era un sepulcro y el museo se convirtió en un acto de fe en que el lenguaje del arte puede modificar los hábitos de convivencia. Fue una odisea recibir y montar las piezas, pero Marín nunca habló de cancelar la exposición. El MACO fue la única institución del gobierno estatal que no cerró sus puertas ni fue tomada. En medio del conflicto, siempre nos respetaron", dijo su directora.


 
 
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