Adiós, mi parafernalia querida, adiós


Arturo Rueda

 

Atrás quedaron las muchedumbres y el ejercicio ostentoso del poder. Adiós a la parafernalia. Adiós.


En su lugar, aislamiento. Blindaje. Cuerpos de represión que traen el reposo de la seguridad.  Si nadie puede penetrar, nadie puede gritarme precioso, asqueroso. Si sólo mis incondicionales son invitados, nadie se atreverá a faltarme al respeto.


Cuidadosamente seleccionados. Sólo 200. Nadie más. Nada de jóvenes y estudiantes. Sólo aquellos que puede ser arrastrados al abismo si hago el ridículo o pierdo el poder.


Incluso adiós a la corbata verde marinista que tantos triunfos regaló.


En su lugar, una prenda de color naranja dio paso a la indecisión del mandatario y a su larga parrada de incoherencias.


El Congreso vivió ayer un largo sopor.


Una interminable retahíla de cifras, logros, cifras, logros que atiborraron un discurso lleno de vacuidad.


Porque lo único que hubiera tenido sentido en un informe era decir la verdad. Lo único que no podía ofrecer Marín.


Así, todos decidieron  dormir para fugarse de la cansina realidad.


Nadie está en contra de las mentiras.


Pero por lo menos que las digan rápido.


Hora y medias de rodeos incoherentes para llegar a la reductio al absurdum.


Al final, lo único que produjo el discurso del precioso fue somnolencia en todos los asistentes.


Y maldiciones a Xavier Gutiérrez por no repartir cojincitos para acurrucarse mejor.

 

*** El recinto del Congreso estuvo escaso en personajes nacionales, lo que mostró la soledad del precioso.


Pocos, muy pocos personajes. Apenas tres gobernadores. La cuota más escasa desde hace tiempo. Y eso que el de Tlaxcala siempre viene a chaleco.


De última hora Calderón le retiró el permiso a Javier Lozano para venir a Puebla. El presidente no quiso mensajes erróneos y apenas mandó a un funcionario de segundo nivel.


El recado es claro: “nada con Marín”.


Mariano Palacios Alcocer salió verdaderamente molesto del recinto por perder inútilmente tantas horas de su vida. A uno de sus acompañante confesó que era increíble escuchar un informe así, más del México agrícola que de la globalización y los avances tecnológicos.


Y es que el líder nacional del tricolor no sabe que la máxima aspiración de nuestro personaje es ser un nuevo Benito Juárez.


Por ahí, perdidos en el flanco izquierdo, Billy Álvarez y Víctor Garcés de Cruz Azul.


El mafioso obispo de la Iglesia ortodoxa, Antonio Chedraui, escoltado por Adolfo Karam.


Por ahí también apareció Manlio Fabio Beltrones. ¿Será que el presidente del Senado está con Beatriz?
¿Y el resto de los gobernadores priistas?


¿Y Emilio Gamboa?


¿En qué lugar vive la soledad?

 

*** La oposición, como siempre, se quedó en su tradicional ya merito.

 

Con todo el escenario para lucirse y amargarle el acto, el panismo se escondió en las enaguas de Augusta Díaz de Rivera, quien llevada más por el protagonismo que por la indignación, portó una playera que con minúsculas letras rezaba el ya tradicional ¡Que asquerosidad es esto!


Lo malo es que la protesta duró los cinco primeros minutos del discurso. Después Augusta se cansó y procedió a tomar asiento. Volvió a levantarse cuando el nombre mágico “Lydia Cacho” se escuchó en el recinto. Nuevamente tomó asiento. Y no volvió a alzarse.


El neo opositor Héctor Alonso, convertido a la religión del “Niño Naranja”, protagonizó una tímida interpelación al gobernador, cuando reclamó recursos para su distrito. Después de la sonrisa retadora de Marín, solito Alonso se sentó.


Antes, eso sí con muchos güevos, levantó la pancarta del escándalo “Gobierno de nueva generación. Nueva generación de políticos ricos. Basta”. Quizá el arrebato fue producto de la nostalgia por dejar de pertenecer al grupo de nuevos ricos.


Antes, el niño que dejó de ser niño gracias las artes de una buena mujer, había declarado su apoyo a Marín sin ruborizarse.


¿Será el amor?

 

*** A falta de personajes y muchedumbres, Marín se refugió en los incondicionales de siempre.


Detrás de él, en orden jerárquico, se encontraban sus mediocres pretorianos. El más querido, Babuino López Zavala, exactamente detrás suyo, flanqueado por Javier García Ramírez, el capo di tutti capi.


A la izquierda, el dueño de la lavandería más grande de Puebla, Gerardo Pérez Salazar, cercado por dos zavalistas de hueso colorado, Alejandro Armenta y Darío Carmona, estrenando bigote para parecerse a Pedro Armendáriz.


A la galería de la izquierda, los magistrados del Tribunal Superior de Justicia y los pobres, muy tristes, cuatro diputados federales del PRI.


Ah, y el rector marinista, Enrique Agüera, a quien le tocó el espaldarazo del día.


En la galería derecha, el compadre Vale y el cero a la izquierda Montero. El dinosaurio Guillermo Jiménez Morales y Alfredo Arango.


Los únicos cómodos para descansar tranquilamente fueron los directores de los medios cómodos, quienes desde el anfiteatro se dedicaron a reír con cada incoherencia.

 

*** Al final, Marín traicionó su autismo y se rindió a la realidad, cuando ya todos los asistentes se encontraban en estado autista.


Aunque había prometido no mencionar el nombre de aquella ingrata que provocó su caída, no pudo evitarlo.


Pesa más la rabia que el cemento, canta Shakira.


Una nueva negación para reafirmarse: “no cometí ningún delito”

 

Pero a esa hora, ya a nadie le interesaba nada, más que la tortura cesara.

 


 
 
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