_
Invitado Especal
La Quintacolumna


El contenido de las columnas y de opinión son responsabilidad de quien las escribe y no reflejan precisamente la linea editorial de este medio

  Rinden homenaje a Basilio, el policía caído

Elvira, su esposa, y sus cuatro hijos sufrieron las consecuencias del oficio de su padre

 

El uniformado de la municipal cumpliría en breve doce años de servicio. El 22 de julio una bala 9 milímetros le quitó la vida. Con banda de guerra, salvas al aire y una misa en las oficinas de la corporación, sus compañeros y jefes le dieron el último adiós.

 

Edmundo Velázquez  

La guardia de honor de las autoridades estatales y municipales  Cambio/ Foto/ Tere Murillo

 

A Basilio Pérez y a su hermano Gregorio un día su padre los dejó solos en este mundo. Ahora a Gregorio lo deja “su segundo padre”, como llamaba a su hermano mayor, policía municipal que murió en el ejercicio de su deber la madrugada del domingo pasado.


Los primeros días de agosto Basilio cumpliría sus doce años de servicio, pero en las primeras horas del día 22 de julio una bala 9 milímetros le quitó la vida. A ritmo de banda de guerra, se le despidió ayer en el patio de la Secretaría de Seguridad Pública municipal.


Defender a una mujer le costó la vida a Basilio, se dice que un militar fue quien le quitó la vida.


Elvira, su esposa, y sus cuatro hijos sufrieron las consecuencias del oficio de su padre, las condolencias de los funcionarios, las lágrimas de sus familiares y la despedida “con honores”.


Mientras comienza la misa donde participa Elvira leyendo un pasaje de la Biblia, al lento ritmo que su dolor se lo permite, Gregorio recuerda, aguantando el llanto, cómo él y su hermano llegaron el mismo día a la policía municipal:


“Entramos juntos a la corporación. Entramos el mismo día y a la misma hora. Duele bastante… cuando él se forjaba una meta él lo hacía y lo terminaba. La verdad para mí era un orgullo tener un hermano así”.

Cuando menguaba el desánimo por lo duro del oficio del policía, Gregorio acudía con Basilio, le pedía consejo:


“Él me sirvió como apoyo moral, económico y en cada instante donde nos veíamos siempre me decía: ‘échale ganas, échale ganas y no te desanimes’. Estoy tranquilo porque me dejó el camino ya bien enseñado para mí”, relató Gregorio.


Abismalmente distintas suenan las palabras del secretario de Seguridad Municipal. Ludivino Mora hace un esfuerzo por sacar los sentimientos. Las genuinas palabras del hermano del oficial suenan muy distintas a las de su jefe directo.


“Basilio falleció en el cumplimiento de sus labores el pasado domingo 22 de julio, mientras acudía en el auxilio de una ciudadana. Fue en defensa de los valores de nuestra sociedad sin pensar en el riesgo que podía correr su vida y asumiendo el compromiso de defender el honor de una corporación…”, dijo Ludivino Mora, en un acartonado relato que sonó más a clase de civismo.

 


Cuando vuelve a su lugar, Elvira mantiene la mirada perdida. A veces se agacha y fija los ojos hacia los sobres que tiene en las manos. Hacia ella hicieron fila los compañeros de su esposo unos minutos antes.


Uno a uno los uniformados le han llevado la vaquita que reunieron para apoyarla a ella y a sus cuatro hijos en estos tiempos difíciles. Varias corporaciones hicieron lo mismo en muestra de solidaridad, ella solamente aprieta los sobres con un tanto de dolor.


La esposa del oficial caído alterna la mirada entre el féretro de su esposo y los sobres. Los ojos mojados y su cara que refleja un llanto callado de casi tres días moldean una cara que pregunta a quién puede pagar ese dinero para que su marido vuelva a la vida. 


Repartidos a los flancos de la esposa de Basilio se encuentran sus niños. Juan Carlos, Ana Isabel, Luis David y Jesús Antonio, el más pequeño que tendrá quizá unos ocho años. Los zapatos a medio gastar de Luis David chocan contra el piso, misma dirección en que el niño mira. Juan Carlos, el mayorcito, voltea más bien al cielo, a veces voltea al féretro en rápidos destellos, como no queriendo saber que quien descansa dentro del féretro es su padre.

 


Gregorio se queda con parte de su familia. Los sobrinos le lloran a Basilio. Sus familiares aguantan el llanto algunos y hablan adrede en voz alta mientras pasa la prensa detrás de ellos. “Pinches buitres”, dicen algunos.


Otros siguen agazapados en su silla. Gregorio va y viene y al final de la misa de cuerpo presente en el patio de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, se queda detrás de los niños.  Gregorio voltea a verlos y recuerda el pacto que hizo con su hermano:


“…cuando tomábamos él me decía: ‘Si yo llego a faltar, o tú llegas a faltar, el que esté se hará cargo de la familia del otro’. Hoy yo siento otro compromiso, ahora soy yo el responsable de su familia”.


“Basilio falleció en el cumplimiento de sus labores el pasado domingo 22 de julio mientras acudía en el auxilio de una ciudadana. Fue en defensa de los valores de nuestra sociedad sin pensar en el riesgo que podía correr su vida y asumiendo el compromiso de defender el honor de una corporación…”, dijo Ludivino Mora.

 

“Entramos juntos a la corporación. Entramos el mismo día y a la misma hora. Duele bastante… cuando él se forjaba una meta él lo hacía y lo terminaba. La verdad para mí era un orgullo tener un hermano así”.

 

 

 

 

Publicidad

Versión Online

 

© Copyright, 2007 www.diariocambio.com.mx