José Martínez se desmiente a sí mismo


El autor de Prensa Negra se contradice una vez más


Selene Ríos Andraca

 

José Martínez, autor de Prensa Negra, se desmintió al argumentar que en su obra no asegura que Mario Alberto Mejía, ex director del periódico Cambio, es un pederasta, asesino y violador. A su decir, él sólo hizo una recopilación de columnas periodísticas para demostrar lo “carroñero” que es el titular de La Quintacolumna.
Entrevistado al término de la presentación de su obra, José Martínez justificó el hecho de que en el capítulo “Prensa Negra, un caso” haya utilizado como ejemplo a Mario Alberto Mejía, bajo el argumento: “me pareció uno muy representativo que es muy vil y despreciable, de lo que no debe ser un periodista. Nada más por eso”.
José Martínez se contradijo durante la breve entrevista que concedió a Cambio, pues según él nunca ha señalado que Mario Alberto Mejía es pederasta, asesino, así como también travesti y homosexual.
—En sus comentarios usted da por hecho que Mario Alberto abusó sexualmente de sus hijas… —Dijo la reportera.
—No, no. Es una denuncia que yo expongo, que yo retomo. —Respondió Martínez.
Sin embargo, en la página 173 de su libro, Martínez exige un castigo “ejemplar” contra Mario Alberto Mejía por haber atentado contra sus hijas, y subraya que Érika Rivero desnudó sus “intimidades y manías”. La columna de Rivero, reza el texto, “desnuda en su vida privada a Mario Alberto Mejía tal y como él lo ha hecho en incontables ocasiones, publicando una carta de la esposa de éste donde ventilan intimidades y manías del quintacolumnista”.
En la página antes citada, el autor exige que Mario Alberto sea sancionado por violar la Carta Magna: “Una de las peores ofensas y agravantes para la sociedad mundial, sin duda, es la pederastia. Desviaciones de semejante naturaleza deben sancionarse en forma ejemplar porque el futuro de cualquier nación es la niñez. Los niños, así está garantizado en nuestra Carta Magna, deben crecer con educación, salud, protección y sin agravios de ninguna naturaleza —mucho menos de sus padres—, por tanto los pederastas: clérigos, gentes de la sociedad civil, funcionarios, políticos, empresarios o periodistas, como Mejía, deben ser sancionados en forma ejemplar sin importar el tamaño de su influencia.
Martínez se refuta una vez más, aunque reconoce que él retomó columnas periodísticas para su obra, critica a Mario Alberto por escribir rumores y supuestos: “El columnista de Puebla, Mario Alberto Mejía sirve como ejemplo de deshonra al periodismo inteligente, ético, creíble y honesto. Su trabajo se basa —en la mayoría de casos— en supuestos, en rumores o chismes y mentiras imaginarias. Tiene por costumbre calumniar y difamar políticos, empresarios, académicos, funcionarios públicos e incluso compañeros de profesión sin argumentos de soporte”.
Nervioso y visiblemente molesto, José Martínez dio una cátedra de periodismo al asegurar que los dedicados a ese oficio no juzgan, ni critican y mucho menos son ministerios públicos.
—Pero hay un comentario después de exponer la carta… —Se le dijo a Martínez.
—Bueno, lo que hago es un comentario, una observación, nada más. Esa debe de ser la lectura. Yo no soy juez, la prensa no debe ser juez, ni ministerio público…
Empero, su obra está llena de calificativos, de críticas e insultos contra Mario Alberto Mejía.
José Martínez no juzga, pero en su libro escribió: “A Mejía lo contratan para medrar, atacar, golpear políticos, funcionarios, comunicadores y directores y para cobrar facturas atrasadas. Los cabezales de ocho columnas, ubicación de fotografías, sesgos informativos y artículos de opinión apuntan en forma burda a los blancos de Mejía y de sus patrones en turno. Su vida útil dura el tiempo que sirve a los dueños de medios de comunicación como lo hizo López Sáenz”.
El autor de Prensa Negra no ofende, pero comenta que un homosexual es un desviado sexual: “El Círculo Dorado Gay fue ampliamente conocido en esa década por la sociedad de Huauchinango, a él perteneció Mejía y los involucrados en el asesinato. Sujetos todos con desviaciones sexuales acostumbrados a vestir de mujeres, maquillarse, bailar y conquistar borrachos en bares y cantinas del lugar a los que sacaban cargando e inconscientes para llevarlos a hoteluchos de mala muerte”.
Y aunque no califica ni denuesta a las personas, juzga al quintacolumnista por tomar alcohol: “Torpe y embrutecido por los efectos del alcohol, Mejía soltó más de una vez al truhán que lleva detrás del velo de periodista al intentar en forma artera y planeada contra Montero Ponce (…) Sí, tuvo que desprestigiar y faltar al respeto al conductor de noticias más importante de aquellos tiempos, Montero Ponce, para que el círculo político prestara atención a su persona”.
“De arranque en el oficio Mejía se involucró con políticos poderosos que a cambio de protección, comida, vino, mujeres y hombres cumplía sus malsanas y despreciables órdenes. Mitómano por naturaleza, acostumbrado disfrazar los excesos de redacción con frases endosadas a la libertad de prensa”.
El periodista Martínez no se basa en trascendidos ni rumores, pero en su obra cita una frase que soltó Mario Alberto Mejía en una de sus noches de tertulia: “tenía que romperle la madre al que estuviera más alto y ese era don Enrique Montero Ponce”.
José Martínez dijo que él no era ministerio público, aunque en su obra da por hecho que el director de este medio asesinó a su primo Víctor Manuel Mejía: “Si habría que ubicar el primer momento en que Mejía se vio envuelto en la peor de las atrocidades: quitar la vida a un ser humano, fue esa, el asesinado de su primo hermano”, detalla el texto.
Sin afán de erigirse como ministerio público, Martínez afirma que Mejía tuvo que pagar la impunidad con la que fue beneficiado: “Para liquidar la factura que implicaba haber salido ileso del crimen de su primo, Mejía, por voluntad o forzado, se convirtió en garrote del Huachipower. En sus notas informativas de Cambio y El Universal Puebla golpeó y desprestigió a políticos que no siendo de Huauchinango podían ocupar carteras reservadas en la clandestinidad para profesionistas de su tierra”.
—¿Por qué elegir solamente a Mario Alberto…?
—No, es toda la prensa.
—No, señor sólo hay un ejemplo. ¿Por qué elegir a Mario Alberto como la prueba de la denominada por usted como “prensa negra”?
—Bueno, es un estudio de caso y porque me pareció uno muy representativo que es muy vil y despreciable, de lo que no debe ser un periodista. Nada más por eso.
—Ahora, usted acusa que Mario Alberto está…
—No, no lo acuso.
—¡Sí, como no! Usted lo acusa, ya lo leí en su libro…
—Bueno, la palabra acusación es un adjetivo que usted debe de saber utilizar y qué significa, por esa palabra La Jornada perdió un juicio contra Canal 13.
—¿Está bien, le parece bien si utilizamos “señala”?
—Bueno es un… es un… es un cuestionamiento.
—En sus comentarios usted da por hecho que Mario Alberto abusó sexualmente de sus hijas…
—No, no. Es una denuncia que yo expongo, que yo retomo.
—Pero hay un comentario después de exponer la carta…
—Bueno, lo que hago es un comentario, una observación, nada más. Esa debe de ser la lectura. Yo no soy juez, la prensa no debe ser juez, ni ministerio público…
—Pero usted lo señala como responsable… Además lo califica como periodista “carroñero”…
—Porque es un periodista carroñero ¿sabe lo que es?
—No, explíqueme por favor.
—Es un periodista despreciable, negativo…
—¿Según quién?
—Según mi punto de vista…
—¿Y no que la prensa no juzga, pues? ¿Por qué retoma columnas desmentidas y no corroboradas?
—Fueron testimonios publicados. Yo me fui a la hemeroteca.
—En este momento le salieron dos impugnaciones a lo que usted retomó.
—Esa no es impugnación de la señora, es una referencia. Ella tenía dos años para acudir al Ministerio Público…
—Entonces, usted también está delinquiendo.
—No estoy delinquiendo.
—Da por hecho que Mario Alberto asesinó…
Y Martínez dio la vuelta, mientras sus guaruras empujaban a la reportera.

 

 


 
 
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