'Esto no es sorpresa'


Francisco Rivas / Agencia Reforma

 

En el jardín de niños Álvaro Obregón, de esa localidad, las historias de malformaciones son algo común.
Ahí, dice la directora, Nidia Luna, con frecuencia llegan alumnos con problemas congénitos en labios, manos y pies.


"No sé cuál es la causa real de esos padecimientos, porque sólo soy la directora de la escuela, aunque un fenómeno social marcado son las relaciones sentimentales entre familiares.
"Casi todos los niños del jardín tienen el apellido Paz, y otros son Paz Paz, y la descendencia de matrimonios entre parientes, sé, puede sufrir de esas malformaciones", expone.
Incluso, de acuerdo con los expedientes de los estudiantes, cuenta, el 100 por ciento poseen el tipo de sangre ORH positivo.
Pero admite que la población de San José Tejaluca tiene un vínculo cercano con la presa de Valsequillo.
Muchas mujeres acuden a la orilla de ese cuerpo de agua a lavar su ropa y se exponen a la contaminación.
María Paz, de 45 años de edad, afirma que durante décadas llevaron agua desde Valsequillo para beber.
También la usaron para lavar trastes y para asearse, incluso aún durante la década de los 90.
"No sabíamos que el agua estaba mala y muchos la tomábamos, ya después vivieron y la prohibieron.
"Y cuánta gente pescaba en la presa, y todavía lo siguen haciendo, aunque ahora ya casi no hay peces por la porquería", comenta.
Juana Paz, de 31 años, dice que siempre está amarilla el agua de Valsequillo y aún así es el lugar favorito de las mujeres de San José Tejaluca para lavar y, también, para darle de beber a los animales de traspatio.
"Ninguna persona bebe agua de la presa, pero la verdad es que sí la usan para los animales si no de dónde toman.
"Sabemos que está contaminada pero no hay de otra. Sí hay muchos enfermos aquí, con su boquita mala, y otros con más de cinco dedos en las manos, pero eso estamos pagando por ensuciar el agua", lamenta.

 


 
 
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