Retan libreros ilegales a estrategia antipirata

A pesar de los cateos, las bodegas ilegales regresan al negocio en pocos días


Érika P. Bucio / Agencia Reforma /

 

 

La Procuraduría General de la República (PGR) asestó el mayor golpe contra la piratería de libros... dos veces en el mismo lugar.
Agentes de la AFI confiscaron 20 toneladas de libros apócrifos en el local ubicado en Justo Sierra 29, en el Centro Histórico, pero más tardaron en irse que los piratas en surtir de nuevo la bodega.
Un "chivatazo" alertó al Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor (CEMPRO) de que apenas cuatro días después del cateo del 27 de marzo, camiones descargaban en el lugar la mercancía para ser repartida por menores de edad a los puestos callejeros, oculta en bolsas de plástico negras.
El segundo operativo ocurrió el 24 de mayo pasado y esta vez los agentes decomisaron 60 toneladas de libros pirata.
"Es excepcional que un mismo local haya sido usado otra vez como bodega. Pensaron: 'ya pasó, vamos a llenar de libros otra vez'. Los piratas son muy eficientes, conocen bien su negocio", afirma Gerardo Gally, presidente de CEMPRO.
De acuerdo con el organismo que protege los derechos de reproducción reprográfica de más de 80 editoriales y sus autores, dos de cada diez libros en el mercado son piratas.
Y si a eso se suma que de cada diez ejemplares cuatro son fotocopiados de manera ilegal, la industria sólo representa el 40 por ciento del mercado.
"Así como vacían las bodegas, a los 15 días están llenas porque los que producen la piratería son intocables", advierte Braulio Peralta, editor de Planeta, uno de los sellos más golpeados por la piratería con títulos como Caballo de Troya, Las crónicas de Narnia y El perfume.
La Alianza Internacional para la Propiedad Intelectual (IPPA, por sus siglas en inglés) subraya que si bien la PGR ha aumentado su colaboración en los operativos contra la piratería, en la práctica el problema persiste: hay pocas detenciones y consignaciones.
En los operativos de calle, usualmente no hay detenidos. Y rara vez las acciones policiacas en bodegas y centros de distribución conducen a la captura de los responsables.
CEMPRO reporta que en 2006 fueron detenidas ocho personas y este año, ninguna.
"Por el horario en que se realizan los operativos, en la madrugada, no hay nadie en las bodegas. En los operativos de calle hasta ahora no hemos tenido detenidos, sólo se levanta la mercancía", añade Gally.
La IPPA estima las pérdidas causadas por la piratería editorial en 41 millones de dólares en 2006.
"Sabemos que no vamos a erradicar la piratería y sin embargo no podemos replegarnos y dejarles el mercado abierto. Lo que tenemos que hacer es buscar la manera de pegarles en la economía, que les cueste andar en la ilegalidad", afirma Gally.
El último operativo, en Justo Sierra 29, representó al menos 3 millones de pesos en pérdidas para los piratas entre el costo del papel, impresión, encuadernación y cartulina de las pastas.
"El impacto de la piratería a nuestra industria ronda el 15 al 18 por ciento del total de posibles ventas, sobre todo a editoriales de texto y de libro técnico", afirma Pedro Huerta, director general de Random House Mondadori México.
Rodrigo Pérez Porrúa, gerente general de Porrúa Hermanos, empresa con 106 años en el negocio, estima que las ventas en las librerías establecidas en el Centro Histórico han caído un 20 por ciento.
"Ya no es la venta sólo del best seller sino también los libros de textos", añade el librero.
Y el best-seller es el sostén de la industria, recuerda el editor de Planeta.
"Quizá el best-seller no es el libro para que México crezca culturalmente, pero sí es el libro que salva a una editorial para que haga libros literarios que vendan 2 mil, 3 mil ejemplares, y que no van a ser pirateados", argumenta Peralta.
Hasta ahora los operativos no han alcanzado a las imprentas donde se producen los libros pirata. El mercado ilegal ofrece ejemplares mal impresos y con papel de baja calidad, de un 20 a 30 por ciento más barato que el original.
"Muchas veces el lector final no distingue la diferencia entre el original y el pirata", afirma Pérez Porrúa.
El reclamo de los editores es ir directamente contra las imprentas que proveen a las bodegas y puestos callejeros.
"Queremos entrar a imprentas. Empezar a pegarle al que provee, es la parte crítica, es más fácil esconder un changarro con una o dos máquinas, que trabajan fuera de la ley, no tienen IMSS, no tienen gastos. Los piratas trabajan muy rápido, imprimen y se llevan todo", añade Gally.
Urano, editorial española que no imprime en México sus libros y funciona como distribuidora, ha visto cómo sus novedades llegan al mismo tiempo a las calles que a los negocios establecidos.
"No sabemos cómo lo hacen, incluso salen a la par de que salen nuestros libros", refiere Verónica Muratalla, gerente de promoción y publicidad de Urano.
Gally no descarta que el enemigo pudiera estar en casa: un empleado de una editorial que no resiste un "cañonazo" de 200 o 300 mil pesos, un impresor que vende copias del negativo de un libro o choferes que se dedican al robo hormiga.
"La piratería no tiene más que tres orígenes, o parte de las imprentas, o de los propios almacenes o de las propias editoriales", apoya Peralta.
El negocio de la piratería también ha alcanzado a las librerías legalmente establecidas, subraya el gerente de Porrúa Hermanos.
"Hay librerías tradicionales en el interior de la República que se han unido al libro pirata, les resulta más rentable", denuncia Pérez Porrúa.
La industria editorial reclama reformas legales que permitan perseguir de oficio este delito, que actualmente se castiga con penas de 4 a 10 años de cárcel y una sanción económica.
"Una bodega la vacían y la vuelven a llenar, pero una imprenta descubierta es la posibilidad de cambiar el marco legal y se cometan menos arbitrariedades", sentencia Peralta.

Crean fondo antipiratería

Editores y autores asociados al CEMPRO constituyeron este año un fondo especial para combatir la piratería de libros.
"Era el momento de pasar de las palabras a la acción, ya que simplemente con trabajo de cabildeo y buenas intenciones no habíamos logrado nada. Todas las editoriales éramos conscientes del problema de la piratería, dábamos toda la información al CEMPRO, pero ellos no podían tomar medidas por falta de recursos"
"Decidimos crear el fondo para que se financien los operativos contra la piratería y las editoriales participan equitativamente en los costos", afirma Pedro Gabriel Huerta.
En 2007 han sido decomisadas 237 toneladas de libros apócrifos. Los editores han contratado los servicios de inteligencia de una empresa privada para dar con la pista de bodegas y centros de distribución.
Gerardo Gally, presidente de CEMPRO, afirma que la estrategia es sistematizar los operativos y extenderlos a otras plazas del País como Guadalajara, Monterrey, Tijuana, Guanajuato y Mérida, añade

 


 
 
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