Hallan en el Nevado ofrendas milenarias


Óscar Cid de León / Agencia Reforma

 

Hace mil 500 años, en las lagunas del Sol y la Luna, ubicadas en el cráter del Nevado de Toluca, se presume que floreció un centro ceremonial dedicado a Tláloc.
La aseveración resulta de los recientes hallazgos realizados en el sitio por personal de las subdirecciones de Arqueología Subacuática y de Alta Montaña del INAH, que por primera vez explora el fondo de las lagunas, del cual se han extraído elementos arqueológicos depositados a manera de ofrendas, como trozos de obsidiana y turquesa, figuras de copal, pedazos de petatillo, pencas de maguey, una cuenta de jadeíta y siete cetros rayo serpiente ligados al Dios de la Lluvia.
"En base en una investigación sistemática (en el cráter), hicimos un recorrido palmo a palmo, metro a metro, y encontramos que en un conglomerado de piedras (al norte de la Laguna de la Luna) existen unos alineamientos que nos están denotando un gran complejo ceremonial, una gran calzada que desemboca, precisamente, en el único sitio de la laguna en donde se ha encontrado material arqueológico", refirió Víctor Arribalzaga, arqueólogo especialista en Alta Montaña.
Se trata de una plataforma que a simple vista no se puede observar, apuntó, y que además pudo sostener habitaciones que servían a los prehispánicos para protegerse de las inclemencias del tiempo.
Desde la década de los 60, dichas aguas, que se encuentran a 4 mil 200 metros sobre el nivel del mar y que representan las más altas de Norteamérica, han sido saqueadas, recordó Arturo Montero, codirector junto a Roberto Junco del Proyecto de Arqueología Subacuática del Nevado de Toluca 2007, pero hace apenas dos semanas que el INAH organizó la exploración.
"Tenemos que trabajar conjuntamente con los gobiernos federal, estatal, municipal y las autoridades del parque, porque ya no se puede permitir el buceo aquí, o que se permita pero bajo ciertas condiciones". dijo Arribalzaga.
Destacan de los objetos hallados los cetros rayo serpiente elaborados con madera de oyamel, que eran enterrados en en el fondo por sociedades agrícolas que pudieron provenir de las inmediaciones de Teotenango.
"En las inmersiones (los antiguos) no utilizaban trajes para protegerse, bajaban directamente y los clavaban con el fin de regular la lluvia".
Sacerdotes mazahuas, aztecas, otomíes o matlatzincas son los que pudieron protagonizar estos actos ceremoniales que también pudieron contemplar sacrificios de niños, consideraron los arqueólogos.
Durante una visita realizada el lunes, se observó cómo Johan Reinhard, buzo estadounidense especialista en alta montaña, halló un cetro de 67 centímetros que al momento de extraerlo se fracturó en dos partes.
Montero presume que habrá un centenar de estas piezas en la laguna. De los cetros extraídos destaca uno de 1.22 metros (también fragmentado) que representa el más grande del que se tenga conocimiento y que ya se preserva para su posterior estudio.
Las decenas de objetos hallados, provenientes en su gran mayoría de la Laguna de la Luna, no necesariamente tiene mil 500 años de antigüedad, precisó Arribalzaga, pues la tradición de ofrendar en el sitio se dio generación tras generación. En la época virreinal, según documentos históricos, ya se constataban estas prácticas.
El Proyecto, que aproximadamente cuesta 250 mil pesos al mes y que termina su primera temporada el 31 de mayo, se realiza con presupuesto del INAH y de donadores particulares.

Inmersiones intensas
Un total de 15 miembros integran el Proyecto de Arqueología Subacuática del Nevado de Toluca 2007. En ellos destaca la participación de cuatro buzos: el estadounidense Johan Reinhard, arqueólogo de National Geographic, y los mexicanos Juan Carlos Carrillo, Fernando Lozano y Roberto Junco, líder de la exploración subacuática.
Con un equipo de más de 50 kilos y con una temperatura en el agua de 8 grados centígrados, estos profesionales realizan dos inmersiones diarias con trajes especiales que resguardan la temperatura del cuerpo.
"La temperatura del agua es como anestésica", cuenta Lozano, "el agua en las manos y el rostro (partes del cuerpo que quedan desprotegidas) sientes que te quema después de un tiempo".
Las inmersiones, que se hacen en una profundidad que oscila entre los 2 y los 15 metros, no deben ser mayores a la hora y media para evitar la acumulación de nitrógeno en la sangre.

 


 
 
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