Es Maldonado visionaria del arte

 

 

Julieta Riveroll / Agencia Reforma

 

"El coleccionismo es adictivo, peor que la cocaína", advierte la galera María Maldonado al cliente que compra por vez primera una obra de arte y con su hábil labor de convencimiento logra que el incrédulo caiga en sus redes.


Dedicada al oficio desde hace más de 20 años, la exiliada argentina de 71 años de edad busca a alguien que comparta su pasión por la pintura y la escultura, sin escatimar tiempo en admirar las obras, antes que vender por vender.


"La pintura es egoísta. Si no le dedicás tiempo la habrás mirado pero no la habrás visto. Y hemos perdido el tiempo, de golpe la tecnología se va acelerando y la gente se acostumbra a lo rápido".


Convertir su casa en la nueva sede de la Galería Kin (Paseo del Río 89-5, Chimalistac), tras el cierre del local ubicado en Altavista durante 2004, ha probado ser una buena decisión, asegura, porque es un espacio más íntimo.


"Acá la gente se siente más relajada, toma un café o un té, hace escala técnica, pasea, mira, se sienta, platica y si hablamos de un artista que no está colgado, se lo traemos, y empieza a ver de vuelta".


La sala, el comedor, la entrada y el patio son los espacios que se aprovechan como galería, y otra de las ventajas de tenerla dentro de casa, según Maldonado, es que puede observar las obras a distintas horas del día.


"Cada cuadro se acomoda y a veces patalea, y a lo mejor luego cambia de lugar. Los cuadros tienen vida y voluntad, son testarudos".


A dos años de abrir las puertas de su hogar, Maldonado inaugura esta semana tres exposiciones individuales de los veinteañeros Enrique Lomnitz, Alejandra España y Patricia Malanco.


Una de sus labores cotidianas es descubrir y difundir a los jóvenes talentos. Lo hizo antes con artistas hoy consagrados como Gabriel Orozco, Raymundo Sesma, Luciano Spanó e Irma Palacios.


"Hay que apostarle al futuro. Siempre he sentido que hay que trabajar con los jóvenes, para vieja me basto yo y ya está. Antes era más difícil, había que salir a buscarlos, ahora por suerte muchos se acercan".


De cualquier manera, la galera conserva a un grupo de emisarios dedicados a cazar artistas emergentes, le llevan lo que ven, a veces coinciden y ella toma la decisión final.


Maldonado puede abandonarlo todo, excepto a un hijo, y es madre de tres, pero reconoce que a los artistas le cuesta dejarlos.


"Soy una especie de madre-abuela, no me gusta destetar, pero a los que no quieren y no vuelven sé abrirles la puerta".

 

Raza en extinción


Los coleccionistas, esa raza cada vez más escasa que elige con la cabeza y el corazón un cuadro quizá corra la suerte de los dinosaurios, según Maldonado.


"Hoy en día hay inversionistas que mandan a curadores o a gente a que les compren porque están muy ocupados. Es una lástima que no se den el tiempo de elegir".


Como hizo Picasso con una señora parisina que acudió a la exhibición de Les demoiselles d´Avignon y no lograba comprender la obra, Maldonado también les enseña a sus potenciales clientes a saborear el arte.
"No estoy atrás de una venta, estoy atrás de alguien que se lleve a su casa lo que quiere para que vuelva. Cada galero tiene su escala de valores, su cuestión ética y estética, yo no bajo la mirada porque sé que siempre he vendido lo mejor".


Galería Kin no le apuesta a las instalaciones porque su dueña admite que a lo largo de su trayectoria sólo ha visto unas tres memorables, la mayoría caen fácilmente en el olvido.


"Sufrí mucho cuando buenos artistas dejaban la pintura para hacer instalaciones, las iba a ver, no me gustaban, y platicaba con ellos. Ahora los artistas y críticos hablan de que la pintura ha vuelto pero nunca se fue, siempre estuvo ahí. Si fueran más humildes dirían que son ellos los que regresan a la pintura".


Maldonado conserva el tríptico de Gabriel Orozco, que expuso en la galería en 1986, pues ella le organizó sus primeras tres exposiciones individuales en el país, y aunque el veracruzano reniega de su origen la argentina está convencida de su gran habilidad como pintor.


"Es un gran artista y es muy inteligente, quizá eso lo salve", opina la galera no del todo conforme con su obra posterior.


No por ser "vieja", dice, se ajusta al arte tradicional.


"Si viene un instalador que me convenza, le abro las puertas. Hasta ahora no ha aparecido ni acá, ni en Argentina o Estados Unidos. Si aparece tendré que reconocer que fui necia, terca y tosca".

Un gran faro ilumina la mirada del espectador en cuanto entra a la Galería Kin. Forma parte de la serie pictórica "Punto de referencia" de Patricia Malanco (1983), una de las tres exposiciones individuales que se exhiben desde el 7 de noviembre en el espacio ubicado en Chimalistac.


"Los seis cuadros de Patricia son una eclosión de vida y de luz en el lugar más sombrío de la casa", explica la María Maldonado, quien seleccionó a los tres jóvenes artistas que sólo comparten la misma generación pero que poseen estilos muy diferentes.


Malanco estudia diseño gráfico y empezó a pintar la serie en óleo sobre tela a partir de marzo del 2007 tomando como elemento central a un faro, siempre visto desde ángulos distintos, como metáfora de un puerto seguro al que arribará después de analizar la mejor decisión.


La obra de Alejandra España (1982) ocupa el comedor, con seis cuadros en los que refleja su obsesión por la naturaleza, ya sea tomando como inspiración a los insectos o al volcán Popocatépetl y su flora, y el patio con tres esculturas, robots hechos de chatarra con los que el público puede interactuar.


Egresada de la Esmeralda, España es de entre los tres artistas la que está metida de lleno en la pintura. Ha tenido en lo que va del año seis exposiciones y recibió la beca del FONCA. Su apuesta es crear obras versátiles y lúdicas. "No me gustan las piezas de museo".


En el comedor se exhiben los dibujos con gesso de Enrique Lomnitz (1983) basados en el impacto que le produjo el paisaje urbano al regresar hace cuatro meses a la Ciudad de México, tras estudiar diseño industrial en Rhode Island. En las imágenes contrasta el trazo recto y lineal de los edificios con las formas orgánicas de los árboles, plantas y arbustos.


"Estos dibujos me permiten meditar varias horas seguidas. Nacen del paseo y los trabajo tanto en sitio como en el estudio", explica Lomnitz, hijo de la pintora Elena Climent, a quien Maldonado también le organizó su primera exposición individual



 
 
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