Sergio Mastretta


En esto creo


Periodista, ex colaborador de Cambio


Elisa Vega Jiménez

 

Cambio me dejó, además de muchas amistades, un profundo conocimiento de la realidad poblana y un enorme gusto por la crónica periodística. Prácticamente hice una mezcla de crónica con entrevista; el periódico me dio una absoluta libertad.

 

Las diferencias que puedo encontrar en el Cambio de antes y el de ahora tienen que ver con el nivel de injerencia y decisión que tiene Gabriel Sánchez Andraca en el periódico. Supongo que el punto medular es que él sigue estando ahí y eso le da un carácter al periódico. Otra diferencia muy grande entre el Cambio de antes y el de ahora, es que ya no lo leo.

 

Llegué al periodismo por metiche, por curioso; me gusta saber lo que le pasa a los demás y, porque a lo largo de mi vida fui encontrando que la palabra escrita es una buena herramienta para encontrar trabajo y porque necesitaba escribir, contar historias. Desde los 20, 21 años empecé a involucrarme en asuntos periodísticos - tengo 53-. Tengo un espíritu de observación, de interrogación respecto de lo que ocurre alrededor y el ánimo de contarlo, el periodismo me lo permite.

 

Cambio produjo una escuela de columnistas: creó el mecanismo y lo reprodujeron otros diarios. No es que no la tuviera El Sol de Puebla pero, ésta era una generación que se plantaba en una lógica distinta, que veía al mundo de una manera más moderna: de contemplar al periodismo como uno de los mejores instrumentos de la sociedad mexicana en su lucha por la democratización, ese esfuerzo lamentablemente se rompe en los periódicos, con esa dependencia de los recursos públicos.

 

A Cambio le guardo un profundo cariño, por un lado, y una enorme interrogante, por otro: fue particularmente un medio que permitió calumnias y mecánicas muy negativas, que no me gustan. Le deseo lo mejor al periódico. Probablemente busque una alternativa de medio para escribir lo que me gusta: la crónica pero, sin duda veo difícil volver a escribir ahí.

 

Detrás de un cronista debe haber un gran lector y un buen investigador, con una capacidad perceptiva desarrollada para ver los diversos planos que puede tener una realidad. Una mezcla de Ciencias Sociales con ánimo literario. Una persona a quien le guste escribir historias, y la capacidad para encontrarlas en la realidad, producen una crónica.

 

No veo que los reporteros seamos generadores de fans, estamos más bien en un tercer plano de importancia. ¿Cuántos están comprando periódicos por lo que se está descubriendo en torno a la realidad que vivimos?

 

Tenemos mejores periodistas que medios, esa es la realidad. Y la pregunta es ¿por qué no tenemos mejores medios, si tenemos buenos periodistas, gente que escribe bien?, ¿por qué no generan medios más modernos y mucho más eficientes en su capacidad de penetración social? La respuesta tiene que ver con la vinculación del periodismo y el poder; a todas luces negativa para los medios, porque no genera mecanismos de competencia.

 

Cuando lo traicionan a uno, simplemente hay que seguir el camino pero, ya no con esas personas. Dejé Cambio por un problema de carácter personal con Fernando Crisanto, que no tuvo que ver con el periódico.

 

La crónica es un género donde, si se tiene el ánimo, uno puede encontrar un lienzo sobre el cual verdaderamente fijar escenas de la vida real. Hay otras herramientas pero particularmente la crónica es el género que permite, en la lectura de un periódico, profundizar en una realidad.

 

Llegué a Cambio porque quería escribir en algún lado y conocía a algunos amigos que tenían que ver con el periódico; además necesitaba un trabajo. Cambio en ese momento empezaba a vivir una etapa de transformación y me invitaron a trabajar con ellos. Escribí en el periódico hasta el 91.

 

Le guardo muchísimo respeto a Gabriel Sánchez Andraca, es una muy buena persona, que quiere a la ciudad, a pesar de que es guerrerense -Le decía: “el más católico de los guerrerenses” y se enojaba porque él es jacobino, o eso dice-. Fundó un periódico muy particular, en un entorno de los años 80: una publicación muy ligada a la Universidad Autónoma de Puebla, que sufrió una transformación entre el 88 y el 92, que tuvo una modernización tecnológica, y una tirada a convertirse en un periódico de circulación estatal, no sé si lo haya logrado.

 

El periódico Cambio sufre de lo que adolecen todos los periódicos en Puebla: vive del Estado. Sus ingresos principales, por no decir absolutos, vienen de recursos públicos: del Gobierno Municipal, de la BUAP, y eso limita sus posibilidades. Nunca llegó a convertirse en un periódico de lectura masiva, y no es una circunstancia exclusiva de Cambio, no hay una lectura masiva de diarios en Puebla. El periódico sí se modernizó, tiene un mejor diseño pero, en la profundidad no creo que se haya modificado la relación de dependencia de los recursos públicos. Eso le da al periódico, y a muchísimos otros, una característica negativa.

 

Los periódicos son más correos de élite, de grupos de poder, que medios de comunicación masiva. Están muy por atrás de las necesidades de la sociedad, a pesar de que hay muy buenos esfuerzos, muy buenas etapas, y muy buenos ejemplos periodísticos, de profesionalismo y entrega. Son un conjunto de elementos los que pueden ayudar a entender esa situación del bajo tiraje de los medios, y su supervivencia a pesar de ello.

 

En Puebla los periodistas más importantes son los columnistas, o los entrevistadores de los noticiarios radiofónicos, no los reporteros, los investigadores, o quienes escriben notas todos los días. Y la columna es un género prototípico en “esa” vinculación del periodismo con el poder y, generalmente los medios de comunicación acaban desarrollándose alrededor de la columna. No estoy en contra de las columnas, lo que veo negativo es que sean lo principal.

 

Es posible crear mecánicas donde la audiencia genere la publicidad, y sostenga a los medios, independientemente de los recursos que entren por venta de publicidad a los gobiernos. Nosotros en La Radiante fuimos un ejemplo al respecto, porque la publicidad del gobierno, por fortuna, no era la que sostenía a la radiodifusora -sin embargo eran clientes importantes-.

 

Fernando Crisanto marcó un punto de quiebre en el periodismo poblano. Me parece que los periodistas viejos, contra los actuales, han ido haciendo una conjunción y un mejor periodismo.

 

Hay una enorme cantidad de revistas, que son como flamazos en el aire, y están todas financiadas por el gobierno, o por grupos de interés que están utilizando al periodismo y a la producción de medios como una herramienta para su desarrollo, pero no hay una lógica inversa, que beneficie a esos medios.

 

 

 

 

 

 

 

 

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