Muere Andrés Henestrosa


Diana Gutiérrez / Agencia Reforma

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MÉXICO, DF, 10-Ene .- Con 101 años cumplidos, el escritor Andrés Henestrosa falleció ayer a causa de un paro respiratorio provocado por la neumonía que lo aquejaba desde el mes de diciembre, informó Cibeles Henestrosa, la hija del escritor.


El deceso ocurrió en la casa del escritor alrededor de las seis de la tarde en compañía de su familia.


"No sé qué decir, sólo sentimos mucho dolor", comentó en entrevista telefónica Cibeles Henestrosa.


En un homenaje celebrado en noviembre pasado con motivo del aniversario de Henestrosa en el Instituto Cultural Helénico del cual era consejero, la hija del escritor oaxaqueño afirmó que su padre había confesado que le gustaría morir en un año capicúa.


"Así fue, 101 años", dijo en sollozos.


De procedencia indígena y habla zapoteca, el poeta, ensayista e historiador Andrés Henestrosa, nacido en Ixhuatán, Oaxaca el 30 de noviembre de 1906, llegó a México a los 15 años donde se desarrolló como "un gran contador de historias", lo calificó el narrador Homero Aridjis.


En 1924 se inscribió en la Escuela Nacional Preparatoria, en la que se graduó como Bachiller en Ciencias y Artes. Inscrito en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, siguió la carrera de Licenciado en Derecho, aunque sin graduarse.


Uno de los libros que atesora de Henestrosa, dijo Aridjis, es Los hombres que dispersó la danza (1929) en una edición con ilustraciones de Francisco Toledo.
"Se reunieron dos grandes fabulistas" en esta obra, subrayó Aridjis.


Fue reconocido con infinidad de galardones y nombramientos, el más reciente, que no pudo recibir de propia mano por su enfermedad, fue el grado de Doctor Honoris Causa que le confirió en diciembre la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).


Adán Cruz, autor de la biografía Henestrosa: Nombre y renombre (Diana, 2001), estuvo cerca del escritor que fonetizó el idioma zapoteco, por más de 25 años.


Lo que más conmovía a Cruz era el candor de Henestrosa. "Su manera de asomarse al mundo, siempre viendo con emoción la vida, a la manera un poco de los poetas indígenas prehispánicos".


El escritor, asegura, se mantuvo activo hasta el último momento. Dejó muchos inéditos, dice Cruz, algunos de los cuales le heredó. "Son relatos eróticos, artículos de periódico que no llegó a publicar porque había gente que podía sentirse aludida".


En 1936 fue becado por la Fundación Guggenheim de Nueva York para realizar estudios acerca de la significación de la cultura zapoteca en América. Permaneció por breves temporadas en Berkeley, California; Chicago, Illinois; Nueva Orleáns; Louisiana; Nueva York, y otros lugares, siempre investigando en archivos y bibliotecas.


La escritora Elena Poniatowska lo recuerda como el testigo de una época.


El cuerpo de Henestrosa fue trasladado ayer a la medianoche a la agencia funeraria Gayosso de Félix Cuevas donde a partir de hoy serán velados sus restos. Así como también se realizará un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes, cuya ahora hasta la hora del cierre de esta edición no estaba definida.

 

ASÍ LO DIJO
"Se pierde un personaje que vino de Juchitán y dio a conocer todos los valores de su tierra. No sólo lo hizo él, sino también Alfa, su mujer, que siempre vestía de Juchiteca. Era toda una manera de ser mexicano".


Elena Poniatowska, escritora.

 

"Fue un hombre animado por una fuerza vital hasta el último momento, siempre cordial, capaz de sentir entusiasmo por la poesía, por la cultura. Quiero evitar los clichés, pero si hay un ejemplo de gran mexicano, él lo fue".


Homero Aridjis, escritor y poeta.

 


 
 
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