América Soto


En esto creo


Titular del Instituto Poblano de la Mujer


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Elisa Vega Jiménez

 

Viví casi un año durmiendo bajo la cama, del terror que sentí la primera vez que intentaron secuestrarme —a los 12 años—, fue muy traumático. A los 14 años hubo un segundo intento, y de los dos me salvé de milagro. Pero hace siete años me secuestraron en México, y pensé en todo: que iba a ser muy feo si me violaban, que podían herirme y tirarme en un basurero, que me podían matar, pero dije: “No, que yo muera no dependerá de estos idiotas” (…) Me dejaron después de tres horas, me dieron cien pesos para que me regresara y no pasó nada. Sé que no me da miedo la muerte, extremo precauciones, por supuesto, pero le quité la carga emocional a eso que viví y aprendí a disfrutar la vida.


El hecho de que Blanca Alcalá gobierne la capital del estado nos fortalece a todas las mujeres. Su ejemplo nos llena de ánimo. Ella fue en contra de todas las expectativas y nadie se imaginó que fuera conquistando poco a poco tantas adhesiones y tanta confianza. Es una mujer preparada, joven y con experiencia en la administración pública. Creo que a pesar de todos los problemas que tiene está haciendo un buen papel. Yo le apuesto a que tenga éxito.


A veces es más fácil conseguirle la pensión alimenticia a la esposa de un obrero que a la de un empresario. La violencia que se vive en los hogares de las mejores colonias de Puebla es impresionante, y para esas mujeres es más difícil dejar la violencia porque sienten que es mucho lo que pierden: la camioneta, la casa, el apellido... Y muchas veces ni la camioneta, ni la casa donde viven está a su nombre, el negocio del marido tampoco está a nombre de él. Entonces terminan por no poder pedirle nada, después de que parecía que tenían todo.


Cuando me embaracé pensé: mi carrera política se acabó, mi papá y mi mamá van a dejar de hablarme —un escenario muy dramático—, que algunas mujeres que admiro en la política irían a decir cosas horribles de mí, pero encontré mucho respeto, siempre —era diputada local cuando decidí embarazarme—. En mi última campaña política pensé que ser madre soltera significaría un punto vulnerable y no lo fue.


Soy feminista radical: no voy a negociar que dejen de darme patadas y nomás me den cachetadas. Deberíamos ser feministas hombres y mujeres, porque feminismo quiere decir tener las mismas oportunidades. Ser radical es decir: debemos darle educación a la mujer, no por su capacidad de parir, sino porque también somos seres humanos.


El lugar donde estás ahora es el resultado de las decisiones que tomas todos los días. Muchas veces habría que ver si la vida de problemas que tenemos, no es la vida que nos hemos trazado nosotros.


La libertad es un valor que se ha asociado más con los hombres que con las mujeres: cuando un hombre lucha por la libertad es un libertador, pero si una mujer lo hace entonces “hay que dudar, quién sabe qué tipo de mujer se trate”. La libertad debe ser un valor muy preciado para nosotras, más importante que tener una camioneta nueva, que ser esposa de fulano de tal.


No ha disminuido la violencia hacia las mujeres en Puebla, hemos avanzado en educación, en atención a la salud: hay menos muertes materno-infantiles, en empleo. Pero en violencia no, y tampoco lo han hecho los países más industrializados: hay violencia de género muy fuerte en Alemania, España, en Estados Unidos.


Independientemente de que las mujeres logren un buen nivel de vida siguen siendo dominadas. Mujeres con posgrados, con una carrera bien hecha, mantienen a su pareja y de todos modos son víctimas de violencia.


El machismo es una ideología, un conjunto de valores y de prácticas que sustentamos hombres y mujeres. Muchas mujeres reproducimos el machismo en la medida que le pedimos a nuestra hija que sea la sirvienta de nuestros hijos. Ese es el ejemplo más común.


Es muy difícil encontrar la congruencia entre lo que piensas, lo que sientes y lo que haces, cuando logras eso, logras ser feliz.


No quiero casarme con un hombre que me pegue, que me regañe, a quien tenga que pedirle permiso para todo. No quiero llenarme de hijos, ni llevar esa vida que llevaron las mujeres de mi familia, y que conmigo se acabó, gracias a la influencia de Marcela Lagarde y de la lectura de autoras como Simone de Beauvoir.


Soy una mujer exitosa, por el solo hecho de haber podido terminar una carrera. ¿Cuántas mujeres no lo han podido hacer? El hecho de haber decidido mi vida me da orgullo, el poder servir me llena de satisfacción. Tengo muchos amigos y amigas, una familia maravillosa. Mi hija es una parte muy importante de mi vida.


Ambiciono de manera política pública, profesional, que podamos vivir en paz, con armonía, hombres y mujeres, sé que parece muy utópico pero tenemos que caminar en esa dirección.


Yo le enseño a mi hija a ser libre, y que la libertad conlleva responsabilidad, que no debe forjarse en la mente la idea de que alguien la va a mantener, sino que debe tener su propio dinero y comprar su propia casa, en lugar de esperar que alguien se la compre. Para que no venga después el chantaje.


Tres cosas importantes debemos considerar las mujeres, regular nuestra fecundidad, que los embarazos no nos sorprendan; prepararnos siempre: superarnos, estudiar, aunque tengamos ochenta años, y tener un ingreso propio, para no tener que darle cuentas a nadie.


Siento una gran admiración por Marcela Lagarde, en ella veo a una mujer con una gran capacidad para sistematizar todo el conocimiento en torno a la condición de las mujeres; por Griselda Álvarez, que fue la primera gobernadora en México, y muchas de las actuales gobernadoras, porque nos dejan la lección de que en contra de todo y de todos, sí se puede.


Es más fácil que a mi hija le falte figura materna que paterna, porque tiene una imagen muy fuerte de mí.


Hago meditación, tuve problemas con los tendones en las rodillas y dejé de hacer yoga, pero camino y nado.

 

 

 

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