Lleva Secretaria de Cultura reggaeton y salsa al Zócalo


Crónica


Con motivo del día de la Independencia



Carlos Alcaraz Ramírez

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La tarde fue de templetes y pantallas. Del Ayuntamiento de Puebla y del Gobierno del estado. Decenas de poblanos se arremolinaron muchas horas antes del Grito de Independencia emitido por el gobernador Mario Marín Torres, y presenciaron, entre otras cosas, una serie de espectáculos “culturales” a cargo de la Secretaria (sic) de Cultura del Gobierno del estado: reggaeton y salsa.


Un camión con un templete, rotulado con el logotipo del gobierno estatal y con el nombre de Secretaria (sin acento) de Cultura, acondicionado con luces y sonido tipo antro,reunió decenas de poblanos en la esquina de las calles 16 de Septiembre y Juan de Palafox a aplaudirles a chicas que, al ritmo de reggaeton, movían el vientre y las caderas enfundadas en faldas de tiras estilo hawaianas; y a jóvenes de camisetas moradas, brillantes, que ejecutaban complicados y poco coordinados pasos al ritmo de una pieza musical cuya letra incitaba una y otra vez a una chica a subirse la falda y mostrar “la nalga”. Esto, alrededor de las cuatro de la tarde.


A eso de las 9 de la noche, siete parejas se deleitaban y deleitaban a la cada vez más numerosa concurrencia (los que, a causa de la enorme aglomeración de gente en la plancha del Zócalo no podían llegar a observar de frente el balcón desde el cual el gobernador daría el Grito y tocaría la campana del Ayuntamiento) con sus complicados pasos de salsa: cuando se cansaba una, llegaba otra, y le daban gusto al cuerpo con el ritmo caribeño.


De repente, las luces de colores y las rudas bocinas cesaron su frenética actividad, y otras bocinas, éstas ubicadas afuera del Palacio Municipal, comenzaron a emitir con estridencia el culmen del mexicanismo: Luis Miguel y su “México en la piel”. Los familiares de las parejas de salsa a duras penas pudieron emprender el laborioso tránsito hasta las afueras del palacio municipal, impedidos como estaban por las decenas de patriotas que, bandera y espuma en mano (a pesar de que el Ayuntamiento capitalino había anunciado multas a quienes arrojaran esta sustancia viscosa), bebés en brazos y niños un poco mayores en hombros, intentaban tener una mejor vista de Marín tañendo la campana.


Y luego, una pantalla gigante colocada en el zócalo, frente al hotel Royalty, comenzó a emitir imágenes de Marín y Blanca Alcalá subiendo las escaleras del palacio y de los honores a la bandera. Entonces, entre el tumulto de poblanos, una mujer cuya blusa consistía en un rebozo cruzado para cubrir sus pechos, y con el rostro pintado con los colores patrios, reparó en la poca calidad de las imágenes de la pantalla. Ella había sido de las más entusiastas espectadoras de la salsa y el reggaeton.


“La bandera se ve diferente. No se ve verde, se ve azul, como la de Italia”. Pero claro, la Secretaria (sic) de Cultura estaba ocupada con el mexicanísimo reggaeton y la cumbia.

 

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