Estado de alerta en grito marinista


CRÓNICA

Blindan al mandatario como prevención contra el crimen organizado


Los miles de ciudadanos que indiferentes a Mario Marín hicieron eco a los “vivas” del gobernador, permanecieron encuartelados por más de 600 elementos de seguridad


Efraín Núñez Calderón

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En el zócalo de Puebla quedó atrás el grito de “precioso” que por dos años consecutivos los poblanos corearon en la celebración del Grito de Independencia. Los miles de ciudadanos que indiferentes a Mario Marín hicieron eco a los “vivas” del gobernador, permanecieron encuartelados por más de 600 elementos de seguridad.


Esta vez el pretexto para blindar al mandatario no fue el riesgo de una protesta protagonizada por los grupos de izquierda. El excesivo operativo de seguridad fue implementado para protegerlo de algún posible atentado o ataque del crimen organizado.


No sólo eso, pues el grito de Independencia se adelantó. A las 10:30 de la noche Mario Marín con esfuerzos intentó repicar la campana que yace en la parte superior del Palacio Municipal.


Después de un intento fallido logró su cometido aunque por poco deja caer la bandera mexicana que sostenía con su brazo derecho.


Tras las campanadas el gobernador regresó del balcón al interior del Salón de Cabildo. Luego volvió a salir en compañía de la alcaldesa capitalina Blanca Alcalá, su esposa Margarita García de Marín y sus hijos.


La noche fría acaeció en un clima de tensión. Las decenas de policías judiciales vestidos de civil se movían constantemente en el primer retén. A más de uno se le vio sudar por el ajetreo portando sus radios portátiles.


Marín Torres saludaba desde el balcón a la gente. Se le vio seguro de su popularidad como en sus tiempos de candidato. Pero los poblanos no volvieron a enardecer con Mario Marín. Más bien veían en el gobernador al encargado de dar el Grito de Independencia, conformados al no tener otra opción. En sus rostros la desidia mutó en indiferencia.

 

***

 

Las autoridades permanecieron resguardadas en el Salón de Cabildo después del grito. Allí tuvieron una celebración exclusiva. Sólo el grupo más cercano al mandatario y la alcaldesa, así como los representantes del Poder Legislativo y Judicial tuvieron acceso a ésta.


Por los pasillos de Palacio Municipal corrían las primeras versiones del atentado en Morelia. Mario Marín demoraría en bajar al patio del recinto donde se tenía preparada una degustación de comida mexicana.


Mientras tanto, en la planta baja un mesero chocó con una estructura de hielo. Ésta se le vino encima sin provocarle daños. Pero dicha figura comenzó a derretirse. Los cuerpos de seguridad apresuraron la limpieza del piso. No debía obstaculizarse el paso del gobernador por lo que fue acondicionado como una sala VIP.


El contingente principal finalmente bajó. En un sillón amplio departieron Mario Marín, su esposa, quien lucía un vestido blanco de manta con vivos de colores blanco, verde y rojo. También portaba un rebozo color mostaza.


Blanca Alcalá se sentó junto a Mario Marín, a su costado su esposo y el representante de la XXV Zona Militar. De manera presurosa comieron algunos molotes, chanclas, chalupas y chiles en nogada, versión miniatura.


Marín y Alcalá brindaron con tequila y refresco, después el mandatario abandonó el recinto y la alcaldesa regresó a sus oficinas donde permaneció largo rato.

 

***

 

Sólo el grupo más cercano al gobernador se dio cita en la celebración del grito de Independencia. Fue notable la ausencia de diputados federales, senadores y miembros de la iniciativa privada ligados al Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC).


López Zavala caminó por los pasillos del Charlie Hall. Ingresó después del mandatario como queriendo no ser opacado. En su paso acaparó las miradas. No faltó quien se le acercara y lo saludara efusivamente: “señor secretario, cómo ‘stá”.
El funcionario se detuvo a regresar la atención para después subir altivo las escaleras rumbo a la planta alta: “así camina la opulencia”, exclamó un colega.

 

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