Alberto Jiménez Merino


En esto creo


Secretario de Desarrollo Rural, 49 años


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Elisa Vega Jiménez

 

Cuando salí de mi casa para estudiar la secundaria, mi madre me dijo “fíjate cómo estamos de pobres, vete, prepárate y ayúdanos”. Entonces estar metido 14 o 15 horas en el trabajo —yo nunca tomo vacaciones— responde a esto. Fue una instrucción permanente.


Para mí “hacer” las cosas es más importante que “ser”. Lo único que ambiciono es seguir sirviendo ahí, donde sea yo más útil, esa es mi misión en la vida.


La historia es el mejor juez para las acciones de alguien. Yo no hago cosas sólo para agradar, hago lo que tengo que hacer, porque la historia es bastante ruda.


La honestidad, la disciplina y la lealtad, son las formas de conducta que me han permitido avanzar. Nunca hago a los demás lo que no quiero que me hagan. Esa es la regla de oro. No compito con nadie, porque para ser el mejor la única competencia que uno debe admitir es con uno mismo, y trato de hacer y dar lo mejor de mí todos los días. No me preocupa lo que hacen los demás en términos de chismes.


Todos sabemos qué hacer, una parte menor sabe cómo hacerlo y una parte, aún más pequeña, tiene con qué hacerlo. Mi reto mayor es poder mostrarle a la gente los caminos, con diagnósticos ayudarles a encontrar las respuestas más apropiadas. Por lo demás, escuchando, aprovechando la sabiduría de la gente hemos ido encontrando las respuestas más apropiadas.


Los campesinos y otros sectores de la sociedad hemos vivido como pobres en tierras con gran abundancia de recursos. En México y Puebla hay una gran escasez de información sobre el campo: cómo resultaron los abonos del año pasado, cómo afectaron las lluvias (…) hoy nos damos cuenta que la hierba que siempre pisamos sirve para comer, que la planta que combatiríamos como mala hierba es medicinal o que el chapulín, al que antes le aplicábamos importantes cantidades de agroquímicos se puede comer y que genera ingresos.


En otro tiempo, a causa de la inexperiencia, nos dedicamos a dar apoyos, cuando lo que la gente requiere son soluciones de fondo, apoyos que resuelvan lo prioritario y que permitan mejorar sus condiciones de vida.


Cuando fui académico, era de los que cuestionaban al gobierno: “No hacen nada. Nomás se la pasan tomando café… no tienen ni idea de cómo hacer las cosas”, pero cuando empecé en el ejercicio público, vi las cosas de otra manera. La academia me sirvió para entender mejor la problemática social, me ha permitido diagnosticar con mayor certeza.


No creo que haya una persona en el mundo que me pueda platicar qué es la pobreza y cómo se vive en ella. A muchas personas les genera amargura, desmotivación, baja estima —que es el efecto más grave que yo identifico de la pobreza—, sin embargo, yo siempre elegí estar del lado positivo de las circunstancias. Desde la infancia, busqué ser el mejor; y me llena de una gran satisfacción haber servido en casas ajenas para estudiar la secundaria, haber sido ingeniero agrónomo, director de la escuela de zootecnia y rector de la Universidad de Chapingo, tener estas oportunidades administrativas y políticas. Haber conocido países que nunca me hubiera imaginado, con mis recursos; haber tenido la fortuna de repatriar a mi padre, que se fue de bracero tres años a Nueva York, y haber viajado en con él en el mismo asiento de avión en 1989.


El verdadero éxito de la vida es poder llegar al último de tus días con la tranquilidad que sólo da el haber hecho lo que tenías que hacer. Sin arrepentimientos, ni remordimientos de ninguna naturaleza, y eso afortunadamente yo he tenido oportunidad de hacerlo.


Tengo la capacidad de admitir conscientemente y con naturalidad, lo mismo un triunfo que una derrota.


No le tengo miedo a la muerte, eso lo pude comprobar en un asalto que tuve en 1995. Yo estaba seguro de morir, resignado; y cuando dijeron “vamos a matarlo”, yo respondí: “señores, hagan lo que crean más conveniente”, es decir “hagan lo que yo haría en su lugar”. Finalmente la muerte es una continuidad de la vida, una transformación de energía.


He admirado a grandes aventureros como Cristóbal Colón; al descubridor del Polo Sur: Roald Admunsen; a Ernest Shackletonque: intentó dos veces conquistar el Polo Sur y nunca lo logró pero, regresó con todos sus compañeros a salvo, además tuvo dos proezas: navegar con un barco de nueve metros en un lugar donde barcos equipados no han podido al día de hoy, y caminó 36 horas seguidas en Georgia del Sur para pedir ayuda al puerto ballenero de donde había partido. He admirado también a todos mis jefes.


El ser humano tiene que irse preparando para la vejez, si le es permitido llegar, y para la soledad, que es una fuente importante de reflexión. No necesariamente la falta de compañía es la soledad, por el contrario, puedes estar en medio de un zócalo y estar solo. Por ejemplo, cuando he viajado a otros países —aquí cuando menos soy Alberto Jiménez Merino, y dicen “ahí va el secretario”— yo creo que es uno un poquito menos que perro.


Lo más importante no es ganar, sino tener el anhelo de ganar, porque eso es lo que te mueve todos los días. Y la satisfacción que te da ir cubriendo cada meta, cada una de tus etapas, eso es la felicidad.


Tengo el valor de reconocer públicamente mis errores, y de ir a pedir la disculpa correspondiente a quien hubiera yo agraviado, y eso me ha permitido una buena relación con todos. Al día de hoy no creo tener generada una sola enemistad, consciente.


Los resultados son lo único que justifica nuestro paso por la vida: hay que trascender en el tiempo, según cómo quiera uno ser recordado.


La amistad es más importante, incluso, que el dinero: es un gran valor que debemos cultivar porque nos ayuda a ser mejores.


Nunca se deja de aprender, aún a mis 49 años, yo sigo aprendido cosas. Me gusta leer las historias de atrevidos, de aventureros; biografías: ahí encuentra uno la orientación. Y de unos dos años para acá leo mucho sobre superación personal y motivación. Me ha ayudado a darme cuenta de muchos errores que he cometido. Devoro libros, realizo una lectura permanente, de ahí he tomado muchas ideas, y sobre todo la referencia para plantear mis propias metas.

 

Me considero emocionalmente fuerte, y trato de mantener la calma bajo cualquier circunstancia. También reconozco en la paciencia una gran oportunidad hacia la sabiduría.

 

 

 

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