Armenta se suma a la carrera sucesoria


Ofrenda a Marín el triunfo en los 16 distritos electorales


En vano fue su intento de diferenciarse del protagonismo del delfín marinista, pues aunque nunca se asumió como el ganador de la jornada electoral, al final desconoció los apoyos recibidos por sus compañeros de partido


Selene Ríos Andraca

 

En la fiesta del carro completo, Alejandro Armenta Mier subió de última hora al tren de la sucesión gubernamental y como buen hijo político adjudicó la victoria “contundente e irreversible” al primer priista de la entidad Mario Marín Torres, cuyo “liderazgo”, otra vez, llevó al Revolucionario Institucional al triunfo de los 16 candidatos.


Aunque en las últimas semanas vaticinó incansablemente que el estado se pintaría de tricolor el 5 de julio, Alejandro Armenta disfrazó el discurso triunfalista, protagonista y autocomplaciente, erigiendo al gobernador y a Beatriz Paredes como los honrosos pilares de las tendencias favorables para su partido.


“En el PRI sabemos que primero son los resultados, por lo cual afirmamos que como en el 2007, se confirma el liderazgo político del primer priista en el estado, Mario Marín Torres.”


Su discurso, dictado en seis minutos, plagado de madurez, elocuencia y prudencia, decayó en el tímido festejo, reducido a una fotografía con la élite priista local, al acaparar el momento con su sonrisa discreta, opacando a los candidatos ganadores y al arma estratégica de la campaña: José Luis Sánchez Solá.


Los candidatos ganadores no figuraron en el triunfo brutal del tricolor; no hubo virtudes de Francisco Ramos, Leobardo Soto, Blanca Jiménez, Alberto Jiménez Merino, Julieta Marín o Ardelio Vargas.


Tres de los cuatro candidatos del tricolor sonrieron la victoria y celebraron los votos adquiridos en el silencio y en el anonimato, mientras Alejandro Armenta les restregaba que los números favorables eran gracias a Marín y a Beatriz Paredes.


El líder estatal priista dictaminó que sólo las manos de Marín intervinieron en el triunfo tricolor, mas no las de Javier López Zavala, Enrique Doger, Jesús Morales Flores, Jorge Estefan Chidiac o Alberto Amador Leal.


Y antes de abordar y sentarse en el vagón de primera clase, el líder estatal priista se tomó el tiempo para romper compadrazgos con sus hoy compañeros de viaje, al ignorar olímpicamente a los ungidos por él mismo como delegados estratégicos de los 16 candidatos.


Con la mayoría de los distritos en la bolsa, Alejandro Armenta trepó el tren sucesorio al ofrendarle a Marín Torres su primera elección como presidente del PRI en el estado.


Ya no hubo un Chelís sonriente pateando balones, ni un Paco Ramos desgañitándose o un Leobardo Soto brincando para lucirse. Sólo Armenta, Marín y la propuesta económica para impedir la aplicación del IVA en alimentos y medicinas.


Los ganadores de los distritos sexto, nueve y doce con cabecera en la capital, que arrancaron la campaña con la derrota a cuestas, no tuvieron el honor de tomar la palabra, pues su única canonjía como diputados electos fue sentarse junto al nuevo pasajero del tren sucesorio.


En una esquina y arrumbados, Jesús Morales y Enrique Doger formaron parte del festejo priista. Alberto Amador fue el único que dignamente despreció los desdenes de Armenta al abandonar el viejo hotel Gilfer.


Pero eso sí, para el nuevo precandidato a la gubernatura: “En la victoria: unidad, sencillez y respeto”.


En vano fue su intento de diferenciarse del protagonismo del delfín marinista, pues aunque nunca se asumió como el ganador de la jornada electoral, al final desconoció los apoyos recibidos por sus compañeros de partido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Copyright 2008 / Todos los derechos reservados para M.N Cambio /


 
 
Todos los Columnistas