Incredulidad social


José Gil Olmos / Apro

 

Algo esta pasando en la sociedad que aún no lo registran las compañías encuestadoras particulares y las del gobierno federal, y que podría tener un efecto directo en las próximas elecciones. Y es que en una buena parte de la ciudadanía esta creciendo una ola de incredulidad sobre le existencia o el daño que puede ocasionar el virus de influenza humana porque no se justifican las medidas que se tomaron y el número de decesos y de enfermos registrados oficialmente.


Pero no sólo esta desproporción entre medidas y las consecuencias del virus H1N1 lo que genera ha generado la incredulidad social hacia el gobierno, sino una larga historia de mentiras mediante las cuales se han solapado escándalos de corrupción y vinculación de personajes como los hermanos Carlos Salinas y Raúl Salinas de Gortari con el narcotráfico,  los negocios de la familia de Vicente Fox, especialmente los hijos de Martha Sahagún, y también las revelaciones de Carlos Ahumada en su libro Derecho de réplica,  en el cual muestra las corruptelas en las que cayeron políticos del PAN, PRD y PRI.


Si uno escucha las opiniones de la gente en las calles muchos de los transeúntes manifiestan serias dudas sobre la capacidad del actual gobierno para enfrentar la crisis política, económica, social y ahora de salud, pues a pesar de las revelaciones que se han hecho de la corrupción de muchos políticos, no se esta actuando en consecuencia y sólo queda la sensación de que nuevamente la impunidad es la que habrá de imperar.


La incredulidad social no es gratuita: de manera constante hemos sido presa de las mentiras que distintos gobiernos han creado para manipular políticamente algunos de los problemas que más nos afectan o como se solapan las historias de corrupción de personajes, como la maestra Elba Esther Gordillo, que durante 20 años se ha entronizado en el SNTE recibiendo millones de pesos sin que rinda cuentas.


Una de estas últimas mentiras fueron las declaraciones de principios de año de Calderón y del secretario de Hacienda, Agustín Carstens, en el sentido de de que la crisis económica en Estados Unidos, apenas sería un “catarrito” para México.
Hoy ese “catarrito” tiene visos de pulmonía y se ha tenido que declarar que el país está en recesión económica lo que implica que habrá un crecimiento cero de la economía, no hay nuevos empleos y tampoco inversión. Todo por un largo periodo de tiempo en el cual nuestro dinero valdrá menos.


En el caso de la influenza, cuyos costos se estiman en  100 mil millones de pesos, muchos de los ciudadanos tienen serias dudas de la existencia del virus y han comenzado a circular versiones tan disímbolas y pocos sustentadas como que pudo haber sido creado para inyectarle nuevos recursos a la desgastada economía mundial, a través de la millonaria industria de las farmacéuticas, las únicas con capacidad para producir una vacuna.


Las persistentes dudas sobre el virus H1N1 has sido alimentadas por la incredulidad y la falta de credibilidad de la sociedad en las instituciones, los partidos y en el gobierno. Este alejamiento de la gente respecto de quienes supuestamente nos representan en los distintos espacios de poder y de autoridad, se refleja de distintas maneras, una de ellas la electoral.


Hasta el momento no sabemos si tendrá un impacto electoral las medidas que tomó el gobierno para frenar el virus de influenza humana. Tampoco tenemos el pulso de si la incredulidad social se puede reflejar en la asistencia a las urnas el 5 de julio. Pero de presentarse esto último, las elecciones para renovar la Cámara de Diputados, los gobiernos en seis estados y las congresos en otros 11 estados, podrían manifestar la más baja participación en la historia política del país.


Los golpes al ánimo social no han parado últimamente. El reciente libro de Carlos Ahumada Derecho de réplica confirma la corrupción en la que vive la llamada clase política nacional encabezada por los partidos políticos y el gobierno federal. ¿Qué confianza se les puede tener si vemos que todos ellos, en alguna medida, fomentan el ejercicio de la corrupción?


Muchas de las encuestas realizadas recientemente ya registran altos índices de abstencionismo para las próximas elecciones. Algunas prevén que será del 60 por ciento, pero otras como la del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública advierten que puede llegar al 70 por ciento.


De acuerdo al estudio titulado “Proceso Electoral 2009” las expectativas de participación no son prometedoras ya que el 62% de los encuestados que son personas en edad de votar consideran poco o nada confiables las elecciones y un 58% cree que habrá conflicto poselectoral.


En este ejercicio ciudadano se observa que la ciudadanía se siente menos representada políticamente y que ha descendido considerablemente la confianza en instituciones como el IFE, la Suprema Corte de Justicia, las cámaras legislativas y las fuerzas armadas.


Bajo este contexto es que se percibe poco ánimo, un escaso interés social en la participación de los procesos electorales y, al mismo tiempo, el ensanchamiento entre la llamada sociedad política y la sociedad civil. Fenómeno que puede dar pauta a varias reacciones, de una parte en la apatía total, en el otro extremo la formación de nuevos grupos sociales inconformes que robustecen a los grupos armados y, al mismo tiempo, una mayor concentración del poder en los grupos que ya conocemos y que únicamente  ven por sus propios intereses.


Y contra esos “virus” políticos no hay una vacuna que nos proteja pues nacen y crecen en un campo abonado por la impunidad y la corrupción desde las más altas esferas del poder.

 

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