Los dilemas, en la FIL de Guadalajara


Es un circo de cien pistas… y las corazonadas dictan la agenda del día

 

Fritz Glockner / Enviado Especial

 

La cita anual con los libros ha comenzado, como cada 365 días todos hemos tenido guardadas las expectativas de lo que este año podrá ofrecer la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, dedicado en esta ocasión a la ciudad de Los Ángeles, California. Como siempre el programa literario, el profesional, el lúdico o el artístico, se antoja imaginar como si estuviéramos ante un circo de cien pistas, en el que la duda hacia dónde dirigir los pasos se presenta a cada hora. ¿Ir a la presentación de Carmen Aristegui, o a la de Rosa Montero? ¿Asistir a la lectura de poesía o al foro de caricatura? ¿Ser testigo del homenaje a José Emilio o de la entrega del premio Fernando Benítez? Estas y otras dudas van a ser una constante durante los nueve días de duración del encuentro más importante del mundo hispanoparlante del libro, de la lectura, de los autores, de los sellos editoriales, de los agentes literarios, de los libreros, de la fantasía, de los lectores, del sueño, de la palabra impresa, sonora y musical; total, de lo que se pierda uno, luego llegarán las referencias de lo acontecido entre uno o dos tequilas.


Aun cuando la feria no ha sido abierta todavía para el público en general, los pasillos se van saturando de humanidad, los profesionales que tienen que ver con los diversos rincones del libro como objeto y de la lectura como actividad son cientos de miles y todos acuden a la cita en Guadalajara, la eterna sensación de encontrarse dentro de un tumulto similar al de la conexión del metro Pino Suárez de las líneas uno y dos del metro de la ciudad de México te persigue desde que entras a la expo Guadalajara; observas caras conocidas, saludas, te pones al corriente de lo que ha sucedido en un año de ausencia, buscas a las personas con las que deseas una cita: un editor, un agente literario, un distribuidor, los negocios comienzan a tomar forma, los pactos, las promesas se escuchan por cada rincón.


Afortunadamente la inauguración este año fue sencilla, no hubo los clásicos guaruras vigilando a los incultos que suelen ser invitados a inaugurar una feria que les dice poco, que no entienden, que acuden porque no tienen de otra, ya sea porque dicen que son Presidentes de la República, o porque son los representantes eclesiásticos, o porque cayeron en el puesto de Gobernador, el chiste es que en el 2009 los asistentes por convicción no padecimos al gururerío que acostumbra defender al idiota.


Las figuras que acuden para esta edición son varias y de diversos tópicos, el premio nobel 2006 de origen turco Orhan Pamuk es solicitado por todos los medios internacionales, él se sabe famoso y se deja querer; por su parte el ganador este año del premio de Literatura en Lenguas Romances que antiguamente se denominara Juan Rulfo, Rafael Cadenas de origen Venezolano se echó al público en el bolsillo a los pocos minutos de haber iniciado su discurso de agradecimiento por ser el elegido; existe expectación por el arribo de Mario Vargas Llosa, no vaya a ser que repita su famoso adjetivo de “Dictablanda” y tenga que irse sin decir adiós, o ¿qué tendrá que decir de nuestro país que ahora está gobernado por un partido con el cual simpatiza ideológicamente? Ya que sin duda, aun cuando se viene a festejar a la literatura, la política siempre está presente, como el caso del poeta galardonado Rafael Cadenas, quien al ser interrogado sobre la situación política, simplemente se limitó a externar que es bueno defender y cuidar la democracia por insuficiente que ésta pueda ser.


De los burócratas que acudieron a la ceremonia de inauguración, al que se le vio sonreír poco fue a Alonso Lujambio, el Secretario de Educación Pública, tal vez y los errores cometidos durante su gestión con los libros de texto sigan siendo una pequeña lagaña que no se ha podido quitar del todo de su mirada. Por el contrario, el que se sigue sabiendo dueño de la situación, convocador de todas las corrientes políticas, ideológicas, intelectuales, conversador con agilidad y destreza es Raúl Padilla, el Presidente Vitalicio del encuentro del libro, quien ha sabido capitalizar sus dotes caciquiles y enmascarar el control que ejerce sobre el centro universitario, no con porros, no con la violencia que padeciera años atrás la U de G, sino con sus dos grandes inventos, la FIL y el Festival de Cine.


La historia, pues, ha comenzado de nueva cuenta, las fanfarrias han sonado y todos ocupan sus sitios correspondientes, es la hora de debatir, de festejar, de cuestionar si el libro tiene o no futuro, de insistir si se lee poco o mucho en nuestro país, de hablar de política, de letras, de sueños compartidos, de imaginar si un libro puede cambiar al mundo o hacernos mejores personas, de fiesta, de baile, de tequilas, de letras, de portadas, de música, es una feria y como siempre a cada quién le irá de manera diferente, o mejor dicho, cada quien terminará hablando según le haya ido en la feria.

 

 

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