Moreno Valle, amo y señor de Acción Nacional


Cruza la primera aduana en su ruta a Casa Puebla


Selene Ríos Andraca

 

La historia servirá como texto motivacional: “Cómo pasar de expriista a panista de sangre azul”. Rodeado por antiguas familias enfrentadas, exdirigentes fracasados y neopanistas, Rafael Moreno Valle superó la primera meta en su lucha por Casa Puebla y conquistó a Acción Nacional desde dentro. Nunca más aquellos vituperios de “panista pirata” o “priista pintado de azul”. Ayer, más de 20 mil militantes activos y adherentes le dieron el sí a la guerra santa que se avecina.


La madre de todas las batallas por el poder, y el por el poder bien vale aliarse con Elba Esther Gordillo, la izquierda, los pejistas y hasta convergentes de baja estofa. Con Moreno Valle al frente de los ejércitos, a los panistas no les interesa conservar el partido, sino ganar el poder.


Moreno Valle conquistó familia por familia y Yunque por Yunque para cruzar la primera aduana de su proyecto político, la primera meta a su sueño que parecía desvanecerse por su éxodo del priismo.


Hace cuatro años en el interior de Acción Nacional Moreno Valle era un oportunista, un arribista, un usurpador de candidaturas, gracias a su madrina Elba Esther Gordillo. Pero ayer, se convirtió en el gallo capaz de derrotar al PRI, al gobernador Mario Marín Torres y a su delfín Javier López en julio próximo.


Con Ana Teresa como contrincante, y en una jornada interna sumamente tranquila, el senador con licencia destrozó los paradigmas que adornaron su llegada al PAN: “El Yunque lo destrozará”, “Los panistas nunca lo aceptarán”, “Será siempre un priista en el PAN”.


Ayer, “el monstruo” de Melquiades Morales Flores anunció con una manta en el Camino Real la fusión de soldados para frustrar los planes transexenales de Mario Marín: “Lo que nos une es Puebla”, el mismo slogan utilizado por la megacoalición en Durango.


Sólo hubo una justificación para la ensalada de ideologías: “No nos enfrentaremos a un candidato o a un partido, sino a un sistema que hará uso de todos los recursos que tenga a su alcance para mantener los privilegios”.


Y la flota acató la orden, respondiendo a gritos: “Ya llegó, ya está aquí, el que va a sacar al PRI…Ya llegó, ya está aquí, el que sacará a Marín”.


Casi a las nueve de la noche, apenas con los resultados preliminares de la contienda interna, el Comité Directivo de Acción Nacional oficializó el triunfo de Rafa y Juan Carlos Mondragón le levantó la mano, en ausencia de su contrincante Ana Teresa Aranda: “No veo al candidato del PAN al gobierno, veo al próximo gobernador de Puebla”.


Y al lado del hombre que arrancó ovaciones, vítores, porras y aplausos, estaba al menos un representante de cada familia, de cada grupo enfrentado históricamente: Humberto Aguilar junto a Rafael Micalco Méndez; Pablo Rodríguez Regordosa a la derecha de Roberto Grajales Espina y Genaro Ramírez, hombro a hombro, con Miguel Méndez.


Sólo faltó “La Doña”, levantándole la mano a su acérrimo enemigo, a su antagonista —como ella lo ha calificado— y aunque se comprometió a estar presente en la entrega de resultados, prefirió quedarse en su Casa Puebla personal a llorar su cuarta derrota consecutiva al interior de su partido.


Anatere fue eje en los discursos del hoy candidato del PAN a Casa Puebla, tanto en el oficial como en el del festejo. En ambos, invitó a la secretaria de Desarrollo Social en la última recta del sexenio foxista a sumarse a su proyecto: “Nuestros enemigos no están en casa, están afuera y tenemos que combatirlos en unidad”.


En el Camino Real, el hoy candidato pidió a sus seguidores: “Cuando regresen a la Mixteca, a la Sierra Norte, a la Sierra Negra, les pido le tiendan un puente a todos los que apoyaron a Ana Teresa y les manden un saludo de mi parte, y el mensaje de que juntos tenemos que ganar aún una elección”.


Los cientos reunidos en el hotel le dejaron un espacio a “La Doña”; la aplaudieron, la ovacionaron, la corearon, todo en su ausencia.


Después del festejo oficial, el grupo íntimo morenovallista se fue a festejar al bar Puebla de Antaño. Una pequeña pausa después de cruzar la primera meta.

 

 

 

 

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