Cirilo Salas Hernández


En esto creo


Secretario General de la Sección 51 del SNTE


Gloría Mejía

 

 

Soy elbista de corazón y no porque sea el secretario general, sino porque tuve oportunidad de conocerla desde afuera, pero también de conocer el proyecto del SNTE. La visualizo como una mujer que está haciendo historia, que se enfrenta a su tiempo, pero que ve más allá. Una mujer que, se le cuestione lo que se le cuestione, tiene poder real en el sistema educativo, pero también en la vida política ciudadana. Los que la cuestionan no han reconocido su capacidad de liderazgo; la cuestionan por ser mujer, porque vivimos en un mundo de machismo, en donde a la mujer no se le da la oportunidad de pensar y menos, de que sobresalga.


Me estoy preparando para que el próximo secretario o secretaria de este Sindicato tenga su espacio y gobiernen ellos solos la dirección sindical. Estoy preparado a dejar este cargo y me dedicaré a lo que tenga que hacer. La suerte que corra la maestra Elba Esther Gordillo será la misma que la que tenga que correr Cirilo Salas, porque en la vida hay que ser agradecidos, y la única forma es demostrar la lealtad.


Rafael Moreno Valle es un proyecto de visión de futuro, y le apostamos a ese proyecto, donde los maestros de todos los partidos estuvieron con Rafael Moreno Valle por su perfil, pero sobre todo creemos que Puebla puede ser diferente. Creemos que la alternancia nos va a permitir mejorar lo que ya se venía haciendo y fortalecer lo que ha funcionado bien. Quiero dejar en claro que no votamos por el PAN, elegimos a la persona; somos un sindicato que está más allá de los grupos políticos, de los gobiernos y de las coyunturas políticas. Somos un sindicato que cree en la pluralidad y en una nueva cultura cívica.


Creo que la política se debe hacer con el cerebro y con el corazón, pero nunca debe hacerse con el estómago. Cuando se hacen bien las cosas estamos conscientes de que se le puede dar un rostro humano, y de esta manera hemos actuado siempre, porque los niños y los jóvenes deben ser respetados, además de que deben tener todo el derecho a la educación.


Rafael Moreno Valle provocó un movimiento social-ciudadano que está más allá de los partidos políticos; sembró esperanza y expectativas, despertó a la ciudadanía y construyó sueños, movió a los que creemos en la democracia y que las cosas pueden ser diferentes en el país. Su voto fue razonado, pocas veces se volverá a ver. Auguro cosas muy buenas para los poblanos.


Estoy contento de que Rafael Moreno Valle sea gobernador, por dos razones: porque se preparó para serlo; y dos, porque es un hombre que conoce otros espacios diferentes al país, y eso le da una visión de futuro para poner a Puebla en la antesala del mercado mundial. La riqueza cultural y arquitectónica no ha sido promovida, y sólo nos hemos quedado como localistas.


Tengo fe y esperanza de que el próximo secretario de Educación Pública sea escogido sobre perfiles, que venga a sumar y no a dividir, tampoco a cuestionar si estuvieron bien o mal las cosas. Deberá ser una persona que conozca el sistema educativo poblano, pero también que conozca el sistema político nacional. También debe tener una formación académica y política, que se encuentre los 365 días del año viendo cómo contra restar el analfabetismo, cómo conseguir un acuerdo a la realidad de los maestros poblanos, y cómo hacemos de la educación una alternativa para los que menos tienen, donde no se politice, sino se garantice que todos los jóvenes van a poder ingresar al sistema educativo.


La relación con el gobernador Mario Marín ha sido de respeto y de corresponsabilidad de lo que nos toca hacer. Lo mismo ha sido con el maestro Darío Carmona. A él lo conozco desde hace tiempo, cuando inició como maestro de grupo. Es un agremiado de la Sección 51, egresado del BINE. Nos conocimos antes de ser funcionarios, pero en cuanto llegué a la Secretaría nuestra relación fue totalmente de respeto. Cuando ha existido alguna diferencia con alguno de los maestro o agremiados, lo hemos platicado y tratado de corregir; las diferencias las discutimos poniendo los puntos de acuerdo sobre la mesa.


Soy el número 11 de una familia de campesinos. Mi madre murió cuando yo tenía año y medio de edad. Reconozco que mi padre fue un hombre extraordinario y un ejemplo a seguir, ya no se volvió a casar. Cuidaba chivos, y eso le permitía que de su trabajo todos comiéramos. Nací en Zapotitlán Salinas.


Pasé de todo en mi vida; viví dos meses en la calle, en lo que era Ferrocarriles de México. Palpé la realidad en la calle, conocí lo que fueron las drogas y no me avergüenza decirlo. Considero que fui un niño de la calle, palpé la soledad del ser humano, donde la gente te ve como un desperdicio de la sociedad, conocí esa parte de la sociedad. Tiempo después encontré un trabajo y fui comerciante de casa en casa. Me aprendía de memoria todo lo que me daban, ese trabajo me permitió rentar mi primer cuarto, me permitió regresar a mi aspiración de estudiar y me regresó al pueblo con mi familia.


No hay necesidad de ser parte de un gobierno para seguir contribuyendo en lo que queremos y soñamos los poblanos. Actualmente tengo una responsabilidad y me faltan cosas por concluir. Cirilo Salas es aún dirigente de la Sección 51 y con los compañeros del Comité Ejecutivo Seccional hicimos un gran esfuerzo para sumar a favor de Rafael Moreno Valle, pero en la victoria hay que ser más humilde. Me faltan cosas por cumplir con la dirección sindical, lo digo con franqueza y hay que estar conscientes de una realidad. Soy un ciudadano común.


Me han dicho de todo; que he traicionado a los grupos políticos, que he simulado, y lo único que he dicho es que soy una persona auténtica. Pero mi lealtad es con Elba Esther Gordillo Morales, mi lealtad está con el Sindicato, con la educación y con la escuela pública. He aprendido que la lealtad es con uno mismo, he aprendido a ser congruente con tu pensar y con tu hacer.


Me considero un hombre institucional, al que le gusta reconocer que cada uno es responsable de su espacio. Podemos estar o no de acuerdo, pero esa parte nos permite fortalecer todo el sistema. Me gusta que la gente crezca y delegar responsabilidades, que la gente joven aprenda. Muchas veces se me ha cuestionado eso, pero yo he aprendido que el poder se ejerce para que la gente crezca. El liderazgo se gana con conocimiento y libertades de crecimiento. Mientras mejor sea la gente que está cerca de mí, me veo más obligado a superarme y ser mejor. No tengo temor a que alguien sea mejor que yo.


No me gusta la sumisión ni me gusta que me rindan pleitesías. Cirilo Salas ha aprendido a caminar como ser humano y como dirigente. He aprendido que soñar es un compromiso de uno para hacerlo realidad. Yo no solamente quiero ser y menos estar, quiero trascender. Quiero dejar un legado a mi familia, a mis amigos, a la gente que ha creído en un servido.
Tengo un origen: soy campesino y aprendí que la tierra se endurece cuando no se trabaja. Aprendí que todos tenemos una función que hacer y en el camino hasta las piedras son útiles y te sirven de algo, sólo hay que saber cuál es su destino. En esta vida cabemos todos, los que creen y dudan de ti, tus detractores. No soy enemigo de nadie ni compito con nadie.


He llorado de impotencia, soy humano. Cuando te humillan y te pisotean, cuando has entregado muchas cosas, cuando has sido leal y te descalifican, cuando sin conocerte te hacen sentir que no eres digno de vivir. Y a pesar de eso, también he llorado de felicidad. He aprendido que si alguna vez me han hecho llorar ha sido para bien, porque me he dado cuenta que sigo vivo y sigo siendo humano. Pero lo más importante es que no se cómo pagarle a la vida todo lo que me ha dado.


Me ha tocado ver el nacimiento de personajes que son parte de la historia del SNTE y siempre los he visto con mucho respeto y afecto. Con Guillermo Aréchiga estuve laborando y lo considero como un hombre disciplinado y talentoso, que la vida le ha permitido estar en donde está. A Gustavo Espinosa le tengo aprecio, trabajé con él, es un hombre joven y talentoso, al que le tocó vivir su propia historia. Hoy ha avanzado mucho y le auguro el mejor de los éxitos. A Lety Jasso la conozco antes de haber sido secretario general, la traté como director y como maestro. Ella es un ser humano extraordinario, ha sabido aprovechar su tiempo y vivirlo, así como sus circunstancias. De cada uno reconozco la contribución que le hicieron al Sindicato y conservo una línea de respeto.


Me estoy preparando para cuando concluya mi periodo, y pido que no me meta en la vida institucional de este Sindicato, que mis 46 compañeros tengan la oportunidad de ser secretarios generales. Lo único que pido es que no dividan sus zonas, delegaciones, que no vayan con un futurismo de grupos y de personas, porque considero que este Sindicato debe estar más allá de los grupos y aspiraciones personales. Lo que soy se lo debo a un maestro, a una escuela pública, y por ello debo ser congruente. Me debo a este sindicato. En la vida sólo una vez llega uno a ser secretario general de la Sección 51, lo que es un privilegio.


Los maestros somos una parte de la movilidad social, que entramos al terreno de los ciudadanos y al final nos volvemos un obstáculo para los grupos políticos partidistas, que es un asunto de poder y no de ciudadanía. Si el sistema no me permite ir más allá, el maestro sólo cumple lo que el aula le permite, y eso no es culpa del maestro sino de los que llevan las políticas educativas. A la educación se le debe ver como una política de Estado; por qué no invertir más en la investigación, por qué no fortalecer lo que ya existe para que se permitan decir en dónde están las debilidades y deficiencias. La educación pública sigue siendo un espacio para los que menos tienen.


Nunca fui el mejor alumno de la primaria, pero la terminé. Cuando lo hice tuve una plática con mi papá, quien no sabía leer ni escribir, y me dijo algo que me marcó mucho: “Hijo, no sirves para el campo, vete porque yo no puedo apoyarte. Tienes libertad para irte. Lo único que te pido es que seas el mejor, seas lo que seas, pero el mejor”. En ese momento sientes que no te quieren, pero después agradeces que te lo hayan dicho y que te hayan dejado marchar.


La secundaria me permitió revalórame como persona y me ofertaron para irme becado para hacer la carrera de maestro, pero yo no quería ser maestro. Yo quería estar en el Colegio Militar o en la Naval, también quería ser actor. Esos eran mis sueños. Entré en el CCH, pero deserté por falta de apoyo.


Siempre busqué a mi madre, jamás asimilé que ya no estaba. Esas y otras circunstancias me llevaron a tener una crisis muy fuerte, al grado que intenté suicidarme, y no me avergüenza decirlo. Terminé con el psiquiatra porque la familia no comprende que lo que te está pasando es interno, eran mis problemas personales. Yo quería ser reconocido y que la gente lo entendiera. Buscaba mi libertad.

 

Me visualizo un anciano feliz y preparado para morir, orgulloso de mis raíces, de mis viejos, de mis hijos, de mis afectos. He sido un hombre libre, he hecho lo que he querido, no tengo nada de qué arrepentirme. He platicado a mis hijos de la cremación y que me rieguen en los espacios donde pueda seguir siendo feliz y libre. No me gustaría que me lloren; que sea un día de fiesta, en donde se sientan contentos porque he concluido mi vida. Quiero terminar mi villa de los jubilados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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