Cierre con mariachi y partida de pastel


—Crónica—


Selene Ríos Andraca

 

Rafael Moreno Valle cumplió fielmente el apotegma de que “origen es destino”. Hace siete años en Ciudad Serdán inició su camino rumbo a la gubernatura, y aunque sufrió varias dificultades en el trayecto, éste se cristalizó más tarde con la unión imposible de cuatro partidos políticos. Fue ahí, en su cuna política, donde puso fin a su recorrido rumbo a Casa Puebla aprovechando su cumpleaños 42 para partir un gigantesco pastel, cantar junto a los mariachis y los más de 8 mil simpatizantes. Ciudad Serdán es el alfa y omega para Moreno Valle.


Ayer, la calzada principal de Ciudad Serdán se abarrotó de morenovallistas para apapachar al abanderado de la megacoalición a la gubernatura. Hace siete años, aglutinar a más de 8 mil personas sobre el bulevar parecía imposible; ayer fue un déjà vu para el expriista que comenzó su carrera política en el seno de Melquiades Morales por una diputación federal.


Aunque el evento estaba programado para las cinco de la tarde, la apretada agenda del jefe del gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, obligó a Moreno Valle Rosas a apersonarse una hora antes en la avenida, donde fue colocado el templete justo en la espalda de la estatua gigante de Gustavo Díaz Ordaz.


Caminó más de cien metros acompañado de su esposa Marta Erika y de sus operadores regionales, y aunque sus agentes de seguridad insistieron en cortar camino para llegar a la gran sorpresa, Moreno Valle caminó en sentido contrario a las instrucción y se internó en el mar de gente que le esperaba.


Durante su caminata, recibió felicitaciones, abrazos, besos y reclamos por la falta de sombrillas. Moreno Valle entre sordo y atento, respondía a lo que su prisa le daba y sólo lo desconcertó la exigencia de los souvenirs más famosos.


Minutos después se postró frente a un pastel de unos dos metros de largo con el rehilete de la megacoalición y dos pequeñas velas con formas numéricas que formaban el 42.


Ordenó que el jingle cesara. Que el maestro de ceremonias callara y que arrancaran con “Las Mañanitas”. Pero su orden quedó en el aire. El jingle continuó, el maestro de ceremonias era un merolico imposible de apaciguar y nadie tenía la canción solicitada por el candidato.


A la distancia, Moreno Valle hacía señas desesperadas por callar al animador. La clásica seña del índice cruzando el cuello. El orador oficial sonreía y gritaba más fuerte: “¡Sí! ¡Moreno Valle, gobernador! ¡Ahí está! ¡Salúdenlo todos! ¡Agiten con fuerza sus sombrillas!”.


El abanderado insistía en sus señas, cada vez más tiesas, cada vez más agresivas, pero el orador simplemente no entendía.


Desde el fondo del mitin surgió entre la multitud como un susurro una canción conocida hasta la náusea. A capella, sin mariachis de fondo, comenzaron a cantar “Las mañanitas” los simpatizantes más férreos de Moreno Valle.


Martha Erika aplaudió conmovida. El candidato sonrió y se inclinó casi 45 grados para apagar las minúsculas velas del gigantesco pastel blanquiazul.


“¡Mordida! ¡Mordida! ¡Mordida!”, comenzaron a corear los seguidores del senador con licencia. Moreno Valle sonrió divertido ante la propuesta, pero bastó una leve mirada de su esposa para que cesara con la idea: “Ni se te ocurra morderle”, soltó.
Él sonrió y con un trozo de pastel entre sus dientes, respondió negativamente con la cabeza.


El maestro de ceremonias al fin reaccionó e hizo que el mariachi guinda subiera al templete para cantar “Las Mañanitas”: “¡Ah! Que arranquen los mariachis para nuestro candidato.


El Mariachi cantaba entre nervioso y emocionado, mientras Moreno Valle se alejaba del pastel para iniciar, por penúltima vez, con su conocido, amplio y aprendido discurso de campaña.


Aunque para reverenciar a Ciudad Serdán inició de manera distinta: “Vengo con mis padres, mi hermana y mi esposa, decidí venir a Ciudad Serdán, con ustedes que son mi segunda familia, hoy en mi cumpleaños para saludarlos a todos. Aquí no sólo tengo amigos y amigas, tengo compadres, tengo ahijados, y les agradezco que me hayan abierto las puertas de sus casas y de su corazón. Vengo a pedirles que mi regalo me lo den el domingo, que su voto sea mi regalo de cumpleaños”.


Allá en su cuna, en su alfa y omega.

 

 

 

 

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