Rudos y rudísimos miden fuerzas en el Cuauhtémoc


—Crónica—


Héctor Hugo Cruz Salazar


Enfundando en el traje de opositor, Rafael Moreno Valle operó como todo un priista para atiborrar hasta la última lámpara el estadio Cuauhtémoc, exhibir su poder de convocatoria y de paso mandar el mensaje a su adversario, en el sentido de que la lucha el 4 de julio será de tú a tú. Con las mismas mañas y las mismas formas, ésas que aprendió bien y no se le olvidaron, pese a que en el discurso las critica hasta la nausea.


En el mismo escenario, 24 horas más tarde, Javier López Zavala tuvo que sortear con las circunstancias en su contra y hacer un cierre de campaña fast track. El juego de la Selección Mexicana estuvo a punto de hacerlo quedar mal, pues aunque logró llenar el Cuauhtémoc y equilibrar el “poder de convocatoria” con su adversario, el tiempo le jugó de contrario, pues la gente sólo hizo acto de presencia y, urgida por ir a ver el duelo de la escuadra nacional, apenas si escuchó su mensaje.


Los priistas mostraron ser un mejor público que el de la coalición opositora a la hora de gritar y echar porras a su candidato. Aunque con menos gente, los gritos del priismo se escucharon más en el Cuauhtémoc que las porras opositoras que se ahogaban en la inmensidad del coloso.


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Los abanderados son rivales en la lucha por el poder, tienen discursos y propuestas diametralmente opuestas, hablan de dos Pueblas diferentes, pero en los hechos actúan igual.  


En sus cierres de campaña exhibieron lo mismo: el acarreo, el uso de estructuras sindicales, el respaldo del aparato gubernamental y el dispendio de recursos.


Moreno Valle con el respaldo del SNTE y el Gobierno federal.


Zavala con el respaldo de los sindicatos oficiales y oficialistas y el más importante, el del Gobierno de estado.


Sin rubor alguno, los dirigentes nacionales y estatales de sus partidos avalaron sus formas y lanzaron todo tipo de descalificaciones hacia sus adversarios. Los celebraron, los vitorearon y les auguraron el triunfo en las urnas.


Eso sí, de cada lado a su modo. Los opositores criticando al marinismo y el estilo de los gobierno del tricolor. Los de la Coalición oficial quejándose del mal gobierno del PAN.


Las fobias también salieron a relucir. Moreno Valle atacó frontalmente a Zavala y su familia repitiendo sus acusaciones contra los padres del adversario. Los del PRI-PVEM no se quedaron atrás. Jorge Emilio González llamó “candidata” a Moreno Valle pretendiendo hacerlo pasar por un error, mismo que fue celebrado por la concurrencia del candidato marinista.


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Mientras que el discurso de los priistas fue uniforme, hablado que en Puebla todo está bien y si ellos ganan va a estar mejor y que van juntos en la elección, del lado de la alianza Compromiso por Puebla los discursos sonaron también a reproche.


Y es que Eduardo Rivera mandó un mensaje muy claro a Moreno Valle en el sentido de que si pretende obtener la gubernatura perdiendo la capital del estado, está equivocado. Fue el sentir de los panistas, que siguen sintiéndose desplazados por el neo-opositor y, sobre todo, que lo ha dejado a la deriva en su búsqueda por la alcaldía poblana.


Palabras más, palabras menos, Rivera Pérez enunció decenas de municipios que la oposición está a punto de ganar y habló que eso acerca a Moreno Valle a Casa Puebla y que lo único que faltaba era que se ganara la capital, pues sólo de esa forma el sueño morenovallista podría verse cristalizado.


El mensaje al parecer pasó de noche, pues no hubo ninguna reacción en el Cuauhtémoc y Rafa nunca le hizo caso, ni para la foto oficial del evento.


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Tanto priistas como panistas mostraron sus cartas y a lo que le apuestan el 4 de julio: la movilización y el uso del dinero para obtener todos los votos que puedan para lograr su tan anhelado triunfo. Ambos demostraron que lo que les sobran son recursos, que saben dónde, cómo y cuándo invertirlos para hacerlos rentables electoralmente.


Algo quedó claro. Los poblanos no sufrirán en esta temporada de lluvias, pues están abastecidos con miles de sombrillas para hacerle frente al temporal, pues en los dos días se repartieron miles, cientos de miles de esos artilugios, unos con los colores del arcoíris y otros blancos y rojos, pero al final, sirven para lo mismo.


La única certeza que quedó al final de las campañas es que la lucha será entre pares, entre iguales, serán puercos contra marranos; que por primera vez la elección será un volado y que nadie, a pesar de la demostración de fuerzas en el Cuauhtémoc, tiene nada seguro.

 

 

 

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