Mario Montero Serrano


En esto creo


Candidato de la alianza Puebla Avanza a la presidencia municipal de Puebla


Gloría Mejía

 

 

El momento más fuerte en mi vida fue enfrentar la tragedia del accidente de mi esposa (QPD). El tener que ir, intentar y finalmente, llegar al lugar y ahí tener que enfrentar una situación tan dolorosa. Desde ese momento empecé a pensar mucho en Dios; me acerqué a él y me dio toda la fuerza para tratar de entender lo que estaba pasando. Es la mejor ayuda que alguien pueda tener.


El ser candidato por mi partido era una meta que me propuse hace 11 años. La tercera fue la vencida. Buscando la primera vez con muchas ganas la oportunidad, la segunda fue con más medida, aunque con el mismo entusiasmo, y la tercera yo sabía que era el último chance que existía para lograrla. Conseguimos el posicionamiento necesario, lo primero que hice fue medirme para ver si seguía vigente en los ciudadanos de Puebla, si querían verme como candidato y presidente municipal. Así que la tercera es la vencida y lo logramos muy bien.


Don Enrique Montero Ponce representa el ejemplo de un hombre que, con constancia, trabajo y esfuerzo, logró hacer un nombre en la comunicación, y con muchos años perseverar y mantenerse en los primeros lugares en el agrado del público. Hoy es un ícono del periodismo en Puebla. Para mí significa no tan sólo la autoridad, la orientación, sino el ejemplo de un padre que lucha por su trabajo.


En la universidad formamos un grupo de buenos amigos que se convirtió en un grupo muy compacto. De ahí nació un proyecto político; el gobernador del estado, Mario Marín Torres, llegaba muy temprano a clases, pero se iba muy rápido porque tenía que trabajar, algunos nos quedábamos un poco más. Hoy me da satisfacción ver que él haya alcanzado todos los objetivos que se marcó en la política. Yo en ese entonces vendía publicidad en radio, lo cual me permitía no tener horario. Iba a visitar a mis clientes. Fue don Roberto Cañedo, dueño de la HR, el que me dio oportunidad para que pudiera generar ingresos, para mis gastos en la universidad.


Procuro no leer los periódicos cuando se trata de cosas negativas hacia mi persona. Prefiero siempre guardar las cosas buenas, pero cuando me encuentro a los que las escriben siempre los saludo afectuosamente. No soy un hombre de rencores.


Javier López Zavala sí es mi amigo y estamos compartiendo juntos con una gran unidad esta campaña. Hablo de él y de la importancia que se va a dar, de que el gobernador y el presidente municipal seamos del mismo partido, y que estemos coordinados en un trabajo de gobierno.


Soy amigo universal, es difícil que alguien no se haga mi amigo. Yo les digo a muchos: “si no eres mi amigo, tienes un problema”, así que tengo muchos amigos y les ofrezco mi apoyo. Yo no tengo enemigos, tal vez por la vida andan algunos enemigos gratuitos, pero yo no los registro.


No tengo otro proyecto a futuro ni otro objetivo más que el de ganar la presidencia municipal. No ando pensando qué va a pasar más adelante, porque sería un error hacerlo, sería perderse de la meta que me he propuesto, que es servir bien a los habitantes de Puebla por tres años. Terminando el gobierno municipal ya tomaré la decisión de qué hacer con mi vida profesional, más que con mi vida política, y hasta ese momento veremos qué pasa, por lo pronto, ningún otro proyecto político.


Las coaliciones que hoy vemos no tienen un sentido ideológico, los partidos políticos que las conforman no han acabado de acomodar en la nueva realidad de la democracia, se ven sin un objetivo práctico, pues despersonalizan a quienes participan. Yo les aconsejaría que regresen al camino en el que empezaron y eso va a permitir que la democracia se enriquezca. Lo que hoy vemos no es un avance de la democracia, es querer llevar un objetivo político a una práctica o a una actitud pragmática que hace a un lado lo más importante, lo esencial, la ideología, el concepto de por qué querer llegar a ser algo.


Cuando me hacen candidato a la presidencia de Puebla, únicamente viví el momento. Lo sensible fue por muchas cosas: primero toda la tensión que habíamos pasado, el acordarme de las dos veces anteriores, en las que siempre mantuve una actitud muy serena, muy firme, muy de sumar, muy institucional ante mi partido. Es ahí cuando reconoce uno que el partido finalmente premia la constancia y premia la institucionalidad.


Mi padre me aconseja que tenga prudencia y que sea muy limpio en la campaña, no caer en descalificaciones, no hablar mal de nadie. Al contrario, hablar de un proyecto de ciudad serio, y es lo que justamente hago.


Tengo un proyecto para que Puebla se convierta en una cuidad humana, y que el gobierno sea sensible y cercano a la gente. Hoy lo que tenemos que buscar es mejorar la capital, eficientarla en sus servicios, en sus obras, en la seguridad y en un gobierno que sea cercano a la gente. Ahí estará seguramente la llave para que a Puebla y a sus habitantes les demos calidad de vida.


“Todo lo que pasa, conviene”, es una frase que me dijo mi papá y se me ha quedado para siempre. La uso y la aplico en muchas cosas.


Desde niño siempre quise ser político, aunque dice mi mamá que quería ser torero. En alguna ocasión en la junta auxiliar de La Libertad, hace como 50 años, fuimos a una comida y se escapó un toro, entonces me cuenta mi mamá que yo agarré un trapo y ya iba a entrarle al toro. Mi abuelo tuvo que ir a detenerme. Me imagino que desde ahí se me quitó esa idea, pero lo que me atrajo fue la vida pública.


El primer hombre que me marcó en la política fue Adolfo López Mateos. En alguna ocasión me llevaron mis padres a un desfile que se hacía en Reforma, en el Distrito Federal. Estábamos en una tribuna y de pronto sentí cómo una ola de gritos, de entusiasmo y algarabía se generó en toda la tribuna. Cuando volteo veo al presidente de la República saludando en su automóvil descubierto, proyectaba poder, era una presencia pública fuerte que generaba entusiasmo y reconocimiento, era la fuerza del gobierno. Jamás he visto que un hombre haya sido tan ovacionado por la ciudadanía.


Nací entre medios, política y el deporte. Entre mi infancia y la juventud me tocó vivir una vida que no todo mundo vive; conviví con periodistas, fotógrafos y reporteros. Vivía yo la noticia todo el tiempo como parte de mi existencia, tenía una relación muy estrecha con personas del deporte y del espectáculo. La política la veía de lejos, pero me atraía conocer personajes que tenían un reconocimiento por lo que eran.


Mi esposa, Patricia Rosano, representa toda una etapa de mi vida. La conocí cuando yo tenía 16 años, fuimos novios 11 años y 26 de casados; es decir, 37 años de mi vida compartiendo con ella. Por eso representa la etapa más bonita de descubrir el amor, de aprender a formar un hogar y salir adelante en un proyecto de vida, consolidar la relación de pareja con los hijos, de estar siempre juntos y tomar los propios mundos profesionales y nunca dejarlos. Hoy que Dios ya se la llevó, pienso que su recuerdo y ejemplo, además de su presencia espiritual, a mis hijos y a mí nos ha servido de mucho.


Tuve una infancia muy feliz, rodeada de afectos por parte de mi familia y de mis amigos. Nací en la Maternidad Haro y Tamariz, hoy hospital de la UPAEP. Mi infancia la pasé en un edifico con varios departamentos ubicado en la 13 Poniente 712, muy cerca del barrio El Parral. En este lugar mantuve una gran convivencia con los vecinos. Mi vida transcurría entre ir a la escuela y jugar con ellos por las tardes.


Me divierten mis hijos y mucho, me divierten mis amigos, la política. Ahora me divierte el contacto con tanta gente en campaña, también me divierte mi sobrinita a la que quiero mucho, pero me divierte finalmente el estar aquí y ser parte de la vida; convivir, tener un objetivo y luchar por él.


Soy un lector universal. Leo novela, cuento, historia, panfletos, revistas, periódicos. Todo lo que llegue a mis manos lo leo.


No me gusta que haya veces que quisiera abarcar todo. Soy demasiado hiperactivo, a veces me molesta porque no me da tiempo para hacer las cosas así. Siempre logro y alcanzo mis objetivos, pero no me doy tiempo para mí. Me ha pasado muchas veces que la gente está disfrutando algo y yo estoy trabajando, pero lo asumo como parte de lo que he decidido hacer.


Me identifico con el valor de la honestidad antes que nada. Pero también está el de la amistad, la sinceridad y el de la sensibilidad humana.


Como papá soy muy cariñoso, comprensivo, consentidor y muy flexible. Pero cuando hay que poner un alto o poner las cosas en orden, también lo hago.

 

A mi hijo le gusta la labor social más que la política. Lo que le digo o le aconsejo es que tiene que regresar a su camino de la profesión, ya se tituló como abogado. Hoy tiene la oportunidad de primero realizarse como profesionista y luego meterse a la política, que es lo que yo hice. Aunque hereda un apellido con todas sus consecuencias y responsabilidad, él tiene que hacer su propia vida y ver dónde ubicarse en la sociedad a la que debe de servir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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