No perdimos las elecciones, nos la ganaron: Armenta


—Crónica—


El hoy exdirigente del tricolor le quiso hacer al filósofo en su informe de labores, pero terminó entregando un catálogo de obviedades y frases sin sentido que nunca revelaron la verdadera razón de la estrepitosa derrota del 4 de julio


Selene Ríos Andraca


Con el título “La verdad concreta”, Alejandro Armenta Mier intentó emular a Michael Moore y su obra The awful true para explicar las razones que hundieron al Revolucionario Institucional el pasado 4 de julio; sin embargo, sólo logró ser un buen imitador del “Filósofo de Güemes” con frases como: “En Puebla no perdimos las elecciones, nos las ganaron”.


Para cerrar su ciclo al frente del Comité Directivo Estatal, Armenta Mier entregó un catálogo de obviedades y frases sin sentido, que nunca revelaron la verdadera razón de la estrepitosa derrota del tricolor: la intervención de Mario Marín Torres y su necedad de imponer a dos de sus incondicionales en las candidaturas al gobierno estatal y capitalino.


En sus ambigüedades, matizadas con tintes de la ciencia política, Armenta Mier se negó a reconocer que la fórmula Javier López Zavala-Mario Montero era un cocktail fatal para el tricolor y que ambos candidatos fueron los principales lastres para el resto de los aspirantes a un cargo de elección popular.


En sus últimas horas como líder estatal del PRI, cumplió con su único papel asignado desde abril de 2008: el del soldado leal, pero inepto, pues ni en su despedida se atrevió a incomodar o a contradecir a Mario Marín o a López Zavala; por el contrario, agradeció el apoyo del gobernador saliente y la confianza de éste a su persona.


El “Filósofo de Acatzingo” redactó una sarta de justificaciones para tratar de salvar su fatídica posición histórica: ser el primer dirigente priista en la entidad en entregar las llaves de Casa Puebla a la oposición.


El colmo fue que ni en su último día como líder priista Armenta logró lamer las heridas provocadas en sus dos años y medio al frente del Comité Directivo Estatal, ya que fue evidente la ausencia de Mario Marín, Mario Montero, Javier Sánchez Galicia y Guillermo Deloya Cobián.


Sí, Armenta Mier criticó la falta de estrategia político-electoral, resaltó las deficiencias en la operatividad política y los errores de la comunicación política para la persuasión de los electores, pero no especificó cuáles fueron los errores ni los nombres de los responsables de las áreas.


Según “La verdad concreta” de Armenta Mier, el principal factor de la estrepitosa derrota priista del pasado 4 de julio fue la maldita intervención del Gobierno federal, de sus aliados y de los poderes fácticos, “que propiciaron diversas irregularidades, mismas que fueron señaladas en tiempo y forma y que ahora el Tribunal Federal Electoral las ha confirmado a nuestro favor”.


“El resultado fue una elección con todo el poder del Estado mexicano y los aliados del Gobierno federal. Fue un proceso inequitativo con muchas acciones fuera de la ley (…) Sólo así podemos explicar las constantes visitas del gabinete del Gobierno federal, la operación electoral de los programas Oportunidades y 70 y Más, así como el discurso electoral basado en la diatriba y la descalificación contra el gobierno estatal, el PRI y sus candidatos”.


La tibieza con que Alejandro Armenta cerró su capítulo en la presidencia priista fue sustentada a medio discurso: “Esta es la ‘Verdad concreta’ que no busca deslinde, que no pretende enjuiciar, que no tiene destinatarios personales, que se basa en la razón de las variables electorales de la ciencia política, que necesita ser entendida para reconstruir al PRI que necesitamos para los nuevos retos”.


Y con el cinismo puro, el hombre que controlaba el tricolor y que negó el registro de Enrique Doger durante la contienda interna para la gubernatura, soltó una de las lecciones aprendidas: “Lo fundamental son las plataformas electorales, pongámoslas por encima de los liderazgos carismáticos o mesiánicos”.


Ante la élite priista y el nuevo dirigente estatal priista, Juan Carlos Lastiri, Armenta Mier comenzó a filosofar en plena sesión de la Comisión Permanente del Consejo Político Estatal: “En Puebla no perdimos las elecciones, nos las ganaron”, y no, a pesar del énfasis y de la excelente oratoria del oriundo de Acatzingo, la masa priista no se inmutó ni avaló la tremenda frase con una sarta de aplausos y porras.


“Las derrotas son lecciones históricas”, soltó con la entonación requerida para prender a cualquier conglomerado, pero fracasó. “Para obtener victorias electorales necesitamos la unidad férrea del partido. En las victorias florecen las paternidades y las maternidades y las derrotas son huérfanas”, concluyó el “Filósofo de Acatzingo”.

 

 

 

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