En el sexenio marinista se duplican robos con violencia


En Puebla había un índice de 5.81 y para septiembre de 2010 el indicador aumentó a 10.88 según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública


Miguel Ángel Cordero


El sexenio marinista cerró con una reducción en el índice de homicidios, pero en contraste se duplicó el índice de robos con violencia, según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública.


En 2005 Mario Marín recibió a la entidad con un índice de 5.81 robos con violencia por cada 100 mil habitantes. Para septiembre de 2010 el indicador aumentó a 10.88, es decir, se duplicó.


Los robos sin violencia pasaron de 32.84 a 40.9 bajo la gestión del último gobernador priista de Puebla. En contraparte, los homicidios disminuyeron al pasar de 2.25 al inicio del sexenio a 1.37, a septiembre de este año.


Los homicidios con armas de fuego también se redujeron de 0.44 a 0.32 por cada 100 mil habitantes. En tanto, el secuestro tuvo un incremento de a 0.017.


Aunque esta última cifra indica la baja incidencia de secuestros, también reporta que Puebla se encuentra entre las entidades en que este delito se incrementó con mayor rapidez, aunque no alcanza siquiera los indicadores de estados del norte del país.


Los datos fueron obtenidos de la base de datos pública que puso a disposición el Sistema Nacional de Seguridad Pública y en la cual aparecen los indicadores mensuales de distintos delitos cometidos en el país entre enero de 1997 y septiembre del 2010.


De acuerdo a tal información, Sinaloa se ubica como el estado más violento en los últimos 13 años, pues tiene una tasa mensual promedio de 4.52 homicidios por cada 100 mil habitantes.


El segundo sitio es ocupado por Guerrero (4.00) y el tercero, Chihuahua (3.84). De manera interesante, Tamaulipas reporta un promedio de apenas 2.28.


En contraparte, Yucatán es el estado con menos homicidios promedio en esos 13 años, es la única entidad con una tasa mensual menor a un homicidio por cada 100 mil habitantes, le siguen Nuevo León (1.17) y Coahuila (1.39). Una sorpresa, si consideramos los hechos recientes en Nuevo León.

 

 

 

 

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