En Tulcingo, otra vez habrá placa de la abuela Engracia


-Crónica-


En plena campaña a la gubernatura, los priistas ordenaron quitarla cuando el malogrado candidato a la gubernatura del PRI, Javier López Zavala, visitó el municipio en gira proselitista


Selene Ríos Andraca


Corrían los días de la intensa campaña gubernamental del 2010, aquellos días en los que la victoria de Javier López Zavala era inminente, cuando el exalcalde de Tulcingo de Valle y su futuro sucesor, Ignacio Rojas y Ulises Rodríguez, en un ataque de ira desprendieron con pala y pico la placa en honor a doña Engracia Valle incrustada en la clínica de salud: “Porque es mentira que Rafael Moreno Valle tenga aquí sus raíces y sus orígenes”.


Crash. Los entonces zavalistas aplaudieron eufóricos la escena.


Clap. Clap.


La placa en honor a Engracia Valle fue desprendida del centro de salud y desaparecida a plena luz del día, a pesar de ella y otros pobladores gestionaron décadas atrás la electrificación y los servicios de salud en Tulcingo de Valle.


A la distancia, el entonces candidato a la gubernatura Rafael Moreno Valle juró venganza, y ayer, con la voz irritada, la mirada fija y el dedo índice sobre Ulises Rodríguez le exigió: “Le pido, alcalde, que regrese la placa con el nombre de mi bisabuela al centro de salud”.


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En plena campaña a la gubernatura, los priistas intentaron desarticular el discurso de Rafael Moreno Valle, quien en cada rincón pisado habló sobre su bisabuela y la trascendencia en su vida personal y en su propio apellido.


Engracia Valle y su esposo Efraín Moreno tuvieron once hijos, entre ellos al general Rafael Moreno Valle, quien estudió medicina en la escuela militar y quien posteriormente se convertiría en gobernador. Fue él quien se negó a olvidar el apellido de su madre e hizo la combinación para sus hijos: Moreno Valle.


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Ayer, Rafael Moreno Valle acudió por primera vez al pueblo de su bisabuela en calidad de gobernador para arrancar el programa “Abonando el futuro del campo poblano” mediante la entrega de fertilizante por la cantidad de 800 mil pesos para los agricultores de la Mixteca.


El mandatario se hizo acompañar de los priistas Alberto Jiménez Merino, David Espinosa, Ernesto Leyva y José Luis Márquez, entre otros connotados líderes de la región más pobre de la entidad.


Ulises Rodríguez emitió un discurso cargado de loas y alabanzas para el gobernador y sus ancestros de Tulcingo de Valle.


Pero su estrategia zalamera de poco sirvió ante los molestos mixtecos.


“Bienvenido gobernador a su pueblo, al lugar de sus orígenes. Sabemos que sus raíces están en nuestro pueblo, sabemos cuánto cariño le tiene a su bisabuela Engracia Valle de Moreno, quien fue una de las fundadoras de este pueblo”.


Ulises Rodríguez aún no terminaba su discurso, cuando los más de mil asistentes al acto comenzaron a gritar enardecidos: “¿Dónde está la placa?” “¡Devuelve la placa!” “¿Y la placa dónde la dejaste?” “¡La placa! ¡La placa! ¡La placa!”


Las expresiones de molestia incomodaron al gobernador. Forzó una sonrisa, trató de guardar la calma, pero los gritos apagaban la letanía del alcalde.


Ulises Rodríguez titubeó unos instantes y optó por una perorata sobre sus acciones de gobierno emprendidas en el primer trimestre de gobierno. Por si fuera poco, le pidió al gobernador el apoyo para la construcción de una planta de tratamiento para agua.


Después, el candidato por el distrito David Espinosa tomó el micrófono para agradecer las acciones de Rafael Moreno Valle.


Una ola de abucheos y rechiflas enmudecieron al diputado.


Enrojecido e irritado, David Espinosa agradeció la “porra” y su comentario, lejos de intimidar a los mixtecos, los enardeció aún más y corearon un largo abucheo que incluso sonrojó a Rafael Moreno Valle.


El resto de los oradores priistas habló de las bondades del nuevo gobierno, de la maravillosa actitud del mandatario, de sus envidiables orígenes y de la trascendencia histórica de la familia Moreno Valle.


Víctor Hugo Islas fue el más entregado y conmovido con la historia familiar de Moreno Valle. Dejó la garganta en aquel escenario improvisado. Gritó hasta ahogar su voz sobre el incansable trabajo del gobernador. Con la voz quebrada, pero el tono imponente, Islas Hernández recordó cómo el abuelo del mandatario daba consultas gratis a los poblanos.


Snif. Snif.


Poco le faltó para llorar al diputado priista, muy poco. Tal vez lo intimidaron los abucheos y las rechiflas.


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El gobernador tomó el micrófono y pidió calma a sus seguidores: “Sé que en la campaña hubo descalificaciones y agravios, pero eso para mí ya quedó en el pasado. A quienes votaron por mí, les prometo que no los defraudaré y a los que votaron por una opción distinta les pido que se convenzan de este proyecto incluyente. En la transformación de Puebla no podemos dejar a nadie fuera”.


El millar de mixtecos reunidos bajo el caliente sol de Tulcingo de Valle en la Plaza de Armas aplaudieron al gobernador…


Y entonces, la venganza llegó, al fin, llegó.


“Pero le pido a Ulises Rodríguez que regrese la placa con el nombre de mi bisabuela al centro de salud”.


Aunque en realidad, la placa será colocada en el Hospital General, el cual está incluido en el programa para mejoramiento y reequipamiento de nosocomios en la entidad por 700 millones de pesos que anunciará este día Rafael Moreno Valle en Atlixco.


“Y como cuota de paisanaje, el gobierno del estado dará el 50 por ciento del dinero para la construcción de la planta tratadora, que según entiendo tendrá un costo de 10 millones de pesos”.


Clap. Clap.


Moreno Valle aún no terminaba de despedirse de sus paisanos, cuando el humillado alcalde había desaparecido entre la multitud para correr a su casa a ultimar los detalles de la comida que ofrecería al gobernador y sus invitados…


¿O a esconder la placa? Sólo dios y él saben la verdad.




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