Muere reo tras tres semanas de convalecencia


Daniel Hernández Cruz


Ayer por la tarde el interno Everardo Amador Espinosa murió a consecuencia de un accidente que sufrió en el Penal de San Miguel y, a más de tres semanas del incidente, las autoridades penitenciarias o de la Procuraduría General de Justicia no han informado cómo ocurrieron los hechos.


El interno de 29 años perdió la vida aproximadamente a las 15 horas en el Hospital General del Sur en donde fue internado el 6 de mayo con un traumatismo craneoencefálico severo y derrame cerebral.


Los familiares de Amador Espinosa tuvieron que esperar más de cinco horas para que les entregaran el cuerpo y, por si fuera poco, cuando iba a salir del hospital para que le hicieran la necropsia de ley, los policías municipales no permitían que saliera el cuerpo sin un oficio del Centro de Reinserción Social.


Los familiares pidieron a las autoridades apoyo para los gastos de hospitalización así como del sepelio de Everardo Amador Espinoza, pues proviene de una familia de escasos recursos.


Cabe recordar que el viernes 6 de mayo el personal del penal de San Miguel informó a la madre de Everardo que su hijo había sufrido un accidente y que había sido trasladado al Hospital General del Sur para su atención. En un principio la mujer pensó que no era nada grave, pues le informaron que se había caído jugando futbol.


Sin embargo, en una segunda llamada le dijeron que era urgente que llegara a la unidad hospitalaria, pues su hijo estaba grave, ya que se había caído de una altura de cinco metros y no podían explicarle más.


Desde el día en que ocurrieron los hechos la Secretaría de Seguridad Pública no ha informado a la familia exactamente cómo ocurrieron los hechos, pues ante la Comisión de los Derechos Humanos del Estado (CDHE) cambiaron la versión.


En una visita señalaron que el reo trepaba una barda del penal -sin herramientas- y desconocen las razones por las que subió. Además, se niegan a mostrar a la familia los videos de los hechos.


Amador Espinosa tenía 29 años de edad; el “accidente” ocurrió justo el día en que, a través de un juicio sumario, le determinarían si obtenía su libertad inmediata o si le fijaban una fianza, que suponen sería menor a los 8 mil pesos.


Enfrentaba dos procesos: uno por robarse unas gafas y otro más cuando fue encontrado con un autoestéreo del que no pudo comprobar su procedencia legal.




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