Un hombre que se crece ante las adversidades


Felipe Calderón nombra a Alejandro Poiré como secretario de Gobernación


Redacción / 24Horas


Alejandro Poiré se convirtió en un año en una figura pública que galvanizó las frustraciones y los odios nacionales contra el presidente Felipe Calderón. Como secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, fue el vocero de lo que llamaron “la narrativa” de la guerra contra las drogas, donde la explicación oficial del combate a la criminalidad chocaba permanentemente con el mundo de las percepciones. Poiré nunca se achicó. Siempre hizo lo que ha hecho toda su vida: enfrentar a quienes lo cuestionan.


Ideológicamente convencido de la legalidad de la vida pública, y de la manera cómo afecta los procesos políticos, Poiré se preparó para esto toda la vida. “He aprendido lo fundamental que es conocer, entender, aplicar la ley y respetarla, y si no funciona, promover que se cambie”, le dijo a una reportera de la revista Expansión en 2005. “¿Y cómo sabemos que algo funciona o no? Para eso está el conocimiento académico”.


Poiré tuvo una nueva oportunidad para hacer que sus palabras puedan ser trasladadas a los hechos, cuando el presidente Calderón lo nombró en septiembre como director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), el órgano civil del Estado responsable de la inteligencia, en sustitución de Guillermo Valdés, un académico que llegó al cargo por la amistad con el jefe de Los Pinos, pero que nunca obtuvo el respeto de sus colegas en el gabinete de seguridad, por el desconocimiento y por la ingenuidad con la que abordaba sus temas.


Pero Poiré no llegó al Cisen sin lastres. En el año en que fungió como vocero para los temas de seguridad tuvo choques con varios secretarios de ese gabinete, lo que desgastó la relación interinstitucional. Cómo repercutirán esos choques ahora que el Presidente lo designó como secretario de Gobernación, no está claro. Lo único cierto es que Poiré siempre se crece ante las adversidades políticas.


Cuando ocupó la Dirección de Prerrogativas y Partidos en el IFE, que es la que distribuye los recursos a los partidos, entre 2003 y 2005, se enfrentó con el entonces consejero Marco Gómez, de quien dependía el área de Fiscalización —que es la que sanciona cuando la distribución del dinero no cumple con lo estipulado por la ley y donde se fijan las multas— quien pretendía que no se vieran las irregularidades del Partido Verde, que era su fuente de apoyo político.


Los choques entre ambos fueron legendarios en la Comisión de Fiscalización, donde el talante de Gómez siempre inhibía a sus interlocutores. Poiré nunca se dejó de él, y antes sus arrebatos y amenazas, siempre esgrimió argumentos e ideas que frenaban las intenciones del consejero. Esa pelea, una de las más serias que internamente vivió el IFE en esos años, era asimétrica, pues Gómez, como consejero, tenía más rango. Poiré buscó salir del instituto, y cuando la Universidad de Harvard lo aceptó como profesor invitador, regresó a Cambridge.


Poiré no era ajeno a Harvard. En 2002 se había doctorado con la tesis Disciplina partidista en perspectiva comparada, en la Facultad de Artes y Ciencias —la única escuela de Harvard que otorga doctorados— a donde llegó tras salir del IFE para dar clases durante el otoño.


Poiré también había hecho su maestría en Ciencia Política en Harvard, a donde había llegado tras terminar su licenciatura en el mismo campo en el ITAM. Fue en esa institución, cuando ya ocupaba cargos de dirección, donde conoció a Calderón, quien estudió ahí la maestría en Economía. Calderón, ya Presidente, lo invitó a trabajar en Los Pinos, a donde llegó en enero de 2007 para hacerse cargo de la Dirección de Análisis Político en la Oficina de la Presidencia, cuyo jefe era Juan Camilo Mouriño. Poiré conocía a varios colaboradores de Calderón, egresados del ITAM, pero no a Mouriño, con quien estableció una sólida relación profesional.


Poiré era el hombre del pensamiento sofisticado en Los Pinos, quien producía los principales documentos de discusión para el Presidente. Por eso, cuando Calderón nombró a Mouriño secretario de Gobernación en 2008, su salida no fue fácil para el Presidente. Pero Mouriño era el proyecto calderonista, y Poiré se fue con él para hacerse cargo de la Subsecretaría de Desarrollo Político, que era su campo de estudio. La muerte de Mouriño pareció su ocaso, cuando el nuevo secretario, Fernando Gómez Mont lo nombró subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos.


Calderón lo recuperó en agosto de 2010, cuando entró como secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional y del gabinete de Seguridad, en sustitución de Jorge Tello Peón, y como vocero, la nueva figura para construir la narrativa de la guerra contra las drogas. Ese cargo no obedecía a su experiencia en el tema, sino a su capacidad para articular y conectar en forma multidisciplinaria procesos complejos. Pero ese paso, fue efímero.


El Presidente lo recuperó este jueves para la política, que es de cuya mano entró a Los Pinos, como una señal de fortalecimiento de su equipo cercano y de proyección del proyecto transexenal que pareció frustrarse cuando falleció Mouriño. Ese proyecto, ahora acompañado por Poiré, regresa al curso en el que se encontraba hace tres años. (Con información de Portarretrato, de Eje Central).




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